Comentario Religioso dominical


COMENTARIO RELIGIOSO
Domingo 03 Noviembre
TRIGÉSIMO PRIMER DOMINGO DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO 

Ciclo C

Primera lectura: Sabiduría 11, 22 – 12,2: “Tú amas todo lo que existe”.
Salmo 144: “Bendeciré al Señor siempre y en todo lugar”.
Segunda lectura: Segunda Tesalonicenses 1, 11- 2,2: “Que Dios los haga dignos de su llamado”.
Evangelio: San Lucas 19,1-10: “El Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”

                  Entramos al mes de noviembre con dos significativas fiestas: Todos los Santos y la Conmemoración de Todos los Difuntos. Ambas tienen un hondo contenido humano y divino. Mientras la primera nos une a la muchedumbre incontable de hombres y mujeres que ya gozan de la eterna felicidad junto a Dios, la segunda nos hace mirar nuestra condición humana mortal pero traspasada por el misterio de nuestra feliz resurrección final. Ambas festividades nos recuerdan que la vida nuestra tiene un sentido trascendente, maravilloso y eterno. La primera nos invita a renovar nuestro compromiso con la esencia de la vida cristiana, es decir, con la santidad bautismal, la segunda nos invita a renovar nuestra esperanza en la vida eterna. Es, pues, un estupendo comienzo de este mes que, además tiene la magia de envolvernos en la atmósfera espiritual del Mes de María. ¿Lo dejaremos pasar sin pena ni gloria? Ojalá que no. Que podamos abrir nuestra vida, tan materializada y estrecha, a la renovadora gracia de Dios con los Santos, con nuestros hermanos que ya partieron y con María, Nuestra Madre.


                  La Palabra de Dios nos invita a realizar uno de los pasos más esperados como es la conversión sincera del corazón y de la vida. Veamos cómo nos interpela en este domingo 31° del año litúrgico 2013.


                  Primera lectura. El pasaje del Libro de la Sabiduría es considerado “uno de los más bellos y sugerentes del Antiguo Testamento: escuchar que Dios es “amigo de la vida” reconforta el corazón y nos asegura que, más allá de cualquier tribulación siempre hay lugar para la esperanza”. Esto es más fuerte si consideramos que el contexto en que se sitúa nuestro texto se refiere a una serie de castigos de Dios contra los egipcios, aunque el autor luego se detenga a reflexionar sobre la moderación de Dios en castigar. Dentro de las razones de esta moderación divina se encuentra el texto de nuestra primera lectura de este domingo. Dios muestra su amor a los hombres y a todas las cosas creándolas y conservándolas. Nada ha creado si no lo hubiera amado y nada conservaría en su providencia si no lo siguiera amando. Precisamente por ese amor a la vida cuyo origen es el mismo Dios es que reprende al que cae en el pecado y lo amonesta “para que se aparten del mal y crean en Ti, Señor”. Porque todo lo ha hecho por amor Dios es “indulgente con todos” porque todo es suyo, “Señor que amas la vida”. En síntesis, el hombre y el universo aparecen envueltos en la bondad amorosa de Dios, que los ha llamado a la vida y los conserva. ¡Maravilloso, Señor, tu amor y tu misericordia!


                  Segunda Lectura. San Pablo enfrenta una preocupación de la comunidad cristiana de Tesalónica acerca de la inminencia de la Venida de Cristo o “Parusía”. El asunto era motivo de preocupación y desaliento entre los cristianos, dados como todo ser humano al “rumor” y al desconcierto. “No se dejen perturbar fácilmente ni se alarmen” es el consejo que el Apóstol les hace. Agrega que no hay que dar crédito a supuestos anuncios proféticos o por palabras o cartas que pretendan fijar el día y fecha de la Venida del Señor. La historia es testigo que nunca faltan estos “rumores” de calamidades atribuidas a Dios. La advertencia de Pablo sigue siendo válida para cristianos asustados y débiles en la fe.


                  El evangelio. El Señor nos sorprende, aparece cuando menos se piensa. Es la experiencia de Zaqueo, este jefe de publicanos, hombre adinerado, que salió a la calle para ver pasar a Jesús, sin siquiera imaginar la “sorpresa” que el Señor le tenía preparada. Zaqueo fue sorprendido por la palabra y el gesto inaudito de Jesús. Sin embargo, ambas cosas conducen al jefe de publicanos a entrar en el camino de la conversión, de tal modo que pasó de ser “pecador público sin remisión” a “hijo de Abrahán”, “ hombre salvado”. El episodio que nos narra San Lucas se encuentra al final del viaje de Jesús a Jerusalén con el prepara el acontecimiento de la muerte y resurrección de Jesús.


                  Ahondemos un poco más. Zaqueo “era bajo de estatura”, no sólo física sino también moralmente. Sin embargo, vence esos obstáculos y logra su objetivo que “ver pasar a Jesús” entre la gente. Se sube a una higuera y desde allí quería cumplir con su deseo. No basta con ser llamado a ser cristiano y confiar todo a la gracia redentora de Cristo. Hay que responder humana y espiritualmente, hay que vencer los obstáculos y poner todos los medios para ir a Jesús y convertir la vida malhecha.


                  Lo más inaudito es la palabra de Jesús: “Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa”. Hasta aquí no ha habido ninguna palabra o gesto de arrepentimiento de parte de Zaqueo; Jesús se le adelanta con un gesto de absoluta gratuidad y amor. Así lo entiende el sorprendido Zaqueo que “bajó rápidamente y lo recibió con alegría” en su casa. No faltó la reacción inmediata convertida en murmuración contra Jesús por alojarse en casa de un pecador. Siempre es poco comprendido el proceder de Dios hacia los pecadores. No faltan “los que se creen mejores que los demás”.

                  Una respuesta comprometida. “Señor, yo doy la mitad de mis bienes a los pobres” ha dicho públicamente el jefe de los publicanos y con resolución. Jesús no dejó de valorar semejante valentía: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa”. Palabras y gestos, palabras y compromisos es lo que nos está haciendo mucha falta. Es la estupenda lección del Papa Francisco y de la multitud de cristianos que se arriesgan a creer y a vivir lo que creen.


                  Que el Señor nos bendiga y que no olvidemos que Cristo “vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido”. Y ahí hemos estado nosotros en primer lugar.                                   
                                                 

                     Fr. Carlos A. Espinoza, O. de M.