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Día de Nuestra Madre de la Merced


Este domingo 24 de septiembre celebramos a Nuestra Madre de la Merced. Los mercedarios nos dirigimos a ella con este título por su íntima unión a su Hijo Cristo redentor, con quien ha asumido y vivido el misterio de la Cruz. Y porque en su nombre se redimía, y los cautivos la invocaron con este título.

Para nosotros, María es la  Merced de Dios, redentora de cautivos, que se dignó inspirar la fundación de nuestra Orden a San Pedro Nolasco. Por eso somos, por naturaleza y desde el primer momento existencial, una  orden religiosa mariana. La Orden de la Merced es mariana porque María está presente en su espiritualidad desde la misma fundación. En la tradición oral originaria, recogida posteriormente por escrito, las tradiciones marianas configuran nuestra historia y espiritualidad genuinas.

El mercedario de hoy es heredero de una de las tradiciones teológicas más antiguas que presenta a María, Madre de Jesús, como la primera seguidora del itinerario redentor de su Hijo, lo que la convierte en corredentora.

El proyecto redentor de Nolasco aparece, desde los primeros momentos, ligado íntimamente a la intervención de María. Merced no es únicamente sinónimo de misericordia, es la Merced por excelencia de redimir cautivos. De esta actividad esencial de la Orden, María pasa a denominarse María de la Merced. Y los mercedarios la llamamos con ternura nuestra Madre.

María de la Merced es llamada también, según quedó señalado, Redentora de cautivos. Los mercedarios nos dirigimos a ella con este título por su íntima unión a su Hijo Cristo redentor, con quien ha asumido y vivido el misterio de la Cruz. Y porque en su nombre se redimía, y los cautivos la invocaron con este título.

María de la Merced es, finalmente, María de la Misericordia. Otro título asociado a la Merced, que forma parte del itinerario espiritual de la Orden. María, a través de sus hijos, redime y libera a quienes sufren por falta de libertad y están realmente oprimidos. Nuestra Orden tiene en María a su mediadora permanente, y está presente en todo momento en la vida del mercedario, que se dirige a ella con una particular devoción filial.

El carácter mariano de la Orden de la Merced sigue siendo una de las características más destacadas de la propia espiritualidad. Santa María de la Merced no sólo es objeto de veneración, ensalzada y aclamada como madre, sino que es tema de estudios, de análisis, de difusión y promoción. La Orden siempre ha estado iluminada por mariólogos mercedarios, teólogos y poetas que supieron exponer sus dones, recibidos por el Dios encarnado en su seno, y la ensalzaron con precisión teológica y palabra creadora, elevándola al lugar cimero de la vida de cada fraile, religiosa y laico. La Iglesia cuenta con este marianismo mercedario

Los religiosos mercedarios y quienes son objeto de nuestra acción liberadora, vemos a María como Madre de los redentores y de los cautivos redimidos. Por eso nos dirigimos a ella con afecto filial, siguiendo la tradición secular.

Descubrimos en María un modelo de consagración a Dios y de entrega a los cautivos. Ella es garantía de liberación: a ella acuden todos los oprimidos, con la certeza se ser escuchados, y todos los redentores que, solidarios, se empeñan en hacer presente la liberación de Jesús en nuestro tiempo bajo su amparo materno.

 

Expresiones de marianismo

El nombre de María en el título de la Orden. Aparece muy pronto en documentos oficiales de la Iglesia. Por ejemplo en la bula del papa Alejandro IV Prout Scriptura testatur expedida en Perugia el 3 de mayo de 1258 concediendo gracias espirituales a los mercedarios, con motivo de la obra benéfica que ejercen en favor de los cautivos, los llama «frailes de la B. María de la Merced», usando ya una denominación conocida. Y la explicación más lógica de esta advocación mariana la encontramos en la fuerte convicción de los religiosos de que la Virgen María intervino de modo directo en la fundación de la Orden. De ahí que los legisladores de las Constituciones de 1272 oficializaron el nombre de María en el título, llamándola: Orden de la Bienaventurada Virgen María de la Merced de la redención de los cautivos de santa Eulalia».

Las expresiones marianas de culto y devoción que la Orden ha practicado siempre en su honor, comenzando por aquella de tiempo inmemorial de la despedida de los redentores que, al partir a tierra de moros, hacían delante del altar mayor de la iglesia y, al regreso, la procesión de redentores y redimidos, con sus pendones, hasta la iglesia de la Merced, para agradecer a la celestial Patrona, por el favor de su amparo en las peripecias del viaje redentor.

Una fuerte prueba del marianismo mercedario, es que todas las donaciones para la redención eran hechas en nombre de María. Son numerosos los documentos existentes de donaciones hechas por benefactores a la Orden para las redenciones, en los que se especifica la motivación mariana. Si los fieles daban estas limosnas para honrar a María, significa que los religiosos las solicitaban en su nombre, cosa que no habrían podido hacer si no hubieran estado convencidos de una particular intervención de María en la fundación de la Orden.