Comentario Religioso dominical


COMENTARIO RELIGIOSO
Domingo 17 Noviembre
TRIGÉSIMO TERCER DOMINGO DURANTE EL AÑO
Con María vivamos la alegría de la Fe

Ciclo C

Primera lectura: Malaquías 3, 19 – 20;
Salmo 97, 5-9;
Segunda lectura: Segunda Carta a los Tesalonicenses 3, 6-12;
Evangelio: San Lucas 21, 5-19.


                  Entramos a la recta final del año litúrgico 2013, lo que quiere decir que hemos completado un tramo más de la historia de la salvación, la que hemos vivido “desde y en la fe”, es decir, desde la profunda y renovada adhesión personal y comunitaria a la persona de Jesucristo, presente en la Palabra, en los sacramentos, en la Iglesia, en el corazón del mundo y en cada bautizado. Estamos invitados a hacer un balance espiritual, a evaluar nuestro camino andado en este 2013. No nos debe extrañar entonces que la celebración de hoy nos recuerde, con fuerza y sugerentes imágenes y palabras, que la historia nuestra, la terrena, llegará a su fin, se acabará como todas las cosas humanas. Es un historia traspasada por la finitud, característica esencial del hombre peregrino, aunque quiera disimularlo con “encantamientos” igualmente efímeros, pasajeros, finitos. Nuestra historia también será juzgada finalmente por el Señor de la Historia, el Eterno e Inmutable Dios Padre y Creador de todas las cosas.


                  Te invito a entrar en el mensaje de la Palabra de Dios, ese pan sabroso que nutre nuestra fe, esperanza y caridad en este presente en el que caminamos hacia la meta definitiva.


                  La lectura del profeta Malaquías, brevísima en extensión y profunda en contenido, nos advierte que el juicio definitivo de Dios está a la puerta, a punto de manifestarse. La imagen sugerente del fuego “abrasador como un horno” es bastante frecuente en los profetas como por ejemplo en Isaías 10, 16 “y debajo de su esplendor hará (Yahvé Sebaot) estallar un incendio como de fuego”. Este juicio de Dios es condenatorio para los arrogantes y malvados de la tierra, es decir, los que olvidándose de Dios establecen en la tierra su dominio y atropellan a los pobres. Pero será también salvador para quienes se mantienen fieles al Señor como discípulos. Interesante es la promesa acerca del futuro: “Os alumbrará el sol de justicia con la salud en sus rayos”. Es un anuncio del Mesías que aplicamos a Cristo a quien llamamos “Sol de lo Alto que viene a visitarnos”.


                  La segunda lectura de la segunda carta de San Pablo a los Tesalonicenses, nos pone en contacto con un conjunto de exhortaciones muy actuales. Un llamado urgente nos hace el Apóstol:”Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma”. Es la regla de oro del trabajo cristiano. Un ejemplo es la vida misma de Jesús y por cierto del Apóstol San Pablo y de todo verdadero seguidor del evangelio. Hay  que ganarse el pan con el sudor de la frente, es decir, con entrega, responsabilidad y sacrificio. Vale la pena pensar si ciertas formas de ayuda a los necesitados no son más que un asistencialismo pernicioso, cuando no generan posibilidades de desarrollo en el necesitado sino dependencia y paternalismo. “Trabajen en paz para ganarse su pan” concluye el texto como una exhortación en el Señor Jesucristo. El trabajo es fuente de santificación si lo hacemos por amor a Dios y al prójimo. La flojera o pereza  es uno de los pecados capitales, un enemigo de nuestra felicidad. Se combate instalando el sentido de la laboriosidad, del amor y entrega a la tarea, a los deberes de estado, al cumplimiento de las responsabilidades. Pero no siempre estamos educando y formando en esta línea. Hay papás que se convierten en trabajólicos con la pretensión de darle todo a los hijos; incluso les hacen las tareas y de esta manera están produciendo un efecto espantoso para la sociedad. Todos debemos aprender a trabajar desde las tareas más sencillas hasta las más delicadas y difíciles. El trabajo nos hace “co-creadores”, colaboradores de Dios en la creación.


                  El evangelio de hoy es una invitación a mantenernos fieles al mensaje en cualquier momento de nuestra existencia. El mensaje está referido al hecho histórico de la caída y destrucción de Jerusalén en el año 70 de nuestra era cristiana. Veamos brevemente:


                  La escena está situada en el templo. Ante la admiración que provoca la belleza del templo en los oyentes, Jesús replica con una sentencia: “De esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra, ni una que no sea destruida”. Se cierra esta introducción con una pregunta de la gente acerca del cuándo ocurrirá y qué señales acompañarán este evento de destrucción.


                  Los oyentes son personas indeterminadas: “Como algunos hablaban del Templo..” En cambio en la versión de San Marcos se centra en los discípulos: primero uno y luego Pedro, Santiago y Juan.


                  La belleza del templo se refiere al edificio construido por Herodes el Grande, decorado de lujo y con las ofrendas votivas por las victorias del rey. Este fue el templo que frecuentó y conoció Jesús. Era un templo suntuoso y de lujo, de tal modo que las palabras de Jesús resultan un balde de agua fría cuando anuncia su destrucción. El templo ofrecía seguridad a los judíos:  suntuosidad del edificio y  magnificencia de los ritos y ceremonias que allí se celebraban así lo aseguraban. Pero era una seguridad falsa, como lo denuncian continuamente los profetas.


                  La respuesta de Jesús. No habla de “señales” sino de acontecimientos. Lo primero la efervescencia mesiánica en el sentido que muchos usurpan el nombre, la persona de Jesús y anuncian que “el tiempo está cerca”. Por lógica la llamada es a no prestarle atención ni seguirlos. La segunda “no señal” es el tema de los fenómenos sociales y naturales como guerras, luchas y revoluciones, terremotos con sus secuelas normales de peste, hambre.. no son señales de un nuevo tiempo sino secuencia normal de la historia humana. Resulta más una advertencia a no tomar estas cosas como “señal” de la inminente venida de Cristo. La tercera señal que no es tal son los fenómenos celestes, nada extraños en la historia social de los pueblos, pero que se nos advierte no son señales de que “el tiempo está cerca”.


                  Los acontecimientos que no indican el tiempo de estas cosas son hechos históricos como las persecuciones de parte de las autoridades civiles y religiosas contra los cristianos. La persecución religiosa no indica que estamos en el “cuando” de la venida de Cristo; es un hecho normal en la historia del pueblo de Dios. En medio de las acusaciones y tribunales, los afligidos seguidores de Jesús experimentarán su presencia como el Resucitado que los asiste en esos momentos.


                  ¿Cuál es el mensaje entonces? “Gracias a su perseverancia salvarán sus vidas”. He ahí la clave de este evangelio. Los discípulos quedan invitados a estar alertas y llenos de esperanza a seguir edificando un mundo mejor con el evangelio.


                  El Señor nos bendiga y nos guarde. Fr. Carlos A. Espinoza Ibacache, mercedario