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Saludo y reflexión del Padre Provincial en el día de san Pedro Nolasco


Fray Ricardo Morales Galindo, Superior Provincial, nos invita en este día de celebración a aproximarnos y descubrir en la figura de san Pedro Nolasco elementos que nos identifican como mercedarios.

Rapel de Navidad, 5 de mayo de 2013.

 

Estimados Hermanos:

 

En la alegría de este tiempo pascual los saludo en el Señor Jesús Resucitado; nuestra esperanza se renueva, en la certeza que Cristo ha vencido la muerte y nos comunica esa fuerza transformante, capaz de “hacer nuevas todas las cosas.” (Ap 21,5)

Escribo desde la Jornada anual de la FLM, para saludar y compartir una breve reflexión en el día de la fiesta de nuestro Padre Fundador San Pedro Nolasco. Siempre al aproximarnos a su figura, podemos descubrir nuevos elementos que nos permiten profundizar sobre su legado y adquirir elementos que posibilitan comprender mejor aquello que nos identifica como mercedarios.

Llama la atención, aunque a veces nos pase desapercibida, la condición laical de nuestro Padre fundador, en los comienzos de la obra redentora. Sabemos por la historia, que ejercía el oficio de mercader, o que se dedicaba a alguna actividad que le reportaba ingresos. Fuentes nos hablan de él como “mercator optimus” (Cijar, Tantum Quinque), es decir, alguien que desempeñaba su oficio de manera eminente. Un hombre de su tiempo, que pertenecía a la naciente burguesía medieval, que empezaba a ocupar lugares en la conformación social de la época.

Quisiera profundizar en algunos elementos que nos aportan algunos textos de nuestra Iglesia y que podemos “leer” desde la condición laical de nuestro Padre.

1. La primera lectura de la fiesta de nuestro Padre tomada del libro del Éxodo  nos habla que Dios dirigiéndose a Moisés le dice: “El clamor de los israelitas ha llegado a mí y he visto cómo los tiranizan los egipcios. Y ahora marcha, te envío al Faraón para que saques a mi pueblo, a los Israelitas”. Descubrimos en este texto dos verbos que realiza Dios: “ve” la tiranía y “escucha” el clamor de su pueblo, dos verbos que “antropologizan” el actuar de Dios y que nos permiten reconocer la fuerza dramática del relato; Yahvé no es ciego ni sordo al sufrimiento de sus hijos, no le resulta indiferente la injusticia y la opresión humanas. Esto lo lleva a enviar a Moisés a la gesta de liberación, él Dios de Israel necesita del “tartamudo” Moisés para realizar su obra (Ex 4, 10), no deja de llamar la atención que el Omnipotente “necesite” del movimiento de Moisés para realizar su obra redentora. Esto queda claramente establecido cuando el texto nos dice que el pueblo a liberar no es de Moisés, sino que es “mi pueblo”, “Pueblo de Dios”. El Señor cuenta con la ayuda humana, y en esta liberación necesita de que Moisés se ponga en “marcha”; se vuelve imperioso que este “envío” de Dios se convierta en Moisés un “actuar”.

A San Pedro Nolasco también lo entendemos como ejecutor de la obra de Dios, hay una situación de opresión y cautividad que percibe en sus hermanos, que lo lleva a actuar y movilizarse. ¿Qué descubrimos en ese movimiento?, la acción del Espíritu en su corazón que lo convierte en dócil instrumento de la Gracia procediendo conforme al querer divino. Nuestro Padre fundador no necesita de “estructuras” para ser dócil a la voluntad de su Señor, desde su fragilidad y quizás impotencia, responde fielmente a la situación de opresión, que “ve” y “escucha”.

2. Otro texto que nos ilumina es el Concilio Vaticano II, sabemos bien que tuvo entre sus temas centrales  restituir al laico, su lugar indispensable en la actividad de la Iglesia, para que no sólo fuera objeto de la evangelización sino protagonista y responsable de esta tarea.

Como nos dice Apostolicam Actuositatem Nº 3, los laicos: son destinados al apostolado por el mismo Señor. Son consagrados como sacerdocio real y gente santa (Cf. 1 Pe., 2,4-10) para ofrecer hostias espirituales por medio de todas sus obras, y para dar testimonio de Cristo en todas las partes del mundo. La caridad, que es como el alma de todo apostolado”. Con evidencia podemos reconocer que San Pedro Nolasco, consagrado en la caridad, vivió el apostolado redentor desde la profunda unción bautismal. Su mensaje redentor, fundado en el de Cristo, no deja de ofrecer en el día de hoy “hostias espirituales por medio de todas sus obras”. En este sentido creo relevante renovarnos en esta consideración del apostolado laical, pues como el mismo texto señala a continuación: “Es preciso, con todo, que los laicos tomen como obligación suya la restauración del orden temporal, y que, conducidos por la luz del Evangelio y por la mente de la Iglesia, y movidos por la caridad cristiana, obren directamente y en forma concreta en dicho orden(...)que busquen en todas partes y en todo la justicia del reino de Dios” (AA 7). Nuestro Padre experimentó la urgencia de una realidad de su tiempo que lo interpelaba profundamente: los cautivos de su época, que no sólo  demandaba a la Iglesia, eran también reclamos que evidenciaban una situación social, cultural y  económica inicua. Por esto también hoy se nos presenta como urgencia, en el orden de la caridad, responder, religiosos y laicos a las injusticias que atentan contra la instauración el reino de Dios en nuestros ambientes.

3. Desde otras perspectivas, en América Latina el documento de Aparecida nos ilumina, en cuanto a ser capaces de reconocer el gran desafío de la Iglesia de nuestro Continente: convertirnos en una comunidad de “discípulos” que han tenido un encuentro personal con Jesucristo, que los lleva a una experiencia de conversión y de fe, que los impulsa a la misión. Lo que hay que comunicar es la Buena noticia que nos ha dado a conocer Jesucristo. Se impone ciertamente la necesidad de conocer los contextos donde nos movemos y donde debemos ser esos discípulos-misioneros que nos pide Aparecida.

El número 210 del documento enfatiza el rol de los laicos en el mundo y en la Iglesia, “donde todos vivan de manera responsable su compromiso cristiano”(Nº211). Se les pide a los laicos: “ser parte activa y creativa en la elaboración de los proyectos pastorales a favor de la comunidad”(Nº213). Tenemos que entender con esto claramente que la invitación es a que no sean “depositarios” de la actividad pastoral de la Iglesia, sino “protagonistas” en la gestación y realización del ser evangelizador de la comunidad creyente. Se vuelve para nosotros religiosos y pastores una exigencia: “una mayor apertura de mentalidad para que entiendan y acojan el “ser” y el “hacer” del laico en la Iglesia, quien por su bautismo y su confirmación, es discípulo y misionero de Jesucristo. En otras palabras, es necesario que el laico sea tenido muy en cuenta con un espíritu de comunión y participación.”(Nº 213)

4. Como hemos podido descubrir en este superficial acercamiento, muchos son por tanto los desafíos que nos presenta una celebración como la de nuestro Padre San Pedro Nolasco,  y que creo  necesario “leer” en el contexto de su fiesta litúrgica, considerando aquellos textos de nuestra Iglesia que nos invitan a renovar nuestro compromiso con el acompañamiento a nuestros hermanos laicos y que miran a su permanente inserción en la realidad provincial, eclesial y social.

Nuestro Padre comenzó su camino de liberación en el seguimiento de Cristo desde su ser laical, su esfuerzo de redención lo asoció a sus competencias humanas desde el descubrimiento de Cristo en el cautivo. Que en esta fiesta podamos refrescar nuestro espíritu en esa energía que llevo a nuestro Padre fundador a entregar todos sus bienes en el empeño redentor. Invitados a reconocer en nuestros hermanos laicos esos nuevos “nolascos”, que siguen siendo para nosotros la fuerza siempre viva del evangelio, interpelándonos e invitándonos a respuestas siempre nuevas.

¡Muy feliz celebración de Nuestro Padre San Pedro Nolasco para cada uno de ustedes!.

En María de la Merced,

 

Fr. Ricardo Basilio Morales Galindo. O. de M.

Provincial