Comentario Religioso dominical


COMENTARIO RELIGIOSO
Domingo 22 de septiembre
VIGÉSIMO QUINTO DOMINGO DURANTE EL AÑO  –  EN EL AÑO DE LA FE

Ciclo C

Primera lectura: Libro de Amós 8,4-7.
Salmo 113(112),1-2.3-4.5-6.7-8
Segunda lectura: Primera Carta de San Pablo a Timoteo 2,1-8.
Evangelio: San Lucas 16,1-13.

 

Te ruego, hermano, que ante todo se hagan oraciones, plegarias, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres, y en particular, por los jefes de Estado y las demás autoridades, para que podamos llevar una vida tranquila y en paz, entregada a Dios y respetable en todo sentido”.

            Estas son las palabras que escuchamos en la Segunda Lectura que nos propone la Liturgia de la Palabra para este Domingo XXV del tiempo ordinario, la cual junto a todo el mensaje de la Sagrada Escritura de este día, en nuestro contexto chileno, resuenan sin duda con mucha más fuerza. Es el llamado que el apóstol realiza a Timoteo, en el entendido que el mensaje de la Buena Noticia, no se trata de una realidad que supera nuestra temporalidad o que se debiese comprender como un discurso de aliento meramente espiritual, sino todo lo contrario, el mensaje evangélico que Jesucristo nos revela, pone de manifiesto lo que significa ver y vivir a Dios inmerso en la historia, en nuestra historia. Pues si el propósito de Dios es que “todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”, en ese “todos” nadie está excluido, somos todos integrantes de un proyecto inmenso y maravilloso, el proyecto del amor salvífico de Dios. Es el proyecto que nos invita a todos a una realidad nueva, la vida en Dios. Es por ello que oración y plegaria ha de hacerse con más fuerza y constancia, no por un tema de requisito para que Dios lleve adelante su obra, sino por un llevar al hombre a un entendimiento más consciente de esta realidad. Es por esta razón que las autoridades, jefes de estado o bien todos los que de alguna manera somos responsables en la construcción de una sociedad, tenemos necesidad de orar a Dios, pedir a Dios unos por otros. ¿No es acaso responsabilidad mía pedir por la autoridad de mi país? ¿no es mi hermano o hermana la que tiene en sus manos grandes decisiones y por eso yo también me hago parte?

            Que elocuencia la del apóstol Pablo para entender y llamar al entendimiento de lo que verdaderamente significa una sociedad más justa y fraterna; aquella que hace parte el compromiso de unos por otros, pero que tiene su inicio en la oración y la plegaria, como vinculación más eficaz del compromiso desde Dios.

            Estos días de celebraciones dieciocheras, sin duda nos alegran y  hacen que el compartir se haga una realidad a la vista de todos. Nos congregamos con los amigos o con la familia para celebrar nuestra independencia, pero sin duda en ello se mezclan también otros motivos para dar vida y alegría a nuestra patria. Pues bien, que sea también la ocasión para pedir a Dios el sustento de esa alegría, para orar a Dios para que sea su proyecto el que nos vincule a todos y no nos dejemos llevar por promesas parciales y fragmentarias, que no hacen sino contentar proyectos ideológicos y partidistas, pero siguen dejando a muchos con la consecuencia de alegrías pasajeras; descontentos y frustraciones, son muchos los que siguen implorando justicia y equidad. ¿Podemos dejar que tanto por ganar en Dios, pierda su espacio para dejar que ganen dioses de nuestros días? En este sentido que el reclamo del profeta Amós, el cual escuchamos en la Primera lectura sea también el reclamo de nuestra conciencia, pues Dios no olvida ninguna de nuestras acciones.

            Un tema que también y de forma extraordinaria nos coloca sobre la mesa el Evangelio de este Domingo es el de la justicia y fidelidad. La parábola en boca de Jesús no es sino un llamado con gran fuerza a vivir nosotros, como les invitó a vivir a los discípulos, esa vida de justicia y fidelidad aún en medio de las dificultades, aún en lo que no aparece en los medios, o incluso cuando parece que no seremos beneficiados, en todo “vivir la justicia y la fidelidad”.

Sería un extenso listado el que nos podría servir para detallar el cómo hoy en día esto se nos hace muy difícil, no es para nadie desconocido que hay valores que en nuestro tiempo pareciera que no tuviesen relevancia, ni mucho menos eficacia: ¿para que me sirve esto si…? ¿pero mira si el actuó de ese modo… entonces yo hago lo mismo? ¿si nadie me ve…? ¿qué provecho puedo sacar…?, sin embargo ese no puede ser el motivo para perdernos, es el mismo Jesucristo quien hoy nos habla al corazón “ser fieles” aún en lo poco. Esa experiencia de salvación que es ofrecimiento gratuito para todos, eso que “ya es nuestro”, todavía necesita aplicarse y vivirse en la vida que desde la fidelidad y la justicia quiere hacerse acogida y espacio para Dios.
Que Dios les bendiga.

                                               P. Ramón Villagrán Arias O. de M.