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Comentario Religioso dominical


COMENTARIO RELIGIOSO
Domingo 07 de abril

2º Domingo de Pascua – De la Divina Misericordia

 

Primera lectura: Hechos 5, 12 - 16
Salmo: 117, 2 - 4. 22 - 27
Segunda lectura: Apocalipsis 1, 9 - 13. 17 - 19
Evangelio: Juan 20, 19 - 31

 

¿Qué es lo que más recordamos del evangelio de este domingo? Llama la atención que, si no todos, al menos la mayoría recuerda o a Tomás o el “ver para creer” que el mismo pronunció. Pero ¿es de verdad esto lo más importante?; ¿estará ahí el acento de lo que celebramos este 2º domingo del tiempo de Pascua? Ciertamente que no. Sabemos que lo más importante o el centro de esta celebración es el Señor Resucitado, el mismo que se aparece a los apóstoles para que se conviertan en testigos de su resurrección.

Cuando Tomás manifiesta su incredulidad, no es que no haya creído en absoluto que el Señor había resucitado, tampoco es que haya desconfiado de sus hermanos. En realidad, simplemente estaba manifestando su profundo deseo de experimentar la cercanía del Señor resucitado. No se puede negar que Tomás de verdad quería ver y tocar como lo dice, pero no es menos cierto que como él no estaba en el momento en que el Señor se les apareció a los apóstoles, se sintió en desventaja.

Hay un detalle del que podemos darnos cuenta, y es que, quienes pudieron experimentar al Señor resucitado, fueron quienes “estaban reunidos”, quienes estaban en comunidad, precisamente porque es en comunidad donde se puede tener la experiencia cristiana, ya que el mismo Cristo dijo a los discípulos en algún momento: “donde dos o tres están reunidos en mi nombre, Yo estoy ahí, en medio de ellos”, y Tomás no estuvo en la comunidad sino hasta una semana después, lugar en el que se produjo el anhelado encuentro y recibió la por nosotros conocida reprimenda de parte del Señor.

Si nosotros queremos recibir o experimentar al Cristo en nosotros mismos, en nuestra vida, debemos hacerlo necesariamente en comunidad, ya que la fe se vive en comunidad. De hecho vemos cómo los discípulos habiendo visto al Señor, luego de la resurrección y habiendo recibido al Espíritu Santo, no sólo sienten la paz que el mismo Cristo les quiere infundir, sino que también reciben el encargo del anuncio, ya que lo que el Señor expresa es su deseo de que así como Él fue enviado, también nosotros nos sintamos enviados por Él, de modo que muchos lo conozcan, amen y sigan. Pero qué sentido tendría anunciar al resucitado sino es para reunir en torno a Él mismo a los creyentes? Y ¿cómo se llama la comunidad de los creyentes? Iglesia. Pues bien, es aquí donde descubrimos que de verdad el deseo de Dios es éste, a saber, hacernos miembros de una sola Iglesia, una única Iglesia que alimenta y sostiene la fe de sus miembros, que custodia y anuncia la Buena Noticia que asegura a los creyentes la participación en la misma resurrección que alcanzó el Señor Jesús con su obediencia.

Por lo tanto, concientes de que debemos alimentar nuestra fe, vivirla en comunidad y concientes de que debemos compartirla para que otros también crean y se salven, tengamos al Señor Resucitado como el centro de nuestra vida y aprendamos de Tomás que reconoció en el resucitado al único y verdadero Dios y Señor que dio su vida por nosotros para que tuviésemos vida en abundancia.

Que el Señor nos ayude a creer y ser testigos fieles de la Buena Nueva, de modo que, como en los inicios de la Iglesia, a causa de nuestro anuncio y nuestro testimonio coherente, la comunidad de los creyentes crezca cada día e ilumine nuestra sociedad.

 

Fray Pablo Gamboa Cáceres
Mercedario