La Merced en lo cotidiano: un camino de libertad que se vive día a día
Provincia Mercedaria
de Chile

La Merced en lo cotidiano: un camino de libertad que se vive día a día

Viernes 23 de Enero, 2026

 
El Tiempo Ordinario, lejos de ser un “tiempo sin brillo”, se convierte en una escuela silenciosa de discipulado. En cada Eucaristía, la Palabra y el carisma redentor de la Orden de la Merced nos invitan a caminar con Cristo, descubrir su humanidad cercana y ofrecer la vida diaria como una ofrenda agradable al Padre.

A primera vista, hablar de lo cotidiano podría parecernos sinónimo de rutina: un ritmo más calmo, una respiración menos intensa, una vida que transcurre sin grandes sobresaltos. Sin embargo, en el corazón de la Iglesia, lo cotidiano tiene un nombre y un sentido profundamente espiritual: el Tiempo Ordinario, ese largo tramo del año litúrgico que se extiende desde la semana posterior al Bautismo del Señor hasta el Domingo de Cristo Rey del Universo.

 

Y es precisamente allí, en lo que parece “ordinario”, donde Dios suele realizar sus obras más hondas.

Con el camino de Jesús ya iniciado, los Evangelios no solo relatan hechos del pasado: abren la mirada hacia adelante, anunciando poco a poco el misterio de su entrega, su muerte y su glorificación. En ese recorrido, la respuesta del pueblo aparece con toda su verdad: a veces marcada por la esperanza y el asombro; otras veces, atravesada por la incomprensión e incluso la hostilidad. Pero aun cuando el Reino no se manifiesta de manera evidente, su presencia va obrando en silencio, despertando en hombres y mujeres una apertura nueva: un amor más auténtico y una confianza transformada.

Durante el Tiempo Ordinario, se suceden acontecimientos que nos acercan a la profunda humanidad de Cristo, esa humanidad que no se quedó encerrada en la historia, sino que se prolonga en sus discípulos. En este contexto, la homilía y la escucha de la Palabra adquieren un carácter especialmente iluminador: no solo enseñan, sino que señalan un camino. Un camino que no siempre se presenta como luz inmediata ni como victoria externa, sino como senda paciente, como silencio meditativo, como comprensión interior que madura con el tiempo, como vida libre que se va gestando en el alma.

Desde la mirada mercedaria, cada día puede convertirse en oportunidad de redención. Cada reflexión, cada gesto de servicio, cada dinámica comunitaria, cada tarea cotidiana (en el hogar, el trabajo, la misión o la vida fraterna) puede elevarse al Padre como una ofrenda agradable a sus ojos, cuando es vivida con fe, entrega y amor.

Por eso, el Tiempo Ordinario no es un “entretiempo” espiritual. Es, más bien, el espacio privilegiado donde el Pueblo de Dios manifiesta una devoción constante al Creador, sostenida por la liturgia y alimentada por la gracia. Cada celebración se vuelve una verdadera Epifanía, una manifestación del Señor que no termina al salir del templo, sino que acompaña toda la semana y nos conduce hacia una intimidad más plena con Aquel que nos ha liberado del pecado.

En la espiritualidad de la Merced, esta libertad no es solo un concepto: es una misión. Cristo nos rescata y, al mismo tiempo, nos llama a seguir liberándonos de aquellas ataduras que el ser humano y la sociedad continúan generando. Así, lo cotidiano se transforma en camino de redención: un lugar donde Dios actúa, donde el corazón se purifica y donde la vida entera se orienta, paso a paso, hacia el Padre.

Porque en lo ordinario… también se revela el Señor.

 

Fuente: Secretaría Pastoral Provincia Mercedaria de Chile.

 



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