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Comentario Religioso dominical


COMENTARIO RELIGIOSO
Domingo 30 de junio
DÉCIMO TERCER DOMINGO DURANTE EL AÑO  –  EN EL AÑO DE LA FE

“Atravesar “la puerta de la fe“ supone emprender un camino que dura toda la vida. Este camino empieza con el bautismo”(Porta fidei 1).
Primera lectura: 1R 19, 16.19-21
Salmo 15, 1-2.5. 7 -11
Segunda lectura: Gal 5, 1. 13 – 18
Evangelio: Lucas 9, 51 – 62 


En el día de ayer celebramos la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, con toda razón considerados “columnas de la Iglesia”, cada uno vivió el seguimiento de Jesús desde su propia realidad: Pedro como fundamento de la Iglesia por su confesión de fe en Jesús como el Mesías o Cristo del Dios vivo. Pablo, convertido de perseguidor en evangelizador de los gentiles, cumplió una tarea misionera simplemente excepcional. Ambos culminan su vida, aunque en fechas distintas pero en el mismo lugar, en Roma, ofreciendo su vida por causa de Cristo. Pedro murió crucificado y Pablo decapitado. De ese modo sellaron su fe en Cristo y son para todas las generaciones cristianas un ejemplo admirable de entrega, perseverancia y compromiso hasta el fin.


                  Veamos lo que este domingo décimo tercero nos recuerda para nuestra vida cristiana, sobre todo a través de la Palabra de Dios. Siempre el Señor nos sorprende con su palabra de vida y nosotros nos dejamos sorprender por ella, para que desde lo más profundo de nuestro ser, vaya haciendo posible ese anhelado cambio de vida, esa conversión que haga nuevas todas las cosas.


                  La primera lectura de hoy del libro primero de los Reyes, uno de los llamados “Libros Históricos” de la Biblia, nos ofrece un sugerente episodio vocacional. Elías llama a Eliseo y lo unge para que sea el profeta que lo reemplace. Y ¿quién era Eliseo? Un agricultor que estaba arando en su campo. Elías además hace un gesto externo: echa su manto encima de Eliseo. El significado del manto estaba vinculado a la dignidad del profeta, un distintivo de su misión, pero también estaba la idea que el manto y el vestido en general, debido a su contacto directo con el cuerpo, hacía participar de la fuerza y de la personalidad de quien lo llevaba. En este caso, Eliseo ha sido elegido como sucesor de Elías en el ministerio profético. Finalmente es claro que Eliseo, en razón del llamado, abandona sus campos, sus yuntas de bueyes y su familia y entró al servicio de Elías. Es de notar que pide ir a despedirse de su padre y de su madre y Elías se lo concede. Ya veremos que Jesús será bastante más radical en esta exigencia de abandonar y romper con la familia para seguirlo.


                  La segunda lectura, tomada de la Carta de San Pablo a los Gálatas, nos hace una invitación siempre necesaria: “Manténganse firmes para no caer de nuevo bajo el yugo de la esclavitud”. La razón de esta amonestación es la consecuencia de una fundamental convicción del Apóstol cuando afirma que “Para ser libres nos ha liberado Cristo”. Es la clave para comprender la libertad cristiana, condición esencial del discípulo de Cristo. Nuestra vida transcurre en esa tensión que nadie deja de experimentar, la tensión entre permanecer libre y el dejarse nuevamente atrapar por los elementos esclavizadores que están dentro de nosotros. Leamos con atención este texto y nos daremos cuenta que la genuina libertad está relacionada con el amor fraterno: “servíos unos a otros por amor”. Es el amor fraterno que libera nuestra libertad del peligro del libertinaje, es decir, del “dejarse conducir por la carne” o “por las apetencias humanas”. Podemos ponerle nombre a esta “carne” y se refiere a nuestra condición humana alejada del Señor. El cristiano vive en la nueva realidad del Espíritu Santo pero no como una pacífica posesión sino como constante lucha, tensión, incertidumbre, con necesidad de discernimiento constante.


                  El evangelio de hoy, siguiendo las huellas de Jesús bajo la guía de San Lucas, nos ofrece un robusto mensaje. Se inicia con nuestro texto de hoy la subida de Jesús a Jerusalén. Camino de Misión. Es la segunda gran sección de este evangelio que abarca desde 9,51 a 19, 27. La primera sección del evangelio lucano se desarrolla en Galilea como escenario de la enseñanza y acción de Jesús.


                  La idea fundamental de esta segunda sección es la del camino o subida a Jerusalén. Es el camino que hace Jesús, no solo sino con los discípulos a quienes instruye de manera práctica acerca del camino y de la misión. Resaltemos que es Jesús el que toma la decisión de “ir a Jerusalén” desde una conciencia de que se van cumpliendo los días de su ascensión. Ha finalizado la evangelización de Galilea y ahora emprende desde una firma decisión la última etapa terrena de su misión.


                  Envía unos mensajeros delante suyo para que preparen alojamiento en un pueblo samaritano, que no lo reciben, lo que genera una reacción violenta de los discípulos al estilo de lo que hacía el profeta Elías. No lo reciben ni los reciben porque “tenía la intención de ir a Jerusalén” y los samaritanos no se tratan con los judíos, nos dirá San Juan. El episodio se cierra con la actitud de Jesús ante semejante propuesta: “Jesús se volvió y les reprendió”. La enseñanza es clara para los discípulos: deben abandonar la violencia si quieren ser discípulos de Jesús.


                  La misión debe partir siempre desde Jesús y no desde las particulares actitudes de los discípulos, porque la misión consiste en realizar el proyecto de Jesús que es, en última instancia, el proyecto del Padre que todos debemos llevar a cabo. Mensajeros de Jesús son los discípulos quienes no van en nombre propio ni por propia iniciativa: son enviados por Jesús como Él es enviado del Padre. Y las personas a las que se les ofrece el proyecto de Jesús siempre son libres de acoger o rechazar a Jesús y a sus mensajeros. La negativa de recibir a Jesús y a sus mensajeros no merece el fuego del cielo sino comprensión y respeto. El rechazo no significa que la misión se termina; hay que ir a otro pueblo. El Reino de Dios no se detiene.


                  Finalmente los discípulos están aprendiendo a llevar el anuncio desde la nueva presencia de Jesús que está ausente físicamente. Es la perspectiva de la Ascensión de Jesús que es también la de su muerte y resurrección. Su ausencia física marca el inicio de la nueva presencia de Jesús: en la comunidad de los creyentes. La misión será llevar esta nueva presencia del Señor a todas las gentes  hasta el confín del mundo. Quedamos invitados a seguir el viaje de Jesús subiendo a Jerusalén porque esto marca la ruta de la Iglesia en el mundo.


                  Un saludo cordial y fraterno. Fr. Carlos A. Espinoza Ibacache, O. de M.