Comentario Religioso dominical

COMENTARIO RELIGIOSO
Domingo 11 de Enero de 2015
FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR


2015 AÑO DE SAN PEDRO NOLASCO

Textos  
Is 55, 1 – 11 “Presten tención y vengan a mí, escúchenme y vivirán”
Sal (Is)    Sacarán agua con alegría de las fuentes de la salvación
Jn 5, 1 – 9          “El que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios”
Mc 1, 7 – 11        “Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían”

Hemos vivido y celebrado el ciclo navideño y con la fiesta de hoy estamos retomando el tiempo normal que en lenguaje litúrgico es identificado como “tiempo ordinario” o “domingos durante el año”. En este ciclo litúrgico las lecturas corresponden al Ciclo B y el evangelio que saborearemos es el de San Marcos. De hecho hoy estamos entrando en la dinámica de este evangelista. Lo tendremos en los domingos siguientes hasta que el 18 de febrero el Miércoles de Ceniza nos introduzca en el tiempo de la Cuaresma. Los que siguen la liturgia de las horas corresponde volver al Tomo III de las Horas y comenzar por la semana I. Con esto queremos tomar conciencia del ritmo espiritual al que nos invita la liturgia de la Iglesia. Tenemos la sensación de vivir el año litúrgico, Año del Señor, como momentos aislados con ciertas fiestas que nos llaman la atención; en realidad, se trata de hacer memoria, vivir y celebrar los misterios centrales de nuestra fe. El 2015 debe ser un año que intentaremos vivir con el Señor y como Iglesia. Y para ello qué cosa mejor que seguir el ritmo de su Palabra según la liturgia diaria y semanal de la Iglesia.
Las lecturas de esta Fiesta del Bautismo del Señor son alentadoras y su tema es el agua. Nos vamos a fijar en este elemento que tiene una importancia vital no sólo en el plano material sino también espiritual. Dios se vale de un elemento que usamos tanto que ni siquiera nos damos cuenta de su importancia. Cuando nos falta el agua captamos de inmediato qué importante es para nuestra vida. ¿No nos pasará lo mismo con nuestro bautismo? Nuestra fe está vinculada también al lavado purificador del agua bautismal. Dejemos que esta Palabra de Dios de hoy nos ayude a contemplar las maravillas de nuestra fe bautismal.
La primera lectura del profeta Is 55, 1 – 11 es un texto muy hermoso. El profeta está describiendo la nueva época, la del Mesías que Dios promete, como el retorno de Israel. Es el tema de fondo de los versos 1 – 5. Lo extraordinario es que todos están llamados a participar de los bienes de la creación equitativamente. Igualdad, justicia y oportunidad para todos, el anhelado sueño de la humanidad, no son consignas políticas ni estrategias económicas sino el mismo proyecto que Dios quiere para Israel y para todos. Este proyecto pertenece a la alianza que Dios quiere establecer con su pueblo. Desde los versos 6 – 11 el gran tema es la Palabra del Señor. Esta Palabra es viva, tiene fuerza para hacer fecundar, engendrar y generar vida. La fecundidad de la Palabra se muestra en la vida del creyente. Jesús dirá que son dichosos los que escuchan la palabra y la ponen en práctica. Una pura teoría religiosa, una doctrina o norma moral por sí solas no tienen fuerza para producir el cambio radical o conversión. La Palabra de Dios, la palabra de Jesús y su misma Persona pueden hacer el milagro de un cambio profundo personal y comunitario.
La segunda lectura de la primera carta de San Juan 5, 1 – 9 nos refresca la memoria creyente y nos invita a volver siempre a la fuente: vivir el amor amando. Y sólo el amor vende al mundo, el mundo malo y en pecado. Esta victoria del amor que vive el creyente es el fruto precisamente de la fe en Jesús, el Hijo de Dios. Su sacrificio queda expresado en que vino “con agua y sangre”, en el bautismo y la eucaristía como núcleos esenciales de la vida cristiana. Sin ellos no hay vida nueva en el creyente. Es el Espíritu de Jesús que habita en el creyente, junto al agua del bautismo y a la sangre, memorial del sacrificio de Jesús, en la eucaristía que testifican que lo que Dios ha prometido lo ha cumplido y lo cumple en su Hijo Amado quien nos ha dado la vida eterna. Es bueno recordar nuestras certezas de fe, nuestras convicciones profundas, sobre todo cuando hay un afán de “bajar el perfil de Jesús” presentándolo tan puramente humano y a lo sumo como un profeta entre muchos, a fin de que no sea Hijo Unigénito de Dios, de tal manera que no tenga autoridad para exigirnos el acto de fe, la entrega de la vida, la fuerza de sus mandatos. Y  el resto se viene abajo como la necesidad de salvación trascendente, la condición de pecador, el lugar y misión de la Iglesia, etc.
El evangelio de hoy, Mc 1, 14 – 20, muy breve se divide en dos partes. Los versos 14 – 15 nos sitúan en el inicio del ministerio de Jesús en Galilea dando comienzo a una nueva etapa del evangelio. Estos versículos son una conclusión de la introducción que nos ofrece San Marcos también breve (Mc 1, 1-13). Este inicio del ministerio de Jesús está vinculado al arresto de Juan Bautista y, por lo tanto, prácticamente el final de su breve ministerio de preparación al Mesías que viene.
La Buena Nueva o Buena Noticia o Evangelio de Dios constituye el corazón de la proclamación de Jesús. El Evangelio es anuncio o proclamación. Debe ser anunciado por heraldos o pregoneros. Jesús es un predicador que va por las aldeas y ciudades anunciando la Buena Noticia para todos. Es un peregrino, un predicador que no se queda en el templo sino que va al encuentro de la gente, de todo tipo de gente pero principalmente de los pobres. ¿Es para ti el evangelio una buena noticia? ¿Vives tu fe en Jesús como una buena noticia? ¿Eres buena noticia para los demás?
“Se ha cumplido el tiempo”. Hermosa expresión que indica que estamos justo en el momento central de lo que se nos ha anunciado y hemos esperado. El término griego es Kayrós y se lo distingue del tiempo cronometrado, medido. El tiempo de Dios es la concreción de su decisión de salvarnos ya. Es el gran acontecimiento que es Jesús, el Hijo de Dios. Se trata de un tiempo pleno de vida, de sentido, de horizonte, de extensión ilimitada. Jesús y su Reino traspasan los tiempos históricos, las culturas, los imperios.
“Está cerca del reino de Dios”.  El reino de Dios no es un lugar, no es una cosa. Es una   experiencia de vida bajo el impulso de Dios, de su amor, su justicia, su paz, su fraternidad, su verdad, su libertad, su vida. Es Jesús que hace presente esta realidad nueva en medio de nosotros. Su persona inaugura un tiempo nuevo según el proyecto de Dios para los hombres. Sin embargo, este proyecto de Dios no sigue el curso tradicional de los modos humanos, es decir, no se impone por la fuerza, ni por los ejércitos ni por los partidos, etc. Crece el proyecto de Dios contra viento y marea como una realidad sencilla, pequeña pero  potente como una buena levadura.
“Arrepiéntanse y crean en la Buena Noticia”. Convertirse es cambiar de rumbo, hacer un giro importante en la propia vida para volver a Dios. Normalmente nuestra conversión se enreda sólo en cambios de pecaditos chicos pero la vida sigue tan lejos de Dios. Hay que volver a Dios y eso significa darse cuenta cuán lejos estamos de sus caminos. La fe es la adhesión de toda la persona a Dios, a su Reino que se hace presente en Jesús, su Hijo. Es la actitud fundamental de María, es el compromiso vivido por San Pedro Nolasco a fondo no “a medias tintas”.
Se nos ofrece en los versos 16 – 20 la llamada de Jesús a los primeros discípulos. Es Él quien toma la iniciativa y quien fija las condiciones para seguirlo: dejarlo todo y seguirlo.

Que Dios les bendiga con su Reino. Hasta pronto. Fr. Carlos A. Espinoza I.