En el Mes de la Biblia, la Familia Mercedaria está invitada a volver al corazón de su vocación: escuchar la Palabra que conduce a Jesucristo, ilumina las cautividades de nuestro tiempo y despierta en nosotros una esperanza capaz de transformarse en misión.
En el corazón de la espiritualidad mercedaria, septiembre se presenta como un tiempo de gracia, memoria y renovación. Al celebrar a Nuestra Madre de la Merced, la familia mercedaria vuelve a sus fuentes para reconocer en María el rostro materno de la redención y renovar su compromiso con quienes viven las nuevas formas de cautividad de nuestro tiempo.
En su fiesta, el 31 de agosto, la Familia Mercedaria recuerda a uno de sus santos más queridos, cuya vida estuvo marcada por la consagración a Dios, la caridad con quienes sufrían cautividad, la fuerza de la Eucaristía y la filial devoción a María. Su testimonio continúa invitándonos hoy a entregar la propia vida al servicio de la libertad y la dignidad de toda persona.
