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Comentario Religioso dominical


COMENTARIO RELIGIOSO
Domingo 28 de abril

5º Domingo de Pascua

 

Primera lectura: Hechos 14, 21b - 27
Salmo: 144, 8 - 13b
Segunda lectura: Apocalipsis 21, 1 - 5a
Evangelio: Juan 13, 31 - 33ª. 34 - 35

 

Como siempre, la palabra de Dios es actual, a pesar de que hayan pasado tantos años desde que fue escrita. Pero no sólo es actual, sino que puede, inclusive, ser novedad. Es así como el mandamiento nuevo que nos deja el Señor, a saber, “Ámense los unos a los otros. Así como Yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros”, es de verdad nuevo. Es cierto que el amor en sí no es nuevo, pero la forma de amar sí, pues no se nos pide sólo amar, sino amar como Jesús y vaya que nos falta por hacer para llegar a ese ideal. Basta con dar una mirada a nuestro alrededor para darnos cuenta que nuestra forma de amar es imperfecta y el ideal planteado por el Señor aun nos invita a no cejar en el deseo y el empeño por alcanzarlo, aunque también podemos ver que en algunos casos el problema no es la imperfección sino la ausencia de amor.

Resulta increíble saber que un país está amenazado por una bomba nuclear; que en otro hay un presidente que amenaza hasta con el infierno a un opositor; que en otro se promulgan leyes injustas; que en otro se ordena matar a los que piensan diferente…, todo esto da cuenta de la falta de amor. Pero esto, si bien nos impresiona, son cosas que suceden en el mundo, en lugares lejanos, sin embargo, también debiese impresionarnos lo que sucede más cerca de nosotros, con coterráneos nuestros, como por ejemplo, el hecho de que alguien pueda creer estar actuando bien al sacrificar a un bebé recién nacido para no tener descendencia; o el constatar el odio con que se tratan las personas a través de las redes sociales; o que algunos pretendan “arreglar cuentas” con armas o por medio de la venganza…

Ojalá nos fuera posible mirar también nuestra propia vida y revisarla mirándonos interiormente, teniendo presente este mandamiento nuevo, pues nos sorprenderemos.

¿Somos capaces de damos cuenta de que ponemos límites al amor, porque sólo amamos a quienes merecen nuestro amor y los amamos sólo el tiempo que merezcan ser amados? ¿Acaso Cristo ama sólo a los que merecen ser amados? Y ese amor ¿tiene límites? Sabemos muy bien que no, ya que Él sacrificó su vida en bien de todos, nos amó hasta el extremo y aun nos sigue amando, por lo tanto, así debe ser nuestro amor: generoso, desinteresado, sin fecha de vencimiento... El amor no consiste en quererse y pensar sólo en si mismo, eso se llama egoísmo o individualismo.

Los ideales son posibles, más aun sabiendo que contamos con la ayuda de Dios para alcanzarlos. Por ello, es posible mirar la imagen del libro del Apocalipsis como una verdadera profecía. Entonces, y de acuerdo a esta visión, es urgente ponerse a trabajar para hacer vida el mandamiento nuevo, de modo que como nos ha dicho el Señor en el Evangelio, seamos reconocidos por el amor con que nos amamos.

Pidamos, al Señor que nos ayude a amarnos como Él nos ama; que podamos ser sus discípulos, anunciando con nuestro testimonio, y sin desfallecer, que Él es Amor, para poder alcanzar la Jerusalén del cielo, en donde Dios hará nuevas todas las cosas.

 

 

 

Fray Pablo Gamboa Cáceres
Mercedario