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Comentario Religioso dominical


COMENTARIO RELIGIOSO
Domingo 11 de agosto
DÉCIMO NOVENO DOMINGO DURANTE EL AÑO  –  EN EL AÑO DE LA FE

Ciclo C

Primera lectura: Lectura del libro de la Sabiduría 18, 6-9
Salmo 32, 1 y 12. 18-19. 20 y 22
Segunda lectura: carta a los Hebreos 11, 1-2. 8-19
Evangelio: San Lucas 12, 32-48

 

Este domingo las lecturas de la liturgia nos ofrecen variados y profundos puntos a reflexionar, quisiera quedarme con sólo dos. El primero lo tomamos de la lectura del libro de la sabiduría.


En ella nos dice este texto que el pueblo de Israel tenía ánimo al conocer la certeza de la que se fiaban. ¿De qué certeza estamos hablando?, sin duda de una que se corrobora en la experiencia histórica del pueblo liberado de la esclavitud de Egipto, es desde allí, donde es posible fiarse de aquel que ha prometido la salvación. Salvación que el pueblo es capaz de entender en la perspectiva de “esperar la salvación de los inocentes y la perdición de los culpables”.


¿No es acaso este un anhelo que acompaña siempre al hombre?, esperar que las cosas cambien, que la justicia se haga presente, que los inocentes sean reivindicados. Pero descubrimos que muchas veces son más bien lo inicuos y culpables los que parecen triunfar. Por lo tanto, es válido que nos preguntemos: ¿podemos fiarnos en alguien que pueda cambiar las injusticias del mundo?.


El texto de la segunda lectura, de la carta a los Hebreos nos señala que la fe es “seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve”. Esperamos no en una idea o ideología, que si bien nos pueden dar respuestas que intentan explicar la realidad, no pueden llenar ese anhelo de plenitud que nos lleva a desear creer.  ¿Nos fiamos de ideas o mas bien de una persona?.


Sabemos que en Cristo, el único salvador, las respuestas del hombre son contestadas, no sólo como nos dice Lumen Fidei, por ser quien es, sino también por que en Él cada uno de los creyente repite la experiencia de fiarse del Padre, de su palabra.


En cada uno de nosotros como nos recuerda el salmo 32, se posan los ojos del Señor, pues por lo mismo nos podemos fiar que Él es nuestro auxilio y escudo, nunca deja de atendernos con el despliegue de su misericordia.


Importante es entonces en este domingo, descubrir de qué estamos hablando cuando nos referimos a la experiencia de fe. Fundamentalmente de fiarnos en alguien, que nos promete y del cual hemos corroborado su acción salvadora. Cristo es por lo tanto, ese fundamento que llena de sentido y responde las preguntas que muchas veces las situaciones de la vida nos pueden llevar a no saber cómo responder. Cristo el fundamento y de quien nos fiamos.

El segundo punto que quisiera tomar, dice relación a la lectura del evangelio, en que si bien son muchos los aspectos interesantes, hay uno que me interesa y que dice relación con la actitud que deben tener los discípulos: “Tened ceñidas las cinturas y encendidas las lámparas”. Es indudable que Jesús hace referencia a cómo se debe estar aguardando la llegada del salvador.


Características de esta llegada es que será de improviso, así como un ladrón no avisa al entrar a una casa, tampoco el Señor cuando venga nos advertirá. Unido a esto, los discípulos tendrán que estar atentos, sin posibilidad de dormirse o vencerse por el sueño.


Pudiéramos decir, que muchas veces en la noche de nuestro mundo, la oscuridad de nuestros problemas nos pueden llevar a quedarnos dormidos, a desfallecer y a perder la esperanza. Sin embargo, esas lámparas encendidas que no son sino las obras de la fe y la experiencia creyente, nos permitirán iluminar toda tiniebla.


Si nos descuidamos, como le pasa al personaje de la parábola, corremos el riesgo de olvidarnos de los hermanos (por eso el maltrato, ya no son sino cosas) y de no tener presente que no es en “borracheras” (ideologías embriagantes) donde encontraremos el sentido a nuestras vidas.
Hoy el Señor nos invita a fiarnos de Él, a reconocer que en su palabra, ratificada en la historia de un pueblo liberado, podremos esperar contra toda esperanza y saber que nuestro Dios nos sentará a la mesa y celebrará con nosotros el banquete eterno.

Fr. Ricardo Morales Galindo.