Comentario Religioso dominical

COMENTARIO RELIGIOSO
Domingo 05 de octubre 2014
DOMINGO 27 durante el año
INICIO DEL SINODO DE LA FAMILIA DEL 5 AL 19 DE OCTUBRE CONVOCADO POR EL PAPA FRANCISCO

 

Textos: 

Is 5, 1-7 “¿Qué más podía hacer por mi viña que yo no haya hecho?”
Salmo 79  La viña del Señor es su pueblo.
Flp 4, 6 -9 “Ocúpense de cuanto es verdadero y noble, justo y puro, amable y loable”
Mt 21, 33-46  “Agarrándolo, lo echaron fuera de la viña y lo mataron”

Octubre es considerado “el mes de las misiones” y esto significa que debemos intensificar el compromiso de llevar el evangelio a personas de otras culturas. Gracias a Dios no faltan hombres y mujeres que ofrecen sus vidas para ir a tierras lejanas a sembrar la semilla del Reino de Dios. Son los misioneros y misioneras que tejen hermosas y heroicas experiencias de inserción y testimonio en otros pueblos y culturas, con el único fin de hacer concreto el mandato de Jesús: Id por todo el mundo y anunciad el evangelio. Pero la misión también está cerca de nosotros. Nuestros obispos han impulsado la Misión Territorial en nuestra patria que está necesitando con urgencia volver al evangelio y a su raíz profundamente católica como nación. Cada familia católica está llamada a convertirse en “iglesia doméstica misionera”, comunidad familiar que pone su centro en Jesucristo y vive el evangelio cada día.


Y hoy domingo 5 de octubre el Santo Padre Francisco abre el Sínodo de la Familia bajo el lema “Los retos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización” en Roma. El sínodo es una reunión de obispos y laicos que examinarán justamente lo que indica el lema señalado por el Papa Francisco. Nosotros oraremos y estaremos atentos al desarrollo de este importante evento pastoral, ya que la familia es la primera en humanización y evangelización.


Pasemos a reflexionar y contemplar la Palabra de Dios de este domingo que, como se habrán fijado, el tema de la viña es el enlace entre la lectura profética y el evangelio. El salmo 79 es una hermosa imagen de Israel como una vid que Dios ha plantado y sin embargo, queda expuesta a ser pisoteada y devastada por los enemigos.


La primera lectura del profeta Isaías, tomada del capítulo 5 bajo el título Canto a la viña, nos ofrece la imagen de la viña, una imagen muy familiar para Israel. La viña es parte del sustento de una familia, un pedazo de tierra cultivado con mucho cuidado. Tener una viña constituía un mínimo absolutamente necesario para sentirse vinculado a un clan. Podía ser que en la misma viña reposarán los restos de los antepasados. Entre el israelita y su viña hay un estrecho vínculo. El texto, leído en este trasfondo cultural, resalta los esquicitos cuidados de Dios para con su pueblo Israel. El texto es “un canto de amor a su viña” y recuerda todos los cuidados que Dios le ha brindado a Israel “y esperó que diera uvas, pero dio frutos agrios”. Es extraño. Dios ha hecho todo para que Israel fuera su pueblo pero en lugar de frutos de bondad hay maldad. Y esto es exactamente lo que pasa también con nosotros. Bautizados, siempre bajo los amorosos cuidados de Dios, nuestro Padre, y sin embargo, teñimos nuestra vida y nuestra tierra con el mal. En lugar de justicia hay atropellos, en lugar de amor hay odio, en lugar de paz hacemos la guerra. Dios usará la pedagogía de abandonar su viña con el fin que vuelva y por ahí surja la conversión. No siempre hacemos caso a las llamadas bondadosas de Dios y entonces es necesario experimentar el abandono. Por ahí nos volveremos a encontrar con su misericordia.


La segunda lectura de la carta a los Filipenses nos remite a las recomendaciones que hace el Apóstol San Pablo a un grupo de colaboradores en la evangelización y en la catequesis. Comienza invitándoles a diciéndoles que “No se aflijan por nada, más bien preséntenselo todo a Dios en oración, pídanle también denle gracias”. Nos parece una hermosísima recomendación también para nosotros que vivimos inmersos en tanta preocupación y muchas veces no nos faltan las aflicciones. El motivo de este llamado no es una evasión fácil como un desentenderse de las cosas; es mejor presentarlo a Dios en la oración, aprender a pedir su ayuda y a darle gracias por tantas maravillas que hace a nuestro favor. Un corazón vuelto a Dios obtiene el preciado don de la paz, suma de todos los bienes que el hombre puede aspirar a tener. La paz resguarda el corazón y los pensamientos que influyen tan fuertemente en nuestra vida. En el corazón radican nuestros afectos, sentimientos, emociones y para tener la paz hay que tener también a éstos bajo el suave dominio de la gracia de Cristo. Y con un corazón pacificado y unos pensamientos bajo la luz de la verdad el cristiano está en condiciones de captar cuánto bien hay en el mundo que todavía no ha acogido a Cristo. Un creyente no se instala en sus cosas sino que está atento a todo “cuanto es verdadero y noble, justo y puro, amable y loable, de toda virtud y todo valor”. ¿Tienes esta actitud para ocuparte de todo ese bien y belleza que hay más allá de tu mundo personal y familiar?


El evangelio de San Mateo continúa la lectura del capítulo 21, los versículos 33 a 43 la parábola de los viñadores malvados. El tema central es el crescendo de la hostilidad entre Jesús y los dirigentes de su pueblo. El conflicto ya está instalado en Mt 12, 1-12, ocasión en que Jesús expresa claramente su postura acerca del día sagrado de los judíos, el sábado y su señorío también sobre esta centralísima realidad de Israel: “El Hijo del Hombre es Señor del sábado”. Otro asunto grave es la sanación del hombre de la mano paralizada en la sinagoga, lo que genera una clara determinación de los dirigentes: “Los fariseos salieron y deliberaron cómo acabar con él”. Jesús ve cercana su muerte y sabía que hacia allá le conducía la violencia de los dirigentes del pueblo. Ellos son los primeros responsables de la muerte del inocente Jesús y esto queda muy claro en esta dura parábola. El mundo nuevo que Jesús anuncia choca con la realidad del mundo humano organizado en base a intereses mezquinos de un sistema también religioso que oprime y somete. Jesús quiere una sociedad fraterna  basada en una nueva relación entre los seres humanos, más allá de los vínculos puramente sanguíneos y carnales que configuran los clanes y grupos cerrados. Si todos aceptan el amor del Padre que se les ofrece en su propio Hijo Jesús de Nazaret entonces cada uno reconocerá al otro como “mi hermano, mi hermana, mi madre” dice Jesús. Es el conflicto entre dos estilos de vida, uno cerrado en intereses de grupos y otro abierto a la solidaria acogida de toda persona y cuyo móvil es el amor. En el primero impera la violencia y el amor egoísta. Por otra parte, la parábola contiene una amarga ironía que resume toda la historia de Israel. En efecto, el mismo pueblo elegido se ha convertido en asesino del Hijo. La consecuencia de este rechazo inusitado es también durísima: “Les quitarán el reino de Dios y se lo darán a un pueblo que produzca sus frutos”. Porque los pastores de Israel no han cultivado bien la viña preparándola para acoger al Mesías. Por el contrario se apropiaron del pueblo y deciden la muerte de Jesús porque sienten que les arrebata su control sobre la gente sencilla. Prestemos atención al terrible acuerdo de los viñadores: “Es el heredero. Lo matamos y nos quedamos con la herencia. Agarrándolo, lo echaron fuera de la viña y lo mataron”. ¿Cuántos cristianos bautizados, por su forma de vida, no están también en sintonía con aquellos viñadores malvados? Expulsan a Cristo de sus vidas y prefieren sus intereses partidistas, ideológicos, etc. Digamos: Señor Jesús, perdónanos por volver a rechazarte de tantas formas. Perdónanos por unirnos a quienes te odian, te desprecian y te olvidan.


Oremos por la Iglesia, por el Sínodo de la Familia. Un saludo fraterno.

Fr. Carlos A. Espinoza I. O. de M.