Comentario Religioso dominical

COMENTARIO RELIGIOSO
Domingo 24 de enero 2016

3° DURANTE EL AÑO

2016, Año de la Virgen de la Merced y Año Jubilar de la Misericordia

Textos  

Neh 8, 2-6.8-10  “No ayunen, que al Señor le gusta que estén fuertes”.

Sal 18, 8-10.15 Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida.

1Cor 12, 12-30 “Ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese cuerpo”.

Lc 1, 1-4; 4, 14-21 “Hoy, en presencia de ustedes, se ha cumplido este pasaje de la Escritura”.


Hoy encontramos en la Palabra de Dios una insistencia tanto en el texto de Nehemías como en el salmo responsorial y en el evangelio de San Lucas: en estos tres momentos del anuncio de la Palabra se nos habla de la lectura y meditación de la Escritura. En la rica tradición espiritual de la Iglesia, se gestó una forma de comunicación con la Palabra de Dios que recibió el nombre de lectio divina. Dicen los obispos en el Documento de Aparecida: “Entre las muchas formas de acercarse a la Sagrada Escritura, hay una privilegiada a la que todos estamos invitados: la Lectio Divina o ejercicio de lectura orante de la Sagrada Escritura. Esta lectura orante, bien practicada, conduce al encuentro con Jesús Maestro, al conocimiento del misterio de Jesús Mesías, a la comunión con Jesús Hijo de Dios, y al testimonio de Jesús Señor del universo. Con sus cuatro momentos (lectura, meditación, oración, contemplación), la lectura orante favorece el encuentro  personal con Jesucristo”(N°249). Y la Sagrada Escritura, “Palabra de Dios escrita por inspiración del Espíritu Santo”, es, con la Tradición, fuente de vida para la Iglesia y alma de su acción evangelizadora. Y una frase para meditar: “Desconocer la Escritura es desconocer a Jesucristo y renunciar a anunciarlo” (N° 247). Agreguemos que sin encuentro orante con la Palabra de Dios no hay vida nueva, no hay testimonio creíble, convencido y convincente.

Primera lectura: Neh 8, 2-6.8-10  

Estamos ante uno de los llamados Libros Históricos de la Biblia y prácticamente es la continuación de los libros de las Crónicas. Normalmente se los conoce como Esdras y Nehemías, dos personajes centrales que hacen que estos libros se los identifique con sus nombres. Corresponderían aproximadamente al año 400 antes de Cristo y se sitúan en pleno inicio de una nueva era: la reconstrucción del nuevo pueblo de Dios. Si el castigo del exilio está vinculado a Nabucodonosor, la restauración está centrada en Ciro, rey de Persia. Es muy fuerte la convicción que la historia humana está completamente traspasada por el poder de Dios. Uno de esos momentos emocionantes es el que nos relata la primera lectura de este domingo. No sólo se ha encontrado el Libro de la Ley; se reencuentran con las fiestas tradicionales de Israel, una de ellas era la fiesta de las chozas o tiendas que era el recuerdo simbólico del Israel en el desierto. La lectura de la ley se hace en un clima de intensa celebración comunitaria. Hay momentos de hondo dramatismo pero finalmente se impone el sentido profundamente religioso del encuentro. “Hoy es un día consagrado al Señor, su Dios. No estén tristes ni lloren” es una estupenda invitación con que concluye esta primera lectura. La Palabra siempre nos saca de esos estados de preocupación y congoja que nos provoca la existencia y nos recupera el ánimo, la esperanza y la alegría.  Tomemos en serio el llamado de nuestros pastores en Aparecida.
 

Segunda lectura: 1Cor 12, 12-30 

Una “lectura continuada” es esta segunda lectura de hoy. A la teología de los dones espirituales o carismas, le sigue la sugerente imagen del cuerpo humano como forma pedagógica de comprender el misterio de la Iglesia. Esto no surge de la nada sino de la necesidad de enfrentar uno de los problemas de la comunidad de Corinto como eran las rivalidades, celos, peleas, discrepancias, discriminaciones y competencias a causa de los diversos dones o carismas. Era una comunidad viva y dinámica, razón por la cual todas las comunidades del mundo se sienten en sintonía con el caminar de la iglesia de Corinto. La imagen del cuerpo humano resalta la diversidad de miembros que lo componen, por una parte, y la absoluta dependencia de todos y cada uno, por otra, permite entender que la comunidad cristiana es “Cuerpo de Cristo”. Así se comprende que los dones, servicios y operaciones no son de uso exclusivo personal ni son dones naturales o adquiridos humanamente hablando. Son dones del Espíritu Santo, de Cristo y del Padre. En conclusión, nadie tiene la totalidad de los dones, todos pueden compartirlos desde los más humildes a los más destacados. La idea de cuerpo, aplicada a la Iglesia, lleva a comprender la unidad indisoluble entre todos los bautizados. Quedémonos con el hermoso desafío: “Ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese cuerpo” (27).  Sólo así comprendemos que todos los bautizados son sacerdotes, profetas y reyes. Que todos tienen la común vocación a la santidad y que todos participan de la única misión que Cristo nos dejó en este mundo. Por desgracia, estas certezas teológicas no son todavía adquisiciones de todos los bautizados. Muchos siguen pensando en “parcelas” cristianas de unos pocos. Falta asumir la dimensión de Pueblo de Dios, de cuerpo de Cristo.

Evangelio: Lc 1, 1-4; 4, 14-21

El evangelio de este domingo presenta dos partes: los primeros cuatro versículos del capítulo uno, el llamado “prólogo “del tercer evangelio. En la segunda, se nos ofrece uno de los textos más esplendorosos de Lucas donde Jesús de Nazaret inicia la historia de salvación definitiva, su misión apostólica. Respecto a la primera parte, Lucas se nos revela como un historiador, pues relaciona su cometido de “escribir una exposición ordenada”, fruto de su investigación de todo lo sucedido desde el principio y ordenadamente. Y ¿qué es lo que ha sucedido desde el principio? Se trata de una persona, Jesús de Nazaret, su vida, pasión, muerte y resurrección. Y todo va a girar en torno a este acontecimiento salvífico. El destinatario de  esta obra como del Libro de los Hechos de los Apóstoles es el mismo “ilustre Teófilo”, que podría ser real o ficticio pero todo cristiano está llamado a ser “amigo de Dios” que es lo que significa  Teófilo. Pretende que, con este escrito, su destinatario “llegue a comprender la autenticidad de las enseñanzas que has recibido” (v.4). Lucas reconoce que este cometido no es exclusivo suyo; por el contrario, “muchos se han propuesto componer un relato de los acontecimientos que se han cumplido entre nosotros” (v. 1). Y una observación absolutamente fundamental en la trama es que han escrito no por su cuenta y creatividad sino “según nos lo transmitieron quienes desde el principio fueron testigos oculares y ministros de la Palabra” (v. 2). El Evangelio es la experiencia de unos hombres y mujeres que vivieron la cercanía y amistad con Jesús. Es siempre la fe “recibida” de los primeros testigos de Jesús. Es la Tradición viva de quienes compartieron la vida de Jesús en la tierra y eso es lo que nos comunican para que teniendo fe en Jesús alcancemos la vida eterna.

La segunda parte del evangelio de hoy, Lc 4, 14-21, es la manifestación de la misión de Jesús. No olvidemos que el Espíritu Santo y la Palabra son los detonantes de la misión de Jesús. En el bautismo es ungido por el Espíritu Santo y proclamado por la Palabra del Padre como el Hijo muy amado. En el desierto vence al tentador mediante la fidelidad irrenunciable al Padre y a la Palabra. Ahora enfrenta otro desafío. Lo hace en el mismo lugar donde se crió y en la sinagoga de Nazaret proclama la misión a la que está enviado.

Le otorgan el honor de proclamar la palabra y le pasan el rollo o libro del profeta Isaías. Corresponde a Is 61, 1-2 en que  el profeta, portador de Buena Noticia, describe su  misión como la consolación de Dios para su pueblo. Por lo tanto, Jesús sitúa su misión en la línea de los profetas pero la nota central de su misión es la liberación de Dios a favor de los sufridos: pobres, cautivos, ciegos y oprimidos. Hecha la lectura correspondía un comentario que ayudara a comprender la Palabra escuchada. Dice el texto: “Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él” (v. 20). Entonces Jesús inicia su comentario con una declaración sorprendente: “Hoy, en presencia de ustedes, se ha cumplido este pasaje de la Escritura” (v. 21). Esto quiere decir que Jesús es el liberador anunciado por el Antiguo Testamento, el que inaugura el año definitivo de gracia del Señor. En sus palabras y acciones ya no prima el tema del desquite y de la venganza de Dios. Todo suena a misericordia y compasión hacia los sufridos de la tierra. Jesús está inaugurando el Reino de Dios, esa cercanía tan anhelada de Dios hacia nuestra pobreza no sólo material sino moral y espiritual. Efectivamente Dios está con nosotros, los pecadores oprimidos por el maligno. Jesús trae Buena Noticia para los pobres, liberación para los cautivos y oprimidos y perdón abundante para todos.

Vivimos en “el año de gracia del Señor” aunque no nos damos cuenta o lo olvidamos. Pidamos a Jesús Liberador que nos libere hoy del seductor y de su seducción malsana y opresiva, representada por el dinero, los bienes materiales, la tecnología, la moda, etc. ¿Qué seduce tu vida? ¿Qué cosas seducen completamente tu vida? ¿Por qué te dejas seducir hasta perder tu dignidad, tu libertad? En el Año de la Virgen de la Merced y de la Misericordia vivamos un camino que nos introduzca en el proceso liberador – redentor de Jesús cada día. Que también tu vida sea un hoy salvador que irradie presencia del Reino, una bienaventuranza evangélica.

Que tengan un saludable y reconfortante descanso pero cuiden su vida interior dándose tiempo para orar y meditar la Palabra de Dios. 

Fr. Carlos A. Espinoza Ibacache, O. de M.