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Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento celebran 90 años en Chile y rinden homenaje a un religioso mercedario


Entregaron un reconocimiento a fray Carlos Anselmo Espinoza O. de M., quien ha sido un servidor incansable, quien las ha aconsejado e iluminado en su caminar en Chile, señalaron en el homenaje.

Las Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento celebraron hace algunos días atrás 90 años de presencia evangelizadora en Chile. En el marco de dicha celebración las hermanas de la Provincia Cristo Redentor (Chile) entregaron un reconocimiento a un religioso mercedario, quien ha sido para ellas un servidor incansable, quien las ha aconsejado e iluminado en su caminar, fray Carlos Anselmo Espinoza O. de M.

La Superiora Provincial en Chile, hermana Miriam Valenzuela, nos cuenta el sentido y las razones de este homenaje:

“Dios es pródigo en sus dones y su paternal solicitud se ha manifestado a través del acompañamiento cercano, muy cercano de un sacerdote, hermano y amigo – el padre Carlos Anselmo Espinoza-  que ha estado presente en nuestras vidas, en nuestra historia, desde hace muchos años, desde que él era seminarista.  Su generosidad no ha tenido límites al compartir con nosotras su riqueza espiritual, sus profundos conocimientos, en conferencias, retiros, ejercicios espirituales, asesoría en nuestros capítulos provinciales, en encuentros Congregacionales, y acompañamiento personal.  Podemos decir que él es quien más nos conoce en nuestro caminar, en nuestras luces y en nuestras sombras, en nuestros anhelos y esperanzas, en nuestras luchas, aciertos y desaciertos.  Siempre presente iluminándonos, aconsejándonos, urgiéndonos. Servidor incansable, sin importarle su salud ni su cansancio.  El padre Anselmo ha sido y es para nosotras un hermano y padre siempre presente”.

Las hermanas Mercedarias del Santisimo Sacramento se encuentran presente en Chile desde hace 90 años, desembarcando en el puerto de Valparaíso y sin tener quién las recibiera. Hoy en día su presencia evangelizadora se manifiesta con cuatro colegios de excelencia para los niños y jóvenes en sectores vulnerables y para familias de esfuerzo.

La hermana Miriam Valenzuela, nos cuenta de la presencia en Chile de las hermanas mercedarias:

“Nuestra historia en Chile comienza entre el dolor y la esperanza.  Dolor por la persecución que se vivía en México; país de origen de nuestro Instituto. Esperanza, porque, aunque resulte paradójico, la persecución hizo posible la pronta expansión de la Congregación a otros países.  Dolor, porque al llegar a Chile, nadie esperaba a nuestras  hermanas y anduvieron –como María y José en Belén- buscando posada.  Esperanza, porque, aunque venían con casi nada en las manos, la mayor riqueza la traían en el corazón: a Jesucristo, por quien estaban dispuestas a todo. Venían con el corazón encendido por el fuego del amor de Jesucristo, transmitido a cada una de ellas por María del Refugio: “Fuego he venido a traer a la tierra y qué he de querer sino que arda!”  El fuego del amor se encendió en esta tierra nuestra por el ardor evangelizador de María del Refugio y las hermanas que hicieron de su vida una pasión por el Reino.

Siguieron las hermanas que tomaron el relevo y continuaron anunciando el amor hasta el extremo del Señor por sus hijos… cada una de nuestras hermanas que ya han partido al encuentro con el Señor fueron pilares fuertes en la construcción de esta Provincia.

Nosotras somos herederas de esta historia, una historia de amor que el Señor ha ido escribiendo en cada etapa, en cada generación de hermanas, cada momento, cada día…

En pocas palabras yo definiría este tiempo transcurrido, por parte de Dios, como tiempo de gracia, de manifestación de su amor misericordioso y fiel, de su Providencia permanente.  Por parte de la comunidad tiempo de fe, de esperanza, de servicio, de ofertorio de amor.  Una pascua, un pan que se parte y se comparte para dar vida, desde la propia pobreza, desde la debilidad, desde la pequeñez”.

Este tiempo de gracia en Chile y el mundo proyecta la misión de las mercedarias del Santísimo Sacramento:

Caminamos con esperanza. El fuego del amor se encendió en esta tierra nuestra por el ardor evangelizador de María del Refugio y las hermanas que hicieron de su vida una pasión por el Reino.  Ese mismo fuego es el que anima el corazón de las hermanas actuales.

Con nada llegaron nuestras primeras 6 hermanas y hoy contamos con cuatro colegios de excelencia para los niños y jóvenes en sectores vulnerables y para familias de esfuerzo. Nadie les esperaba y hoy contamos con una gran familia en el empeño de educar evangelizando con María a la luz de la Eucaristía.

A pesar de nuestra pequeñez y atendiendo al ardor misionero de María del Refugio y de María Teresa Cancino, que querían que Jesucristo en su Sacramento de Amor  fuera conocido hasta en los lugares más extremos, (querían que sus hijas llegaran hasta la Patagonia), nuestra Provincia dio, literalmente, un salto (estábamos sólo en Santiago y en la V Región) abriendo una misión permanente en la ciudad de Llanquihue.  Allí nos encontramos evangelizando desde septiembre del año 2009.

Por delante tenemos los grandes desafíos de continuar brindando una educación católica de calidad.  Estamos constituyendo un equipo provincial para la gestión de nuestros colegios, integrado por religiosas y laicas que se identifican con la misión educativa eucarística mercedaria.  Se trata de “ampliar la tienda” en el carisma, vida y misión compartidas religiosas y laicos.

Responder al envío de la iglesia: ser desde la escuela y la misión, una comunidad en salida misionera.

Las vocaciones.  Nos desafían a la conversión continua, para convocar con nuestra propia vida y a crear espacios, estrategias para el despertar y acompañamiento de las nuevas vocaciones.

       


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