Comentario Religioso dominical

COMENTARIO RELIGIOSO
Domingo 26 de Julio 2015

DOMINGO 17° DURANTE EL AÑO

En el Año de la Vida Consagrada y de San Pedro Nolasco, Fundador de La Merced

Textos  
2Re 4, 42-44      “Porque así dice el Señor: Comerán y sobrará”.                                                                    
Sal 144                   Abres tu mano, Señor, y nos colmas de tus bienes.                                                                      
Ef 4, 1-6                 “Los exhorto a vivir de acuerdo a la vocación que han recibido”.                             
Jn 6, 1-15             “Entonces  Jesús tomó los panes, dio gracias y los repartió”.


El pan será el tema de estos cinco domingos. Seremos sostenidos por el extraordinario capítulo 6 de San Juan. El pan (en griego artos) es un alimento imprescindible y llega a ser sinónimo de comida. Se trata de un alimento básico, normalmente de harina de cebada y levadura. Podía servir de plato pues se parecía a una piedra y tenía forma de disco. Nunca se parte con cuchillo sino con las manos a fin de repartirlo. De ahí la expresión “partir el pan” que es darlo, repartirlo, significando la unión estrecha entre los comensales. En la Biblia la palabra pan traspasa los límites de su materialidad y pasa a significar el don definitivo o escatológico que Dios promete y da al hombre; también pan es la “Palabra de Dios” como un maná que comunica la verdadera vida. Pero, sobre todo, Jesús es “el pan vivo bajado del cielo”, único pan que da vida o vivifica al hombre. Es el gran regalo de Jesús, Palabra del Padre y eucaristía. Los comensales de la mesa escatológica viven ya la comunión y unidad profunda en torno a Cristo, “pan vivo bajado del cielo”. De ahí la excelencia del sacramento de la eucaristía, la centralidad de la fiesta dominical de la misa.
                 
Pasemos a recorrer brevemente los textos bíblicos que se nos sirven “en la mesa de la Palabra” como antesala de la “mesa eucarística” que el mismo Jesús nos prepara.
                 
La primera lectura nos ofrece uno de los milagros del profeta Eliseo como los narra el segundo libro de los Reyes. El mensaje de este texto subraya que, compartiendo lo poco que se tiene aún cuando los necesitados sean siempre más numerosos, Dios multiplica el pan. El milagro es que todos comen y todavía sobra. Es interesante señalar que la palabra de Dios no es aceptada de buenas a primeras. El criado de Eliseo representa nuestra común posición cuando se trata de compartir. Como él, también nosotros creemos que no vale la pena compartir lo poco y nos queda la sensación humana que nunca es suficiente. El profeta, hombre de Dios, con una fe arraigada en el Señor, vence esta porfiada actitud y el Señor realiza lo anunciado: “comerán y sobrará”. Es una tentación esperar tener mucho y muchísimo para compartir con los necesitados y solucionarles sus problemas. A Dios le bastan nuestros pobres medios humanos, “nuestros cinco panes de cebada”, para hacer presente su amor providente sobreabundante. ¿En qué me parezco al profeta Eliseo y en qué me identifico con su criado? ¿Qué “razones” me impiden compartir lo que soy y lo que tengo?
                 
La segunda lectura nos llama a tomar en serio nuestra condición de cristianos y cristianas en el mundo concreto. San Pablo inicia en este capítulo cuatro la parte exhortativa de la carta a los Efesios. Lo hace desde su realidad como “prisionero por el Señor”. El Apóstol ha sobrellevado muchos sufrimientos, persecuciones y cárcel por fidelidad a Cristo. Por eso, tiene autoridad para pedirles a los cristianos una vida más coherente con su vocación cristiana, que no es otra cosa que vivir concretamente la Palabra que han recibido. Siempre ha existido el peligro de esconder la fe en Jesucristo y dejarse acomodar a las modas del tiempo. Falta identidad cristiana católica y sentido de pertenencia a la comunidad que Cristo reunió para que fuera portadora de su Buena Noticia para el mundo. Cada bautizado ha recibido una vocación, una llamada a vivir según el evangelio. Ha sido consagrado, es decir, cada bautizado ya no se pertenece a sí mismo sino que  está dedicado al Señor. La vida del bautizado es una “vida consagrada” a Dios; es una forma de seguimiento de Cristo, una experiencia de santificación diaria, un compromiso a fondo con los valores de Cristo y de su Iglesia. “Vivir de acuerdo con la vocación que han recibido” implica hacernos cargo de nuestro bautismo y sus consecuencias prácticas. “Por sus frutos los conoceréis” dice Jesús, es decir, por las obras, los criterios, la mirada, los compromisos concretos que un cristiano vive, esto es lo que manifiesta si estamos en las huellas de Cristo o estamos muy lejos. Otro gallo cantaría si las familias fueran “escuelas de evangelización”, si los padres fueran de hecho “los primeros catequistas” de sus hijos. Y todo pasa por la calidad de vida cristiana del hogar. ¿Qué pasa cuando lastimosamente poco o nada de esto se da? ¿Qué sociedad se puede edificar si la primera célula que es el hogar no camina de acuerdo a su vocación humana y cristiana? Y todo pasa por el proceso de “humanización” basada en valores fundamentales que debieran darse en el hogar. Algo no está caminando. Prestemos atención a esta segunda lectura y meditemos nuestros compromisos de hoy.
                 
El evangelio que comenzamos a leer hoy es el extraordinario capítulo 6 de San Juan. El gran tema de este capítulo es el pan. Hoy se nos narra el milagro de la multiplicación de los cinco panes de cebada y dos pescados para una multitud de cinco mil hombres. La pregunta esencial es si este tema del pan y de la multiplicación se refiere sólo a un aspecto llamativo de la actividad de Jesús o se refiere muy fuertemente a Jesús mismo. Veremos que el tema se aclara definitivamente con la entrega de su cuerpo como pan para la vida del mundo en la noche anterior a la pasión y muerte de Jesús. Al hablar de la multiplicación de los panes es central fijar nuestra atención en Jesús que alimenta y alimenta con abundancia. De este modo, la multiplicación de los panes se convierte en el signo eminente de la misión mesiánica de Jesús. Él es el pan verdadero que han esperado los siglos, alimento que es capaz de saciar a muchedumbres. Pero también es el momento en que se produce un quiebre, ya que muchos no aceptan que Jesús sea ese pan de vida. Esto abrirá claramente el camino hacia la cruz por donde transitará Jesús por fidelidad al Padre.
                 
En el trasfondo del capítulo 6 de San Juan está la comparación entre Moisés y Jesús. La afirmación central es que Jesús es el Moisés definitivo y más grande de todos. Al final del relato de la multiplicación de los panes y antes de que intenten proclamar rey a Jesús se dice: “Éste sí que es el profeta que tenía que venir al mundo” (v. 14). Por lo tanto, el tema del pan es el tema de Jesús, Hijo del Padre, que ofrece su propia persona por la salvación de una multitud.
                 
Algunos detalles interesantes del evangelio de hoy. La situación en que se ubica la multiplicación de los panes es la referencia al milagro del maná en el desierto en el Éxodo y la celebración de la eucaristía de la comunidad cristiana. El camino de Jesús va en sentido contrario a la Pascua, fiesta de los judíos: en lugar de dirigirse al templo, Jesús se retiró a un monte con sus discípulos. Le seguía un gran gentío. Desde aquí Jesús toma la iniciativa y le dirige su preocupación a Felipe: “¿Dónde comparemos pan para darles de comer?”. Felipe no hace más que expresar la dificultad de lograrlo, pero Jesús sabía bien lo que iba a hacer. También Simón Pedro señala la misma dificultad. Jesús procede entonces: fijémonos en los gestos eucarísticos: “Jesús tomó los panes, dio gracias y los repartió a los que estaban sentados” (v. 11). Todos se sacian con los panes y pescados que Jesús multiplica y reparte. Sobran doce canastas, cantidad suficiente para alimentar a un nuevo Israel. El pan, que es Cristo, no se agota nunca y sigue alimentando a miles y miles de hombres y mujeres que se sientan a su mesa para compartirlo. Sin embargo, el entusiasmo no basta para seguir las huellas de Jesús. La gente se entusiasma por esta nueva señal que Jesús ha obrado pero no llegan a la adhesión profunda de una fe radical. Intentan hacerlo rey, ya que les conviene un mesías que los alimente gratis y les solucione el tema de lograr el pan con el sudor de su frente. Los mesianismos populares nunca faltan en la historia humana y los fracasos son también tan terribles. Jesús no es un mesías populista ni político. Dice el texto que “se retiró de nuevo al monte, él solo” (v. 15) como Moisés que frecuentaba la montaña para vivir su encuentro con Dios “cara a cara”.
                 
Cuando hay tanta hambre y sed en el mundo y los mesianismos no faltan, es muy bueno volver a Jesucristo y reconocerlo como el Pan Vivo bajado del cielo que sí tiene poder para alimentarnos y hacernos  hermanos en comunión.
                 
Un saludo fraterno y que  el inicio del segundo semestre del año escolar 2015 sea una buena oportunidad para seguir creciendo en el amor a Dios y al prójimo como Jesús nos lo enseña.
                 

Fr. Carlos A. Espinoza I., O. de M.