Comentario Religioso dominical

COMENTARIO RELIGIOSO
Domingo 02 de marzo 2014
OCTAVO DOMINGO DURANTE EL AÑO


                                                       
Textos  Isaías 49, 14 – 15: “¿Acaso olvida una madre a su hijo?
Salmo 61: “Descansa sólo en Dios, alma mía”
1Corintios 4, 1- 5: “No juzguéis antes de tiempo”
Mateo 6, 24 – 34: “Buscad ante todo el Reino de Dios y Dios os dará lo demás”.

 

“En una civilización paradójicamente herida de anonimato y, a la vez obsesionada por los detalles de la vida de los demás, impudorosamente enferma de curiosidad malsana, la Iglesia necesita la mirada cercana para contemplar, conmoverse y detenerse ante el otro cuantas veces sea necesario. En este mundo los ministros ordenados y los demás agentes pastorales pueden hacer presente la fragancia de la presencia cercana de Jesús y su mirada personal” (EG 169).

Son las palabras del Papa Francisco dirigidas a la Iglesia entera motivando a una respuesta más evangelizadora y misionera para nuestro tiempo. Necesitamos asumir las actitudes de Jesús frente a la realidad humana, que el Papa describe como “herida de anonimato”, “obsesionada por los detalles de la vida de los demás” e “impudorosamente enferma de curiosidad malsana”; actitudes como la mirada cercana, para acoger, contemplar, conmoverse y detenerse ante el otro como ser humano como uno son tan indispensables y urgentes para que Jesucristo nos comunique su vida en abundancia. Sin prójimo no es posible creer.

La primera lectura de este octavo domingo, correspondiente al primer domingo de marzo de 2014, es brevísima pero de honda significación. En dos versículos el profeta Isaías nos invita a meditar la profundidad del misterio de la misericordia de Dios, nuestro Padre. La imagen que nos ayuda a complementar la visión de Dios es la de la madre. Contrasta la imagen con una fuerte afirmación de Israel contra Dios: “Me ha abandonado Dios, el Señor me ha olvidado”. Es una ofensa que no sólo está en los labios de Israel, por desgracia. También está en nuestros labios en muchas ocasiones. Expresiones como “Dios me castigó”, “Dios se ha olvidado de mí”, “¿Por qué  me sucede esto a mí que soy tan bueno?”. La invitación del profeta es a considerar o contemplar la multitud de manifestaciones de la bondad y misericordia de un Dios que no se deja vencer nunca por nuestras incomprensiones y rebeldías. “Yo nunca te olvidaré” dice el Señor, aún cuando una madre humana pudiera olvidar a su criatura. La imagen es superada por la infinita bondad de Dios. Siempre Dios es mucho más que nuestras imágenes con que intentamos expresarlo. No hay que absolutizar la imagen que nos hacemos de Dios; hay que ir al encuentro de un misterio personal, del Tú Eterno de Dios, que se comunica y sale a nuestro encuentro. Nuestras imágenes de Dios son siempre complementarias, dicen y no dicen.

La segunda lectura de la primera carta de San Pablo a los Corintios nos presenta otro aspecto importante del misterio de Dios: “Dejad que venga el Señor. Él iluminará lo que se esconde en las tinieblas y pondrá de manifiesto las intenciones del corazón”. Esta es la clave para comprender la historia personal como en el caso del Apóstol Pablo y de la misma historia humana. “No juzguéis antes de tiempo” es la sabia recomendación que nos dirige hoy también a nosotros, tan dados a emitir juicios y a juzgar la vida de los demás. Ni siquiera los ministros de Cristo y administradores de los misterios de Dios como San Pablo pueden emitir juicios sobre sí mismos. Hay que dejar que sea el Señor el que juzgue, el que emita su juicio sobre nuestra vida al final de los tiempos. Entonces se conocerá la verdad en plenitud, la verdad de cada uno. Mientras tanto hay que vivir confiados y firmes en el anuncio del evangelio.

El evangelio de san Mateo, siempre dentro del marco del Sermón de la Montaña, es extraordinario. Jesús ha expresado claramente su condena del dinero y no del que lo tiene o usa. Y si condena al rico, lo hace desde la naturaleza íntima del dinero que es ser idolatría y esclavitud para quien lo absolutiza y maneja como poder. Ha dicho Jesús que la salvación de un rico, aunque difícil, no es imposible para Dios. No es delito tener dinero o usar el dinero; el problema está en el sentido e importancia que el dinero adquiere en la vida de una persona, cuando se convierte en el único objetivo vital o en la finalidad única de la vida humana. El dinero es un ídolo que ocupa el lugar de Dios cuando es lo único que se busca, se sirve, se adora, se guarda. Cuando esto pasa hemos caído en la idolatría, pecado primero que atenta contra el primer mandamiento de la Ley de Dios. Y Jesús declara que no se puede poner a Dios y al dinero en el mismo plano ni establecer la misma relación. Quien ama a Dios no puede, al mismo tiempo y con la misma dedicación servir al dinero. Jesús dirá que o es lo uno o es lo otro. La imagen de los dos señores a los que se quiere servir señala que son excluyentes, porque solo Dios es el único Señor de nuestra vida y de la Historia.

El evangelio de hoy desarrolla ambas actitudes frente a una vida preocupada en exceso por los bienes materiales y una vida que se confía plenamente en el cuidado providente de Dios, nuestro Padre. Este evangelio es una fuerte llamada a los creyentes y hombres de buena voluntad que están transformando los bienes, que son medios necesarios, en fines absolutos de la vida. El afán de tener, la idea que uno vale por lo que tiene, por lo que compra, por la cantidad de bienes, por lo que consume, es una tentación terrible en esta sociedad del consumo. El consumo nos esclaviza hasta tal punto de invertir la escala de los valores humanos por los bienes económicos. Hay necesidad de poner las cosas en su justo lugar: las personas valen por lo que son, hijos e hijas de un Dios Padre que a todos cuida. Hay que cuidar las personas más que las cosas, los bienes, etc.

Jesús no nos propone una vida de vagos perezosos. Nos señala los peligros que nos rodean si no estamos atentos a su Palabra. Nos recuerda la necesidad de poner en el centro su Reino de paz, de verdad, de justicia, de amor, de libertad. Y estas palabras se refieren a las actitudes que Jesús provoca en quienes acogen su anuncio y su novedad. Lo que tiene que movilizarnos es el mundo nuevo que Cristo quiere construir con nosotros, una nueva forma de hermandad cimentada en la paternidad de Nuestro Padre Dios “que hace salir el sol sobre buenos y malos”.

Las palabras del Papa Francisco son elocuentes y muy iluminadoras. Un saludo fraterno y no olvide que el miércoles 5 de marzo iniciamos la Cuaresma con el favor de Dios. Fr. Carlos A. Espinoza Ibacache, O. de M.