Comentario Religioso dominical

COMENTARIO RELIGIOSO
Domingo 19 de octubre 2014
DOMINGO 29° DURANTE EL AÑO – DOMINGO UNIVERSAL DE MISIONES (DUM)

 

Textos: 

Is 45,1.4-6  “Yo soy el Señor y no hay otro, no hay ningún dios fuera de mí”                                
Sal 95  Aclamen la gloria y el poder del Señor   
1Tes 1, 1-5 “Siempre damos gracias a Dios por todos ustedes”                                                            
Mt 22, 15 -21 “Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es Dios”

Dice el querido Papa Francisco: “La primera motivación para evangelizar es el amor de Jesús que hemos recibido, esa experiencia de ser salvados por Él que nos mueve a amarlo siempre más. Pero ¿qué amor es esa que no siente la necesidad de hablar del ser amado, de mostrarlo, de hacerlo conocer? Si no sentimos el intenso deseo de comunicarlo, necesitamos detenernos en oración para pedirle a Él que vuelva a cautivarnos. Nos hace falta clamar cada día, a pedir su gracia para que nos abra el corazón frío y sacuda nuestra vida tibia y superficial”(EG 264).


¡Qué invitación nos hace el Pastor de la Iglesia Universal! Porque evangelizar es anunciar el Evangelio encarnado en una persona real que es Jesús de Nazaret en quien creemos y hemos puesto nuestra esperanza de vida mejor. Esto podría quedar reducido al conocimiento, a la teoría, si no brota de un intenso y permanente amor de Jesús que nos ha amado primero. Y si estamos felices de que esto sea así, entonces nada ni nadie puede silenciar el grito del amor auténtico, del amor de Jesús. En este Domingo Universal de las Misiones preguntémonos acerca de ese amor de Jesús en cada uno de nosotros. ¿Qué ha pasado con el “amor primero”? ¿Por qué tanta tibieza y mediocridad en nuestra vida humana y cristiana? ¿Qué está apagando el fuego del amor dentro de cada uno de nosotros y dentro de nuestra comunidad? ¿Acaso nos da lo mismo que la gente reciba o no el Evangelio, que los niños y los jóvenes conozcan y amen a Jesús? Si te da lo mismo y no te importa la salvación de los demás, entonces tu fe está muerta, tu vida languidece, tu existencia está mustia. ¡Despierta, tú que duermes!


Dejemos que la Palabra de Dios nos interpele, nos despierte, nos anime, nos lance a vivir el amor de Jesús sin pausa hasta que duela. ¿Qué nos dice el Señor?


La primera lectura, tomada nuevamente del profeta Isaías, se refiere a la investidura real de Ciro, un rey persa que no conoce al Señor y no pertenece a Israel, es un pagano. Pues bien, Ciro es nombrado como “ungido del Señor” y alguien es ungido cuando es consagrado especialmente para una tarea o para desempeñar una función como rey, sacerdote e incluso profeta. Ciro aparece como “ungido” para ejercer la realeza y su tarea es liberar a los cautivos en Babilonia y otros lugares del imperio persa. De hecho Ciro fue magnánimo para permitir que los cautivos volvieran a su país de origen como es el caso de los israelitas terminando así con la política del exterminio o de la deportación de sus antecesores. Este personaje y sus acciones están leídas desde la fe en el Señor y sirve para mostrar a Dios preocupado por su pueblo, pues es Dios el que ha elegido a este rey bueno. Así el mensaje que nos ofrece el profeta es que el Señor dirige los acontecimientos y se vale de todos los medios, incluso de una persona que no lo conoce como es el caso de Ciro. Por esta razón se nos repite: “Yo soy el Señor y no hay otro, fuera de mí no hay otro dios”. El señorío de Dios no se reduce al ámbito privado y personal de cada creyente sino que incluye toda la realidad cósmica e histórica.


La segunda lectura, de la primera carta de San Pablo a los cristianos de Tesalónica, considerada como el primer escrito del Apóstol y quizás el más antiguo escrito cristiano del año 51 de nuestra era, se inicia con un saludo típico epistolar: nombres de los remitentes (Pablo, Silvano y Timoteo), los destinatarios (a la Iglesia de Tesalónica) y la expresión de buenos augurios (Gracia y paz a ustedes). Estos los elementos clásicos de una carta. A continuación el Apóstol se refiere a la acción de gracias  a través de las oraciones. Esta “acción de gracias” es la misma realidad que significa la misa o eucaristía o “acción de gracias”, es decir, la celebración en que la presencia del Señor resucitado convoca y transforma a los creyentes en una comunidad de hermanos y hermanas. Y este es el principal sentido que tiene nuestra celebración eucarística. Tres notas distintivas de esta comunidad fraterna: la fe activa, el amor entrañable y la esperanza perseverante en Jesucristo ante Dios nuestro Padre. Notemos los adjetivos de estas tres virtudes teologales: la fe activa cuando se traduce en obras, en compromiso evangelizador y misionero; una caridad entrañable cuando el amor es solidario e implica esfuerzos y renuncias; y la esperanza perseverante si nos hace pacientes y firmes en el camino cristiano. Es hermoso encontrarnos con las tres virtudes teologales ya que una implica las otras y las tres juntas especifican el compromiso cristiano. ¿Vivo la fe, la caridad y la esperanza como una experiencia de comunión y servicio?


El evangelio de hoy de Mt 22, 15 – 21 nos presenta una polémica cuestión del tributo al César. Seguimos con la tensión entre las autoridades judías y Jesús. El resto del capítulo 22 contiene cuatro preguntas y cuatro respuestas de Jesús que revelan la tensión in crescendo. Lo que se discute en el evangelio de hoy es el tema del tributo que hay que pagar a una potencia extranjera que domina a Palestina como era el caso de Roma, capital del imperio romano a cuya cabeza está el César o emperador. El tributo debieron pagarlo los judíos y también las comunidades cristianas que crecían en los dominios del imperio romano. La pregunta pretende llevar a Jesús a un terreno minado, en extremo peligroso. Tanto el sí como el no tienen consecuencias políticas importantes porque se juega la lealtad y sumisión al poder imperial. Jesús está ante un emboscada difícil. Entonces nos sorprendemos con una respuesta sabia e inteligente de Jesús: si reconocen el curso legal de la moneda romana donde está la figura del César significa que han aceptado el sistema económico y deben aceptar sus consecuencias. Pero por sobre el poder imperial está el poder de Dios y entonces hay que dar a Dios lo que corresponde a Dios. La clave del evangelio es la respuesta de Jesús: “Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.


¿Cómo entender esta respuesta de Jesús? Primero no es que haya dos reinos, el del César y el de Dios, y que hubiera igualdad entre ambos. Tampoco establece dos planos, uno humano y otro divino que nada tendría que ver con cuestiones terrenas. El estado civil no es un valor absoluto ni supremo. Los deberes relacionados con Dios son verdaderamente importantes y de estos se desprenden los demás. Digamos que la moneda que lleva impresa la imagen del César pertenece al César pero no así la persona humana que pertenece a Dios cuya imagen lleva impresa en su ser mismo. La economía es siempre relativa, nunca un absoluto, un fin último ni siquiera el más importante. Lo verdaderamente importante es descubrir la imagen de Dios en cada ser humano y darle entonces el valor, reconocimiento y lugar que se merece por llevar la imagen del Creador y Padre.
                 

Que tengan un buen domingo. Sea generoso con su oración y aporte para que las Obras Misionales Pontificias continúen la inmensa tarea de la Propagación de la Fe. Un saludo fraterno y hasta pronto.

Fr. Carlos A. Espinoza Ibacache, O. de M.


Oración por las Misiones

Virgen y Madre María,

Tú que, movida por el Espíritu,

acogiste al Verbo de la vida,

ayúdanos a decir nuestro “sí” ante la urgencia,

más imperiosa que nunca,

de hacer resonar por doquier

la Buena Noticia de Jesús.

 

Consíguenos ahora

un nuevo ardor de resucitados

para llevar a todos el Evangelio de la Vida

que vence a la muerte.

 

Danos la santa audacia

de buscar nuevos caminos

para que llegue a todos

el don de la belleza que no se apaga.

 

Intercede por la Iglesia

para que nunca se encierre

ni se detenga en su pasión

por instaurar el Reino.

 

Estrella de la nueva evangelización,

ayúdanos a resplandecer

en el testimonio de la comunión,

del servicio, de la fe ardiente y generosa,

de la justicia y el amor a los pobres,

para que la alegría del Evangelio

llegue hasta los confines de la tierra

y ninguna periferia se prive de su luz.
 

Madre del Evangelio viviente,

manantial de alegría para los pequeños,

ruega por nosotros. Amén. Aleluya.


(Papa Francisco)