Recomendar       Imprimir



 

Comentario Religioso dominical


COMENTARIO RELIGIOSO
Domingo 28 de julio
DÉCIMO SÉPTIMO DOMINGO DURANTE EL AÑO  –  EN EL AÑO DE LA FE

Ciclo C

Primera lectura: Génesis 18, 20-32
Salmo 137
Segunda lectura: Colosenses 2, 12-14
Evangelio: Lucas 11, 1-13

 

Las lecturas que este domingo nos regala la liturgia, son la oportunidad privilegiada para meditar en torno a la realidad profunda de la oración en la vida del cristiano, que sin duda configura la experiencia creyente. ¿Cómo entender el seguimiento a Cristo, sino es en el diálogo permanente y vital con él?, ¿Cómo afrontar las contrariedades de la vida, sin la ayuda permanente de la oración?


Las lecturas de la misa de este domingo nos permiten obtener los elementos fundamentales de este “diálogo de amistad”, pues no se entiende la oración como un monólogo narcisista que nos encierra en nuestros problemas, más bien es la apertura a la acción del Espíritu que nos coloca en fecunda entrega y disposición de los hermanos. Lc 11, 13.

En la primera lectura nos encontramos con el texto del Génesis, es la constatación de esas actitudes tan propias de los pueblos comerciantes del desierto. Abrahán es el fiel representante de quien utiliza las mejores técnicas para convencer a su interlocutor, sabe que es en el diálogo donde se pueden conseguir los mejores resultados para una transacción. En este texto no estamos ante un negocio cualquiera, nos encontramos “negociando” la suerte de personas, lo que a nuestro entender actual no resulta para nada legítimo, sin embargo, tenemos que acercarnos al relato en la perspectiva que figurativamente el autor sagrado nos pretende colocar en la lógica de Dios.


¿De qué lógica hablamos?. Notemos el diálogo de Abrahán con Dios, refleja sencillez, humildad y paciencia, y por parte de Dios la consideración que es siempre Dios de salvación y misericordia. No dudemos que en Abrahán, eximio intercesor en el relato, se refleja por antonomasia la acción mediadora de Cristo. Desde su “kénosis”, (abajamiento) nos revela la implicación profunda con la suerte de la humanidad, que en Cristo vemos llevada a la plenitud. Por qué no pensar que las palabras de Abrahán se pronuncian también por Cristo en cada oportunidad que alguno de nosotros se acerca con fe a pedir por necesidades apremiantes, que implican vida y salvación de hijos de Dios.


Abrahán se sabe en las manos de su Señor, se dispone a la escucha y a la acción poderosa de la palabra, que desde lo mínimo, busca la salvación de otros. Quizás desde esta óptica podemos obtener luces necesarias para comprender que la oración es intercesión por otros, que nos implica obligatoriamente el salir de nosotros, el ir más allá de intereses que nos pueden encerrar en nosotros mismos. Lección poderosa que nos coloca en la línea de tantos que en la historia fueron capaces de abrirse a las necesidades de los otros y recibir por ello el apelativo de justos.


Por otra parte, Abrahán sabe que su Señor lo escucha, desde un diálogo que supone profunda confianza y amistad, ¿no fue Santa Teresa que nos dijo que la oración “No es otra cosa… sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama”.?. Hermoso desafío nos queda, en cuanto seguir profundizando en esa convicción del creyente que sabe que su diálogo con su Señor, es palabra de amor y de confianza misericordiosa.


Cristo como nos dice la segunda lectura, es el mediador e intercesor por excelencia de la humanidad, el único que podía perdonar pecados: “Él anuló el documento acusador que los mandamientos levantaban contra nosotros, lo arrancó de allí y lo clavó en la cruz de Cristo” Col 2, 13-14. ¿Cómo no renovar la confianza que la misericordia de Dios supera el juicio?.


Finalmente el evangelio, explicita esa voluntad de Jesús de mostrarse como el maestro que enseña, pero siempre desde la experiencia. Por ello el texto comienza señalándonos que Cristo se encontraba orando, cuando un discípulo se le acerca y le pide que le enseñe a orar. En nuestra vida también experimentamos esa necesidad, son muchas las ocasiones en que el corazón nos reclama “la forma” para acercarnos a un diálogo que atisbamos profundo.


Jesús nos regala en el texto de hoy las insondables palabras del Padre Nuestro, que nos darían para una extensa reflexión, pero quisiera detenerme en esta oportunidad en la historia que sigue a continuación. No olvidemos la pregunta del discípulo: “Señor, enséñanos a orar”. Frente a esta petición Cristo responde con esta parábola, que nos da las claves de la verdadera oración. ¿Nos puede quedar alguna duda de cómo debe ser esta?, ¿podemos temer de la respuesta que obtendremos?.


La oración del cristiano es por esencia “pedigüeña”, como Abrahán insiste a todo tiempo, pues sabe que hay un oído que esta atento. En el corazón del creyente esta la certeza que quien pide, recibe, quien busca, halla, y a quien llama, se le abre.


Que podamos en este domingo acercarnos con renovada esperanza, fe y confianza al oído atento de nuestro Señor, sabiendo que no hay palabra nuestra que por Él no sea escuchada. Deberemos abrirnos a la luz de su Espíritu, don que nos despliega fuera de nosotros haciéndonos capaces de reconocer las necesidades de los hermanos.


Concluyo con una hermosa poesía de Gabriela Mistral, que nos puede ayudar a dejarnos sorprender por la sencillez y a la vez insondable profundidad de la oración. Desde nuestros sollozos…la mirada misericordiosa de nuestro Señor.

“Aquí me estoy, Señor, con la cara caída
sobre el polvo, parlándote un crepúsculo entero,
o todos los crepúsculos a que alcance la vida,
si tardas en decirme la palabra que espero.

Fatigaré tu oído de preces y sollozos,
lamiendo, lebrel tímido, los bordes de tu manto,
y ni pueden huirme tus ojos amorosos
ni esquivar tu pide el riego caliente de mi llanto”.
Gabriela Mistral.

 

 

Fr. Ricardo Morales Galindo. O. de M