Los mercedarios buscamos tener una sola alma y un solo corazón orientados hacia Dios y en ello fundamentamos nuestra misión en medio del Pueblo de Dios, bebemos del carisma recibido por San Pedro Nolasco, manifestado en visitar y redimir a los cautivos, poniendo bienes y vida a favor de la fe y la libertad.

La Merced nació laical. Pedro Nolasco siendo un comerciante, redefinió su oficio de comprar y vender mercancías, por la vocación de intercambiar con su propia vida la libertad integral de las personas. De esta manera descubrió el llamado de Dios a imitar a Cristo en la cruz, dando la vida por sus hermanos.

Junto a los religiosos, los laicos (niños, adolescentes, jóvenes y adultos) han estado siempre presentes de manera entusiasta en la tarea redentora y han sido firmes impulsores de nuestra espiritualidad. Junto a ellos, los Mercedarios en Chile estamos llamados a esperar contra toda esperanza, a ser firmes en la fe y prácticos en la caridad.

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  • Nuestra Formación
    Formación inicial

    Postulantado: Es la primera etapa en el camino de la vida religiosa. Donde la vocación se identifica con Cristo y la Merced, impactándose con el testimonio liberador de la Orden.

    Noviciado: es la segunda y más importante de las etapas. Tiene como finalidad facilitar al novicio, en la teoría y en la práctica, el conocimiento de la vida religiosa mercedaria. Ejercitándose en la vivencia de los votos o consejos evangélicos y en intima unión con cristo, se preparan para la primera profesión.
    Este tiempo vivido en comunidad y acompañado por un maestro centrado en la Palabra de Dios, la oración y el discernimiento profundo de las propias motivaciones, la vida sacramental, el años a María, el estudio de la historia y la espiritualidad de la Orden.

    Estudiantado: Es la última etapa de la formación inicial donde se continua con los estudios filosóficos y teológicos. Los jóvenes profesos, en una profunda experiencia comunitaria animada por un formador, viven un tiempo de mayor discernimiento que les ayudará a madurar y consolidara la vida religiosa. El crecimiento espiritual y afectivo les posibilitará la vivencia gozosa de los votos junto a un compromiso pastoral claramente redentor.

    Formación permanente
    Con la profesión solemne termina el tiempo fuerte de la formación religiosa mercedaria. Se inicia un camino de formación permanente en el cual se alimentará y crecerá el carisma liberador. En este momento los frailes han alcanzado aquel grado de madurez humana y vocacional que exige su decisión libre, por la cual se consagran a Dios de modo irrevocable y se incorporan definitivamente a la Orden.


  • Nuestros votos

    Castidad: Nuestro voto de castidad nos hace vivir felices, fecundo y fieles a la manera de Jesús y María. Esta consagración es un  don, un regalo, ofrecido gratuitamente por la gracia de Dios y vivido en un clima de afecto en medio de la comunidad. Los mercedarios, por la castidad, animada por el cuarto voto, nos ponemos enteramente al servicio de la Obra Redentora que implica amara hasta dar la vida.

    Pobreza: Los mercedarios, siguiendo los pasoso de San pedro Nolasco, “el mercader de libertad”, ponemos bienes y vida a disposición de los cautivos y oprimidos. Vemos en María un modelo de pobreza redentora. Ella se ha puesto en manos de Dios, comprometiéndose a realizar su voluntad en la entrega total.

    Obediencia: Seguimos a Cristo que, obediente al Padre, no vino a ser servido sino a servir. Renunciamos al afán de dominio sobre los demás, poniéndose en manos de Dios y comprometiéndonos a realizar su voluntad. Como San pedro Nolasco creemos que este voto nos asocia al sacrificio redentor de Cristo al liberar a sus hermanos,

    El voto de Redención: Para cumplirse la misión de la Orden, impulsados por la caridad, nos consagramos a Dios con un voto particular: prometemos dar la vida como Cristo la dio por nosotros, para liberar a los hombres y mujeres en extremo peligroso de perder su fe, en las nuevas formas de cautividad.