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Comentario Religioso dominical


COMENTARIO RELIGIOSO
Domingo 12 de mayo
Solemnidad de la Ascensión del Señor
Jornada Mundial de los Medios de Comunicación Social.
Inicio de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos y Día de la madre.

 

Primera lectura: Hechos 1, 1- 11
Salmo 46, 2-3.6-9
Segunda lectura: Hebreos 9, 24-28; 10, 19-23
Evangelio: Lucas 24, 46-53

Celebramos dentro del hermoso tiempo pascual la fiesta de la Ascensión del Señor. Las lecturas bíblicas, el pan de la Palabra que nutre al pueblo de Dios reunido para celebrar su fe en el Señor Resucitado, nos ayudan a comprender que esta verdad de fe está profundamente unida al misterio pascual de Jesucristo y expresa la plenitud de su resurrección: el Hijo Amado del Padre vuelve al Padre y goza ya de la plenitud de vida junto a Él.


Esta fiesta nos remite a la verdad de fe que dice: “Y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre”.


Hoy estamos llamados a reafirmar esta verdad de fe y a renovar nuestro compromiso con el Resucitado y su Iglesia que debe cumplir la misión en el mundo hasta el fin de los tiempos, hasta la segunda venida del glorioso Juez de vivos y muertos. Veamos brevemente cómo la Palabra de Dios nos invita a contemplar este misterio del Resucitado.


La primera lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles es el llamado prólogo con que San Lucas, autor del tercer evangelio que lleva su nombre y de los Hechos, introduce la historia de la difusión del evangelio por la predicación de los apóstoles. Nos ofrece una apretada síntesis del ministerio terreno de Jesús y de la cual son testigos los Apóstoles; pero también son los portadores de las instrucciones que el Resucitado les comunicó antes de su Ascensión al cielo. El reino de Dios supera las fronteras de Israel y debe llegar “hasta los confines de la tierra”. Culmina con el ascenso de Cristo al Padre pero recibirán los discípulos al Espíritu Santo que les acompañará hasta la segundo venida del Señor.


La Carta a los Hebreos nos refiere, en primer lugar, la supremacía absoluta de Cristo Sacerdote frente al sacerdocio hebreo. Jesús ha entrado en el cielo para interceder por los hombres, después de haber ofrecido una sola vez el sacrificio de su propia persona para rescatar a los hombres de la esclavitud del pecado. Porque ha realizado el sacrificio redentor perfecto, Cristo juzgará a cada uno y a la historia entera en su segunda venida. En segundo lugar, la perfecta realización del sacerdocio de Cristo que nos obtiene la salvación tiene consecuencias para nosotros. Cristo “ha abierto el camino a través del velo de su carne” para que nosotros, creyendo y confiando en Él también entremos en el santuario divino, es decir, en la comunión de vida y amor con Dios para siempre. “Acerquémonos con corazón sincero, con una fe plena, purificado el corazón de todo mal del que tuviéramos conciencia y lavado el cuerpo con agua pura” es la invitación del autor de la Carta para alcanzar lo que Cristo nos ha prometido.


El evangelio de Lc. 24, 46-53 nos relata la Ascensión del Señor en muchos aspectos coincidente con lo que hemos escuchado en la primera lectura de hoy. Hay, sin embargo, detalles que se pueden destacar. En primer lugar, el texto da la impresión que la Ascensión acontece inmediatamente después de la resurrección del Señor. De este modo se resalta la unidad del único misterio de la victoria de Cristo sobre la muerte que coincide con la exaltación o “glorificación” en lenguaje de San Juan, a la gloria por obra del Padre. El texto subraya esto con la expresión “fue llevado al cielo”.


Otro aspecto a destacar es el mandato misionero. El Mesías resucitado les abre la mente a la inteligencia de las Escrituras, pues los discípulos no comprenden lo que ha sucedido con Jesús. Tenían sus mentes cerradas a la comprensión del misterio profundo de Cristo. Toda la obra terrena de Jesús obedece al designio de Dios que salva a los hombres a través de la vida y obra de su Hijo Amado, su muerte y resurrección y su ascensión al cielo. De todo esto son partícipes sus discípulos, porque la obra de Cristo no puede quedar en el anonimato de unos hechos particulares; debe anunciarse por todas partes comenzando por Jerusalén. A todos se les debe anunciar la buena nueva, Jesús el Mesías, “la conversión y el perdón de los pecados”.


Y finalmente, la ratificación de la promesa del Padre, el don del Espíritu Santo, el que acompañará a la Iglesia hasta el fin de los tiempos. “Os voy a enviar el don prometido por mi Padre”. En la perspectiva de San Lucas, la misión terrena de Jesús culmina en Jerusalén y es también aquí donde se abre el nuevo espacio para la misión de la Iglesia. Es la venida del Espíritu Santo el punto de arranque de la misión eclesial que debe llegar “a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén”.


Que el Señor en su Ascensión nos ayude a comprender las Escrituras y nos permita penetrar con Cristo en el santuario definitivo del cielo al final de nuestra vida terrena. Ahora debemos realizar la tarea que nos encomendó el Señor. La misión está comenzando y los obreros de la misión son pocos. Hay que pedir al Señor que envíe más operarios del Reino.


Un saludo fraterno y no olvide celebrar con sus hermanos el Día del Señor.
Fr. Carlos A. Espinoza Ibacache, o. de m.