Comentario Religioso dominical

COMENTARIO RELIGIOSO
Domingo 25 de enero 2015
DOMINGO 3° DURANTE EL AÑO – 2015, AÑO DE SAN PEDRO NOLASCO

 

Textos: 

Jon 3,1-5.10  “Los ninivitas creyeron en Dios”  
Sal 24    Muéstrame, Señor, tus caminos
1Cor 7, 29-31 “Porque la apariencia de este mundo es pasajera”    
Mc 1,14-20 “El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca”.

Jonás es un profeta que se cuenta quinto entre los llamados “los Doce Profetas Menores” con apenas cuatro capítulos. Se trata de un genial narrador y Jonás debe llevar el mensaje de misericordia a un pueblo pagano, enemigo de Israel. Se trata de una parábola que deja una enseñanza: rompe el nacionalismo exclusivista de Israel que ha perdido la dimensión de la universalidad de la salvación de Dios. Jonás no obedece la voluntad de Dios como acontece en todo profeta pero su rebeldía encierra una enseñanza clara: Dios permitirá que Nínive se convierta ante la predicación desganada de Jonás.


En esta primera lectura de este tercer domingo ordinario leemos del capítulo tercero lo correspondiente al segundo envío que el Señor dirige a Jonás. El profeta esta vez obedece la voz de Dios y recorre la ciudad por un día entero anunciando: “¡Dentro de cuarenta días Nínive será arrasada!”. Esta vez Jonás ha obedecido, cosa muy distinta a la primera vez que Dios lo llamó y le envió a predicar. Es notorio que en el ánimo de Jonás no hay entusiasmo ni fogosidad tan propia de los profetas bíblicos. Cumple pero sin mucho convencimiento. Para colmo del profeta los habitantes de la gran ciudad pecadora y pagana da una respuesta inesperada para Jonás: “Los ninivitas creyeron a Dios, proclamaron un ayuno y se vistieron de sayal pequeños y grandes”. Ante tan hermosa respuesta Dios ejercita su misericordia y no se cumple lo anunciado por el profeta, lo que será motivo de un nuevo disgusto de Jonás contra el proceder de Dios que contradice el proceder de los hombres. “Vio Dios sus obras y que se habían convertido de su mala vida, y se arrepintió de la catástrofe con que había amenazado a Nínive y no la ejecutó”. Sin quererlo ni desearlo, la predicación de Jonás ha producido una conversión pero no el profeta sino la Palabra de Dios, viva y eficaz, que produce lo que anuncia. Esa es la lección siempre actual. Nunca es el evangelizador el que cambia los corazones sino la Palabra de Dios que, a veces comunica con desgano casi por cumplir. Es estupendo descubrirlo y aceptarlo así.


La segunda lectura es un pequeño fragmento de este capítulo siete de la primera Carta a los Corintios. Es parte de la conclusión que el Apóstol Pablo nos propone en el tema de matrimonio y virginidad. La pregunta podría ser formulada así: ¿qué es mejor el matrimonio o el celibato? La respuesta de Pablo no obedece a órdenes del Señor sino que expone su opinión “como persona de fiar por la misericordia del Señor”. Hay que tener presente que el tema matrimonial no es el que ya ha declarado en los versículos 1 a 16 de este mismo capítulo. Más bien se trata de una situación especial: unos cristianos jóvenes esposos quisieran dedicarse a la misión evangelizadora y entonces quisieran vivir un estado especial de celibato sin dejar de estar casados. La respuesta de Pablo sitúa la realidad del cristiano desde el mundo futuro, escatológico, donde el estar casados está superado por la unión con el misterio de Dios. Puede un cristiano o cristiana, si así lo quiere, comprometerse a vivir célibe. Así dice el Apóstol: “los que tengan mujer vivan como si no la tuvieran”, “queda poco tiempo...porque la apariencia de este mundo se está acabando”. El celibato anticipa la realidad definitiva, la del reino eterno donde no será necesario casarse porque todos serán como ángeles en la presencia de Dios. Digamos entonces que el matrimonio es completamente hermoso y querido por Dios pero muchos y muchas sienten que están llamados a vivir una forma distinta como el celibato para mostrar desde aquí y ahora la realidad final de la existencia humana. El celibato es una opción de vida tan hermosa como el matrimonio. No hay que torpedear ni el uno ni el otro porque ambos son realización plenamente humana y divina si son opciones de cara al Reino de Dios.


El evangelio de San Marcos es muy atrayente para ir conociendo más profundamente el misterio de la persona de Jesús. El texto de este domingo tercero nos pone ante dos importantes aspectos del Señor. Por una parte, se nos habla de proclamación central que Jesús hace al proclamar la Buena Noticia de Dios. El corazón del anuncio o proclamación se resume en esto:”Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Arrepiéntanse y crean en la Buena Noticia”. Jesús viene a revelarnos el amor del Padre por el hombre. Y la respuesta de éste son dos grandes exigencias: arrepentirse y creer en la Buena Noticia. Conversión como un volver a Dios y creer como adherir, confiar y fiarse completamente de Dios. He ahí la cuestión de fondo de la vida de un discípulo cristiano. No se vuelve a Dios una sola en la vida sino tantas sean necesarias a lo largo de toda la vida. Nunca estamos completamente convertidos ni tenemos una fe madura, fuerte y firme. Tambaleamos en la fe y no siempre dejamos el pecado mediante una sincera conversión del corazón. Siempre tenemos tarea pendiente. Por eso existe la falta de testimonio, la fragilidad de la fe, los miedos a cambiar de forma de vivir. No es fácil convertirse ni tampoco es fácil creer. Aquí está nuestra tarea siempre inconclusa.

El segundo aspecto que hay que destacar de la actividad misionera de Jesús es el llamado que hace a los primeros discípulos. Esta llamada indica claramente que la misión de Jesús tiene un sentido comunitario: “Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres”. Dos aspectos interrelacionados encontramos aquí: Jesús llama “para estar con él”, “vengan conmigo”. Jesús rompe la costumbre tradicional en el sentido que los discípulos elegían a su maestro; aquí es claro que es el maestro el que elige a sus discípulos. El segundo aspecto es también clave del discipulado de Jesús: les comparte su misión, “los haré pescadores de hombres”. En ambos aspectos descubrimos la confianza que Jesús pone en aquellos pescadores que llama para compartirles su vida y su misión apostólica. Es que sin comunidad de vida y de misión no hay reino. Esta metáfora de hacerlos pescadores de hombres señala el carácter universal de la misión que les confía. Toda vocación es siempre iniciativa maravillosa de Jesús. Es un privilegio, una gracia inmerecida, una fineza grande de Jesús.


La respuesta de aquellos pescadores es pronta, dejan todo y le siguen. La vocación cristiana, realidad única vivida en diversas formas, consiste en el seguimiento de Jesús. Exige el Señor todo y no una parte. Por eso se dice que es un seguimiento radical. Descubramos pues nuestra vocación bautismal como la fuente de la gracia nueva de ser discípulos de Jesús, Camino, Verdad y Vida. ¿Qué respuesta estoy dando a la inmerecida invitación de Jesús? ¿Cómo edifico la comunidad cristiana, la Iglesia desde este llamado de Jesús? ¿Me estorba la Iglesia? ¿Pretendo ser cristiano sin Iglesia? Es en la comunidad cristiana donde encontramos al Señor.


Un saludo fraterno y que Dios les bendiga.

Fr. Carlos A. Espinoza Ibacache, O. de M.