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Comentario Religioso dominical


COMENTARIO RELIGIOSO
30° DOMINGO TIEMPO ORDINARIO
28 de octubre de 2012

Jeremías 31, 7-9.
Salmo 125, 1-6.
Hebreos 5, 1-6.
Marcos 10, 46-52.

“Que podamos VER de Verdad”

Una de las actitudes más recurrente en la historia de la salvación, como en la historia del hombre, es la CEGUERA que muchas veces impide ver la realidad de la mejor manera, por ello en muchas ocasiones, la ceguera se une al silencio, que no nos permite denunciar lo que vemos y preferimos no mirar.

Pero desde la Palabra de Dios, tenemos la certeza de que Dios no quita sus beneficios, aun cuando estemos lejos de Él o la ceguera no nos permita ver con claridad.

Es así que, para descubrir y hacer vida en nosotros la antífona del salmo de la misa: “¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros!”, debemos tener la claridad, para saber que Dios no abandona, ni niega su bondad, sobre todo a los más postergados. Por ello el libro de Isaías (1era. Lectura), nos recuerda que la oferta de salvación de Dios, llega a aquellos que más lo necesitan, es decir, los más alejado o postergados de la sociedad.

Para ello la carta a los Hebreos (2da. Lectura) nos brinda con el ejemplo de Cristo, quien es el que intercede al Padre por nosotros, para que, con lo ojos de la fe, podamos ver con claridad, lo que Él nos da.

El Evangelio, que nos relata san Marcos, es la experiencia del ciego Bartimeo, quien experimenta la sanación de Dios, quien lo cura de su ceguera y lo restituye a la vida de la comunidad; no obstante, qué significativa es la súplica del ciego, quien pide que Jesús tenga PIEDAD; ese es el mismo grito que debe surgir de nosotros al pedirle a Jesús que cure nuestras cegueras, que a veces no nos permiten ver la luz verdadera.

Al igual que el pueblo de Israel, nuestro mundo, a pesar que lo posee todo, aun permanece enceguecida, por el mal, la falta de amor y la falta de Fe, necesitamos que Dios se apiade de nosotros y nos conceda su luz, para que ella disipe toda tiniebla de enemistad, de odio, de rencor y podamos ser testigos de la luz.

Le debemos pedir, siempre y con insistencia, que frente a nuestras muchas cegueras, Jesús, nos haga ver, pero ver desde la Verdad; si VERdad, comienza con VER, aprendamos a VER con los ojos de la Fe y así descubrir en Dios la VERDAD de nuestra vida; que Dios nos ILUMINE.

 

Fr. Rodrigo Aguilar Gómez, Mercedario
Superior Convento San Ramón Nonato
Rector del Instituto Victoria