
La Fiesta del Santísimo Redentor ocupa un lugar privilegiado en la espiritualidad de la Orden de la Merced. Concedida como festividad propia en 1731, esta celebración recuerda que toda la misión mercedaria encuentra su origen, inspiración y plenitud en Jesucristo, quien entregó su vida para redimir a la humanidad y liberar al mundo de toda esclavitud.
Contemplar a Cristo Redentor significa volver al corazón del carisma mercedario. Él es el maestro y modelo de quienes han sido llamados a prolongar su obra de misericordia en la historia, haciendo visible el amor de Dios allí donde las personas viven privadas de su dignidad, de su esperanza o de su libertad.
Las Constituciones de la Orden expresan esta identidad con claridad al afirmar que los mercedarios reconocen en Cristo Redentor a quien "con su muerte nos ha liberado de toda esclavitud" y, siguiendo su ejemplo, están dispuestos a entregar la propia vida en el ejercicio del ministerio redentor. Este espíritu se hace especialmente presente en la celebración de la Eucaristía, fuente desde donde brota y se alimenta toda acción redentora.
Desde sus orígenes, la Orden comprendió que la misión iniciada por san Pedro Nolasco era una participación concreta en la obra liberadora de Cristo. Si en los primeros siglos esta entrega se manifestó en la redención de cristianos cautivos, hoy continúa haciéndose vida en el servicio a quienes experimentan nuevas formas de cautividad: la pobreza, la violencia, la exclusión, la trata de personas, las adicciones, la desesperanza y toda realidad que atente contra la dignidad de los hijos e hijas de Dios.
Celebrar esta solemnidad es, por tanto, mucho más que recordar un acontecimiento del calendario litúrgico. Es una invitación a renovar la vocación redentora de toda la Familia Mercedaria (religiosos, religiosas y laicos), dejando que el amor de Cristo inspire cada obra, cada comunidad y cada gesto de servicio.
En este día, la Provincia Mercedaria de Chile se une a toda la Familia Mercedaria presente en el mundo para dar gracias por el don de Cristo Redentor, confiando en que su amor continúe fortaleciendo nuestra misión de anunciar el Evangelio de la libertad y de acompañar, con esperanza y misericordia, a quienes viven las cautividades de nuestro tiempo.
Que la contemplación de Cristo Redentor renueve en cada mercedario el deseo de seguirlo con fidelidad, haciendo de la propia vida un signo concreto de la misericordia de Dios y una respuesta generosa al llamado permanente de liberar, servir y amar.
Fuente: Secretaría Pastoral Provincia Mercedaria de Chile.
