Comentario Religioso dominical

COMENTARIO RELIGIOSO
Domingo 03 de abril 2016

2° DOMINGO DE PASCUA O DE LA DIVINA MISERICORDIA (C)
En el Año Jubilar de la Misericordia y de la Virgen de la Merced.

Hch 5, 12-16      “Aumentaba cada vez más el número de los que creían en el Señor”.
Sal 117, 2-4. 22-27          ¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!
Apoc 1, 9-13.17-19         “Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre”.
Jn 20, 19-31       “Como el Padre me envió a mí, Yo también los envío a ustedes”.

¡Feliz Pascua de Resurrección! ha sido el saludo de estos días santos. Hemos celebrado y vivido la Pascua de Jesús con mucha alegría y esperanza. Hemos prolongado este ambiente espiritual  de gozo intensamente eclesial a través de la Octava de Pascua, esos ocho días vividos como un domingo de resurrección prolongado. No podemos silenciar esta Vida Nueva que nos participa el Señor Jesucristo a partir de nuestro bautismo. La alegría pascual debe ser el sello de nuestra vida cristiana, porque una Buena Noticia no podría vivirse ni comunicarse sino en ese clima gozoso. Imaginar unos cristianos tristes y apesadumbrados es como muy contradictorio. Por principio, la Buena Noticia reclama actitudes contagiosas, ejemplos creíbles, convencidos y convincentes. La Pascua de Jesús nos renueva en el compromiso, seguimiento y estilo de ser cristianos. Fijémonos en los signos tan poderosos que la bella liturgia de la Vigilia Pascual nos sugiere como la luz, el pregón pascual, la abundante Palabra de Dios, el agua y la renovación de las promesas bautismales y el ambiente de sencilla belleza para expresar el misterio pascual, fundamento de nuestra fe.

En este segundo domingo de Pascua se hace coincidir el Domingo de la Divina Misericordia. Fue voluntad expresa de San Juan Pablo II que así fuera. El Papa Francisco, en la Bula del Jubileo de la Misericordia, dice: “La misión que Jesús ha recibido del Padre ha sido la de revelar el misterio del amor divino en plenitud. Este amor se ha hecho ahora visible y  tangible en toda la vida de Jesús. Su persona  no es otra cosa sino amor. Un amor que se dona y ofrece gratuitamente. Sus relaciones con las personas que se le acercan dejan ver algo único e irrepetible. Los signos que realiza, sobre todo hacia los pecadores, hacia las personas pobres, excluidas, enfermas y sufrientes llevan consigo el distintivo de la misericordia…Lo que movía a Jesús en todas las circunstancias no era sino la misericordia, con la cual leía el corazón de sus interlocutores y respondía a sus necesidades más reales” ( n. 8). Una manifestación de la misericordia divina es el Misterio Pascual de Jesús que hemos celebrado, porque todo lo hizo por amor a los hombres oprimidos por el pecado y la muerte. Un efecto de este amor misericordioso de Jesús es la apertura nuevamente del cielo que el pecado de Adán había cerrado. Hemos sido liberados por la fuerza del amor hasta el extremo que nos tiene Jesús, nuestro Mediador ante el Padre.

Pasemos a contemplar la Palabra de Dios que nuestra madre la Iglesia nos presenta en la mesa de este segundo domingo de pascua. Dejemos que el Espíritu del Resucitado abra nuestra mente y haga arder nuestro corazón ante la maravilla de la Vida Nueva que Cristo nos da.

La primera lectura de este tiempo pascual está tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles. No olvidemos que este libro, cuyo autor es San Lucas, nos muestra el nacimiento, desarrollo y consolidación de la Iglesia, continuadora de la misión de Cristo en el mundo. El verdadero protagonista de este desarrollo es el Espíritu Santo, prometido y enviado por Cristo a sus seguidores, alma de la misión evangelizadora e impulsor del anuncio de la Palabra a través de los enviados.

El texto de Hch 5, 12-16 pertenece al género literario llamado sumario o resumen y es el tercer resumen de la actividad de sanación que realizan los apóstoles, especialmente Pedro, y de la expansión del Evangelio que se abre camino entre el pueblo. Un signo muy potente de este proceso es la comunidad apostólica que goza de admiración por parte del pueblo y van agregándose  hombres y mujeres en número creciente al aceptar al Señor Jesucristo para el perdón de los pecados. La actividad pastoral de Pedro tiene un gran atractivo por las sanaciones, recordando el poder sanador de Jesús. Todos los enfermos y poseídos de espíritus inmundos, e incluso los de los vecinos de los alrededores de Jerusalén, eran sanados por el poder de Jesucristo, muerto y resucitado. El acento de este resumen está en el poder de realizar milagros que se manifiesta en los apóstoles, que manifiesta el poder del Resucitado. ¿Cuáles son las señales milagrosas que hoy ponen de manifiesto el poder del Resucitado?

El Salmo 117 sigue siendo la respuesta al anuncio pascual. No podría ser más adecuado ya que se trata de una liturgia de acción de gracias que comienza con una invitación a la alabanza cuyo centro es amor que Dios ha manifestado a favor de Israel. Resalta el sentido cristológico en los versículos 22-27 cuando dice: “La piedra que rechazaron los albañiles es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho y nos parece un milagro. Éste es el día en que actuó el Señor”.

La segunda lectura está tomada del libro del Apocalipsis 1, 9-13.17-19. Es el último escrito del Nuevo Testamento con el rango de libro revelado por Dios. Aunque los destinatarios son las siete iglesias de la provincia romana de Asia, su mensaje traspasa la época y se convierte en mensaje permanente para todos los cristianos. Tiende a desconcertar su lenguaje apocalíptico, la abundancia de sus simbolismos  y las fantásticas visiones, sin embargo, para los destinatarios de este libro les era normal descubrir tras este enigmático lenguaje la realidad que el autor quería fortalecer en estos cristianos sometidos a la prueba de la persecución. El texto de esta segunda lectura nos transmite una grandiosa auto-presentación de Cristo Resucitado, Señor y dueño de la historia. Esta visión de Jesucristo sirve de introducción a todo el libro: Jesús es el Señor de la gloria y de la historia. Esta visión de Cristo acontece un domingo y comienza por la escucha de una voz potente como de trompeta (v. 10). Al intentar identificar de quien era la voz que le ordena escribir el libro y enviarlo a las siete iglesias, ve  siete lámparas de oro, referencia al gran candelabro de siete brazos usado en la liturgia judía. Todo esto indica que estamos ante un marco solemne donde se presenta la figura de Cristo como Mesías sacerdote de larga túnica, cinturón de oro.  Juez, de mirada penetrante, es decir, los ojos como llama de fuego (v. 14). Tiene poder para comunicar la vida (v. 17) porque declara: “Yo soy el primero y el último, el que vive; estuve muerto y ahora ves que estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo” (v. 19). Hagamos nuestra esta contemplación de la gloria del Resucitado y su señorío sobre la historia humana en cuanto principio y fin de todo lo creado. La primacía de Cristo es la clave de la vida del cristiano y de la Iglesia. Él debe reinar en los corazones y en la comunidad.

El evangelio de hoy está tomado San Juan 20, 19-31. El autor nos señala: “Otras muchas señales hizo Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro. Éstas quedan escritas para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida por medio de él” (vv. 30-31). Es interesante comprender que la finalidad de los evangelios no es un relato histórico o una crónica sobre Jesús. Los evangelios son testimonios de unos creyentes que vivieron la experiencia del encuentro con Jesús hasta su misma resurrección. Su testimonio apunta a suscitar un acto de adhesión o fe en Jesús, Mesías e Hijo de Dios. Así, tanto el testimonio de los discípulos como el evangelio escrito, que es Palabra de Dios, será la manera como se prolongará la presencia del Resucitado en la historia.

El evangelio de este segundo domingo de pascua nos narra una aparición de Jesús Resucitado a los discípulos. Se trata de una escena central de las apariciones. Los discípulos estaban encerrados por miedo a los judíos en aquel atardecer del primer día de la semana (domingo). Sin más, Jesús se hace presente y les saluda con el habitual “La paz esté con ustedes”.

Luego les muestra las manos y el costado, pruebas de su pasión e indica que se trata del mismo Jesús que sufrió y murió en la cruz. Este gesto es muy importante porque los discípulos podían confundirlo con un fantasma. Queda claro que es el mismo Jesús  crucificado que ahora se muestra resucitado. La reacción de los discípulos es de alegría al ver al Señor.

Luego Jesús revela su identidad divina: “Como el Padre me envió, así los envío a ustedes” (v. 21). Jesús les confía su misión y como Él también ellos deben asumirla como mandato divino. La misión no es fruto de una opción humana sino un encargo que el Padre les hace también a ellos.

Hay un gesto muy significativo a continuación: “Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: Reciban el Espíritu Santo” (v. 22). En el libro del Génesis se dice  que Dios sopló sobre el hombre de barro y éste comenzó a vivir. Aquí también se da el mismo gesto para señalar que Jesús es el autor de una nueva creación al regalarles el Espíritu Santo, gran promesa que les había hecho a los suyos antes de padecer en la cruz.

Junto a este nuevo aliento de vida del Resucitado, los discípulos experimentan al Resucitado como fuente de perdón y ellos mismos son puestos como instrumentos del perdón, con la salvedad que tanto el conceder el perdón o denegarlo tiene consecuencias para el futuro destino del hombre.

Termina el evangelio de hoy con la equivocada búsqueda de Jesús de parte de Tomás. En efecto, él quiere tocar las llagas para creer. Jesús le
Un saludo fraterno. Que Dios nos bendiga. Fr. Carlos A. Espinoza I. O. de M.