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Descensión de la BienaVenturada Virgen María de la Merced


Una noche, la que va del 1 al 2 de agosto de 1218, hallándose San Pedro Nolasco en oración, se le apareció la Santísima Virgen rodeada de ángeles y radiante de gloria le declaró la revelación de su misión mercedaria.

Así se llamaba una fiesta que antiguamente se celebraba en la Orden Mercedaria y que ya no aparece en el calendario litúrgico de la iglesia universal ni en el propio de la Orden.

También se la conoce con el nombre de Aparición de la Virgen de la Merced a San Pedro Nolasco.

¿De qué se trataba esta celebración? Pues, de una intervención especial de la Madre de Dios en la vida del fundador san pedro Nolasco. Recordemos que Pedro Nolasco fue un laico piadoso, que tenía recursos materiales puesto que al morir su padre había heredado una gran fortuna. Dedicó su pasión, su vida y sus bienes a socorrer a los infelices cristianos cautivos del poder de los secuaces de Mahoma, en el sur de España y en el norte de África. Pero los medios materiales se agotan, el dinero se acaba y los cautivos siguen sufriendo en las cárceles agarenas. Humanamente hablando, era como un callejón sin salida, un problema que no tenía solución. La Fe y la oración sostenían a Nolasco en esta difícil coyuntura. El sufría con este hecho de la cautividad, suplicaba insistentemente a Dios por todos esos infieles afligidos.

Y he aquí que se produce algo inesperado, que ha sido interpretad de distintas maneras. La mente del santo fundador se ilumina, se hace luz en las tinieblas y claridad al final del túnel al que no se le veía salida: Descubre, como dice Pronzato, una perspectiva insospechada, que enriquece enormemente su experiencia cristiana. Comprometer, no los bienes, sino la vida, en el servicio de Dios y del prójimo. Es el proyecto sobre él. Aun más, concibe la idea de asociar a otras personas a esta magna obra de caridad cual es, devolver a sus hogares a quienes se encontraban en penurias, gimiendo por haber perdido su familia, su patria y su libertad.

Esto sucedía en la noche del 1 al 2 de agosto de 1218, en Barcelona, España, mientras se encontraba en profunda oración.

Sin duda que fue una ayuda que le vino de lo alto, que el cielo acudió en su auxilio y que María Santísima, la Madre de Jesús, a quien tan fervorosamente invocaba vino en su socorro y escuchó sus humildes súplicas a favor de los cautivos cristianos.

Así fue como algunos días después, el 10 de Agosto de ese mismo año 1218, Pedro Nolasco y sus compañeros dan oficialmente inició al nuevo Instituto religioso: la Orden de las BienaVenturada Virgen María de la Merced para la redención de los cautivos. En dicha fundación tomó también parte el Obispo de la ciudad, Don Berenguer de Palou y el rey Don Jaime I de Aragón que tomaron a la Orden bajo su patrocinio.

Indudablemente que esta Aparición de la Virgen María de la Merced confirmó la vocación de su hijo Pedro Nolasco para dedicar su vida, sus energías, en bien de sus hermanos cautivos. Y en su vocación no estuvo solo; fue secundado por sus religiosos en esa ardua y hermosa tarea durante el tiempo de su vida terrena y a través de los siglos. Pues el problema de la pérdida de la libertad no sólo es algo que existió en esa época -siglo XIII- sino que también es un fenómeno que dura hasta nuestros días, es como una plaga que no se ha logrado erradicar; aparece siempre , a través del tiempo, con distintos nombres, bajo diversas formas pero con tanta virulencia como al principio. El resultado funesto para los que la padecen es el mismo: cadenas que privan de la libertad, opresiones que terminan por debilitar y por extinguir la Fe de quienes sufren estos inconvenientes y situaciones adversas a sus convicciones religiosas.

Pedro Nolasco, a través de sus hijo espirituales, los integrantes de la familia mercedaria, no tiene menos tarea que realizar actualmente que en esos lejanos días de su peregrinar terreno: el secreto está en llevar una profunda vida de oración, experimentar la misericordiosa bondad de su celestial patrona la Virgen María, y dedicarse sin reservas a visitar a tantos oprimidos y liberarlos de sus cadenas que suelen debilitar su fe y alejarlos de Dios.

 

Fray Héctor Guerrero O. de M.


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