Comentario Religioso dominical

COMENTARIO RELIGIOSO
Domingo 26 de octubre 2014
DOMINGO 30 durante el año

 

Textos: 

Ex 22, 20-26 “Yo lo escucharé, porque soy compasivo”
Sal 17 Yo te amo, Señor, mi fortaleza. 
1Tes 1, 5-10 “Y esperar a su Hijo, que vendrá desde el cielo”.

San Mateo 22, 34 – 40

Dejemos que las sabias palabras del Papa Francisco nos ayuden a comprender con amplitud el mensaje de Cristo en esta hora que estamos viviendo. Dice nuestro Pastor: “Los aparatos conceptuales están para favorecer el contacto con la realidad que pretenden explicar, y no para alejarnos de ella. Esto vale sobre todo para las exhortaciones bíblicas que invitan con tanta contundencia al amor fraterno, al servicio humilde y generoso, a la justicia, a la misericordia con el pobre. Jesús nos enseñó este camino de reconocimiento del otro con sus palabras y con sus gestos. ¿Para qué oscurecer lo que es tan claro? No nos preocupemos sólo por no caer en errores doctrinales, sino también por ser fieles a este camino luminoso de vida y de sabiduría”(EG 194).


Efectivamente el camino que nos ofrece Jesús es luminoso y es para iluminar y conducir la vida de cada día. Nuestras reflexiones deben ayudarnos a comprender mejor, a profundizar, a sacar las consecuencias que tiene la Palabra de Dios para nuestra vida concreta, la del diario vivir. Dejemos que la Palabra de este domingo nos renueve la esperanza de una sincera conversión del corazón.


La primera lectura está tomada del segundo libro del Pentateuco, el libro del Éxodo, “el libro de la liberación y de la Alianza” de Dios con el pueblo escogido Israel. Nuestra primera lectura de hoy corresponde a una serie de mandatos relacionados con el prójimo en diversas situaciones como la del emigrante, las viudas y los huérfanos, las normas relacionadas con los pobres. Estas normas se expresan en forma de mandato porque para el autor sagrado están vinculadas a la alianza de Dios con Israel. El corazón de estas normas está en el amor y la misericordia con que debe ser tratado el prójimo. Sin embargo, la auténtica dimensión y sentido de este amor al prójimo alcanzará su plena manifestación en las palabras y gestos de Jesús.


La segunda lectura de la primera carta a los cristianos de Tesalónica, el primer escrito cristiano, incluso antes que los evangelios, compuesto hacia el año 51 de nuestra era en la ciudad de Corinto, nos sigue introduciendo en el tema de la segunda venida de Cristo. San Pablo se refiere al ejemplo que estos cristianos han dado porque “siguieron nuestro ejemplo y el del Señor” al abrazar la fe acogiendo el Evangelio no exento de graves dificultades. Nunca ha sido fácil hacerse cristiano y vivir como cristiano. Podemos imaginar las dificultades que tenían estos convertidos del paganismo a la fe cristiana, no sólo las del entorno familiar y cultural sino también las de la conversión de la mente y el corazón. Ciertamente dejar los ídolos, la mentalidad, las costumbres, los ritos y convertirse a Dios “para servir al Dios vivo y verdadero y esperar la venida desde el cielo de su Hijo” es un cambio heroico, una propuesta audaz que los cristianos de Tesalónica han hecho carne y realidad. ¡Cuánto quisiéramos conquistar esa audacia y valentía! ¿Es tu vida un signo poderoso de este cambio al evangelio? ¿Es nuestra comunidad cristiana un modelo para otros?
                 

El evangelio de San Mateo, capítulo 22, 34 – 40, es simplemente el corazón del mensaje y del estilo nuevo que se nos propone abrazar como discípulos misioneros de Jesucristo vivo, hoy y siempre.


Prestemos atención al siguiente dato. La pregunta que formula uno de los doctores de la ley, perteneciente al grupo de los fariseos, hay que comprenderla desde el dato concreto: los fariseos contaban 613 preceptos en la ley que debían saberlos y practicarlos todos los días para ser aceptados por Dios. La pregunta, formulada maliciosamente, es decir, con el fin de “tender una trampa” a Jesús, es entonces muy coherente: “Maestro, ¿cuál es el precepto más importante en la ley?”. Dentro de estos 613 preceptos que nos obligan ¿cuál es el más importante?


Prestemos atención a la respuesta de Jesús. En primer lugar, Jesús responde combinando dos textos del Antiguo Testamento, uno del Deuteronomio 6,5 y el otro del Levítico 19,18. Dice Jesús que el precepto más importante en la ley es el amor a Dios, y se expresa en forma imperativa: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”. Así se expresa en la mentalidad semita el principio de totalidad. Al Señor hay que amarlo con toda la persona. Dios pide un amor de todo nuestro ser. El amor a Dios nos involucra en todas las dimensiones de nuestra persona: cuerpo, psiquis, espíritu. A Dios también hay que amarlo con los afectos, con la sexualidad, con el corazón. No se puede amar “a medias tintas”. El que ama así, no parte su vida ni su corazón ni su afectividad con los ídolos llamados dinero, cosa materiales, etc. Dios quiere ser amado como el único Señor de nuestra vida y quiere ocupar el primer lugar en todo momento y para siempre en nuestra vida. Es la soberanía o señorío de Dios en nuestra vida, donde no queda lugar para otras personas o cosas “que endiosamos”. Sólo Dios puede pedirnos todo, absolutamente todo y ninguna creatura de este mundo o de otro mundo.


Hay dos preceptos, el primero es el más importante pero el segundo es equivalente, dice Jesús. El Señor integra ambos preceptos y así el fundamento de la relación con Dios y con el prójimo es el amor solidario. Entendamos bien: solidario y no solitario. Quien ama bien a Dios no puede sino amar bien al prójimo. Jesús dijo: “Amarás al prójimo como a ti mismo”. Ya sabemos que Jesús nos enseña las consecuencias que tiene un auténtico amor al prójimo en el sermón de la montaña y concretamente a lo largo de su ministerio público. Posiblemente sea esta dimensión fraterna la que más dificultades nos plantea en la vida concreta, sobre todo, frente al individualismo absorbente. Para nadie es un secreto que hemos perdido el sentido del bien común y hemos impuesto el imperio del yo individual como única medida de las cosas. Muchas actitudes actuales están vinculadas a la pérdida de esta enseñanza fabulosa de Jesús. La religión cuando se la reduce a ceremonias y ritos se distorsiona en su esencia que es el amor real a Dios y al prójimo. Nos hace falta volver a las palabras de Jesús en este evangelio de hoy.

Que tengan un buen domingo con la gracia de Dios.

Fr. Carlos A. Espinoza I. O. de M.