
En medio de un complejo contexto social y religioso, marcado por la persecución a la Iglesia en México a inicios del siglo XX, el Espíritu de Dios suscitó una nueva obra al servicio del Evangelio. El 25 de marzo de 1910, la madre María del Refugio Aguilar, acompañada por sus cercanas colaboradoras Guadalupe Hernández y Magdalena Sorita, y asesorada por el padre Vicente María Zaragoza, dio origen al Apostolado del Santísimo Sacramento, germen de lo que hoy conocemos como las Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento.
En aquellos años, las autoridades clausuraban colegios y capillas, y perseguían a sacerdotes y religiosas. Sin embargo, lejos de apagar la fe, este escenario se convirtió en terreno fértil para el nacimiento de una congregación profundamente arraigada en la adoración eucarística y en la confianza en la acción de Dios en la historia.
Desde sus inicios, la naciente obra recibió el acompañamiento cercano de fray Alfredo Scotti, quien supo reconocer en ella una auténtica expresión del carisma mercedario. Las primeras hermanas se formaron bebiendo de las fuentes de la Orden: conocieron la vida y obra de San Pedro Nolasco, profundizaron en los documentos mercedarios y descubrieron, con claridad, que su vocación participaba del mismo espíritu redentor y mariano propio de la Merced.
Este vínculo se consolidó oficialmente el 11 de julio de 1925, cuando la Congregación fue agregada a la Familia Mercedaria, adoptando el nombre de Religiosas Eucarísticas Mercedarias. Posteriormente, en 1948, recibiría su denominación actual: Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento.
La persecución religiosa, lejos de detener la obra, impulsó su expansión. Con visión profética, la madre María del Refugio decidió enviar a varias hermanas (especialmente las más jóvenes) fuera de México, dando así origen a un fuerte espíritu misionero. En 1926, las primeras religiosas partieron hacia Cuba, Chile, El Salvador y Colombia, llevando consigo el carisma eucarístico-mercedario más allá de las fronteras.
La finalidad del Instituto, según expresan sus Constituciones, es clara: trabajar con todo ahínco por extender el reinado de Jesús Eucaristía y fomentar el amor filial a Nuestra Madre Santísima de la Merced. Esta misión se concreta, especialmente, a través de la educación de niños y jóvenes, promoviendo en ellos una profunda vida de fe centrada en la Eucaristía.
Hoy, más de 700 hermanas continúan esta obra en diversos países de América Latina, Estados Unidos, Europa y África. Su presencia se manifiesta principalmente en el ámbito educativo y en la colaboración activa con la pastoral diocesana y parroquial: catequesis sacramental, formación de familias, acompañamiento de jóvenes, misiones, pastoral penitenciaria y servicio a migrantes.
A más de un siglo de su fundación, las Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento son testimonio vivo de cómo, incluso en medio de la adversidad, Dios sigue suscitando caminos de entrega, redención y esperanza para el mundo.
Fuente: Secretaría Pastoral Provincia Mercedaria de Chile.
