Mañana, 15 de agosto de 2025, la Iglesia universal celebra la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María: la culminación de la vida terrena de la Madre de Dios, asumida en cuerpo y alma a la gloria del Padre. Para la comunidad mercedaria, esta fiesta es ocasión para recordar la promesa de la resurrección, la dignidad del cuerpo humano y la llamada a la solidaridad con los más vulnerables.
Un misterio celebrado desde la antigüedad
La memoria de la Asunción tiene raíces antiguas en la piedad cristiana. Desde las primeras homilías y tradiciones orientales (donde se habla de la “Dormición”) hasta la liturgia romana de los siglos posteriores, la figura de María ha sido contemplada como indicio de la victoria de Dios sobre la muerte. La afirmación definitiva del misterio como verdad de fe llegó con la Constitución apostólica Munificentissimus Deus (1 de noviembre de 1950), en la que Pío XII proclamó: “Pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado; que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste”.
Aunque la Asunción no aparece formulada como una narración explícita en la Biblia, la Sagrada Escritura ofrece imágenes que alimentan esta fe (el canto del Magníficat y la visión de la Mujer de Apocalipsis 12) invitando a leer el misterio mariano como signo de la misericordia de Dios y de la esperanza que nos sostiene.
Significado pastoral: esperanza, cuerpo y misión
La Asunción nos recuerda que la salvación alcanza tanto al espíritu como al cuerpo: el ser humano, creado a imagen de Dios, no está llamado a la destrucción sino a la plenitud. Esta verdad es consuelo para los creyentes: María, como la primera en participar plenamente de la condición gloriosa de su Hijo, se convierte en signo y promesa para toda la Iglesia.
Litúrgicamente, la fiesta nos empuja a la alabanza (como enseña el Magníficat) y a orientarnos hacia la acción misericordiosa en la historia. La mirada hacia la meta última no nos exime del compromiso con el presente; al contrario, nos motiva a acompañar, servir y defender a los más frágiles.
La mirada mercedaria: libertad, redención y servicio
La Orden de la Merced, cuyo carisma histórico está vinculado a la liberación y al servicio de quienes sufren, acoge la Asunción como un horizonte que ilumina su misión. María asunta al cielo nos habla de liberación definitiva de toda atadura (también de las que oprimen a tantos en nuestros barrios y ciudades) y nos impulsa a actuar con compasión y justicia.
Que la Madre de la Merced inspire a nuestras comunidades a renovar el compromiso con los pobres, los marginados y aquellos que necesitan ser liberados de múltiples formas.
Oración breve a la Virgen Asunta
Madre María, que has sido recibida en la gloria de tu Hijo, guíanos con tu ejemplo de fidelidad y entrega. Haz que nuestra mirada permanezca en la esperanza del Reino, que nuestro cuerpo y espíritu se comprometan al servicio de los hermanos, y que, guiados por tu intercesión, caminemos siempre hacia la vida plena. Amén.
Fuente: Secretaría Pastoral Provincia Mercedaria de Chile.