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Comentario Religioso dominical


COMENTARIO RELIGIOSO
Domingo 04 de agosto
DÉCIMO OCTAVO DOMINGO DURANTE EL AÑO  –  EN EL AÑO DE LA FE

Ciclo C

Primera lectura: Eclesiastés 1, 2; 2, 21-23
Salmo 89
Segunda lectura: Colosenses 3, 1-5. 9-11
Evangelio: Lucas 12, 13-21

 

Hoy en el mundo hay muchos países que sufren crisis económica, el desempleo, las hipotecas que se ejecutan, los deudores que no pueden cumplir sus compromisos, son sólo algunos ejemplos de lo que esta sucediendo en varias naciones, producto de dificultades en las finanzas públicas.


Encuentros mundiales, grupo de los 7, de los 20, Banco Mundial, Fondo monetario internacional, pretenden dar solución a una problemática que no sólo toca a la economía, también a la sociedad y la política. Hemos sido testigos como gobiernos han caído a causa de estos trances.


En Chile, no estamos ajenos a los problemas económicos del mundo, así por ejemplo, el precio del cobre ha disminuido por que nuestros compradores chinos están demandando menos.

¿Cómo entender la palabra de Dios de este domingo en este contexto? El hombre de la parábola del evangelio de hoy nos resulta muy parecido a cuanto tecnócrata economista que podemos ver por los medios de prensa. ¿Cuántos discursos parecen entender la realidad humana como una plaza de mercado? No niego la realidad económica como importante en una sociedad, pero, ¿podemos colocar al ser humano sólo como una variable económica o estadística?


Pareciera que nuestras seguridades pasan más por los bienes o recursos que podamos acumular, que por un acopio en valores o principios que coloquen al ser humano en el centro.


El mismo Jesús nos lo dice en el texto de hoy: “aunque se nade en la abundancia, la vida no depende de las riquezas”. ¿No es acaso esta la conclusión de tanto “indignado” por el mundo que pide una sociedad donde el mercado nos sea la última palabra? ¿Qué está detrás del discurso por el fin del lucro?¿somos estudiantes o clientes?


Sin duda, al acercarnos al texto del evangelio, descubriremos que Jesús no desecha la  petición de quien le pide volverse árbitro de un asunto patrimonial, por que no le interesa el mundo de lo “económico” o material. Jesús no resuelve la solicitud por que ve,  en el corazón de su interlocutor, entender la vida con “avaricia”, es decir, acumular bienes en beneficio propio que terminan olvidando lo importante.


Interesante es notar que el acento en el texto está en “atesorar para si”, produciendo en la persona un volcarse sobre sí misma, siendo incapaz de buscar los bienes que permiten hacerse rico ante Dios.


¿Cómo nos hacemos ricos ante Dios?, para responder pienso que hay que mirar las bienaventuranzas, es decir, el proyecto vital que encarnó Cristo y del cual todos nosotros somos invitados a vivir en cada una de nuestras realidades. Quedándonos con las del evangelio de Mateo 5, 3-12, tendremos esas claves hermenéuticas que nos llevan a colocar en su dimensión, las condiciones del discípulo de Cristo. Bienaventurados los pobres, los mansos, los que buscan justicia, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, etc. ¿No son acaso las “dichas” que reclaman tantos en nuestro mundo, cuando parece que valemos por lo que tenemos, por la cuenta corriente o el barrio en que vivimos?
¡Cuanta pobreza en medio de tanta suficiencia!, hoy el evangelio nos interpela, y nos invita a actuar en consecuencia.


Desde la carta a los Colosenses recordamos que nos hemos comprometido, desde nuestro bautismo, a llevar una vida que necesariamente es vida nueva, vida renovada en Cristo. Y el libro del Eclesiastés, viene como voz que recoge toda la sabiduría humana a preguntarnos: ¿En quién o en qué tienes puesta la confianza?.  A veces descubrimos que después de tanto trabajo, nuestra verdadera y única riqueza son las personas que Dios ha puesto a nuestro lado. ¿Cuántos padres de familia, honestamente, se afanan por dar las mejores cosas a sus hijos olvidando que lo más importante son ellos mismos?.


Invitación tenemos para revisar nuestra relación con el dinero y las cosas. Con tristeza tenemos que reconocer que muchas veces nos sentimos seguros y confiados en los bienes que tenemos, sin darnos cuenta que la única certeza y seguridad de nuestra vida es el mismo Dios.


Termino, al igual que el domingo pasado, con un hermoso poema de Benedetti, que nos ayuda a profundizar  en esas verdades que no se deben olvidar.

Fr. Ricardo Morales Galindo. O. de M.

MIENTRAS TANTO

Nada es después de todo tan seguro
como que un día llegará el final
mas como uno vive todavía
al menos por ahora hay que salvarse
hay que meter amor en la mochila
y andar por el futuro imaginario

es entonces que las urgencias ceden
y uno tensa los músculos del alma
mira el alrededor con desparpajo
y se piensa inmortal por un ratito

la buena sangre es como un testamento
y el corazón nombra sus albaceas
todo queda arreglado y uno puede
en cada siesta introducir la paz

nos iremos al fin / pero aquí estamos
con todas las caricias en la mano
otra piel las recibe agradecida
y agradecemos esa gratitud.