Comentario Religioso dominical

Domingo 03 de Febrero de 2013

Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario

Lecturas:                                                                       
Primera lectura: Jer 1, 4-5. 17-19;                                                                                
Sal 70, 1-6. 15-17;
Segunda lectura: 1Cor 13, 4-13;                                                 

Evangelio: Lc 4, 21-30         

Profeta: un testigo del amor de Dios.

Durante esta primera parte del tiempo común, la liturgia nos ofrece la oportunidad de conocer quién es Jesús; así los primeros domingos del año, en este ciclo C en que leemos el evangelio de Lucas, nos vamos encontrando con el Señor en quién “hoy  se cumplen las Escrituras” (domingo pasado) y desde allí lo vemos con su “Buena Nueva” que es mensaje profético universal (IV domingo).

Pareciera ser que el tema central de este domingo es el profetismo, y nos podemos preguntar ¿qué significa ser profeta?, para responder a ello la primera lectura resulta clarificadora. El profeta es aquel escogido por Dios, llamado desde siempre. Así lo experimentamos también nosotros el día de nuestro bautismo cuando al ser ungidos fuimos consagrados sacerdotes, profetas y reyes. El profeta, como todo bautizado es también un enviado. Se trata, sin duda, de un ministerio peculiar, el profeta es conducido para ser un signo, para anunciar y también denunciar.

Muchos ejemplos tenemos en los profetas de las Escrituras, generalmente el profeta es incomprendido, su tarea casi siempre terminará con el rechazo incluso de sus más cercanos, pero se comprende que quien sostiene finalmente al profeta es Dios mismo, Dios es la fortaleza del profeta frente a la adversidad, el profeta es un signo de Dios.

Hoy en día suele repetirse muchas veces situaciones como las vividas por lo profetas en el Antiguo Testamento o como lo que acontece con Jesús en el Evangelio. Que aquellos que escuchan al profeta pasen de la admiración a la crítica, y de allí al escándalo y el rechazo. “¿No es éste el hijo de José?”. Esto puede parecer una crítica muy común, como cuando alguien dice ¿quién eres tu para decirme qué debo hacer?, sin embargo el mensaje teológico del texto va más allá, el escándalo precisamente tiene que ver con la tensión que surge entre aquellos Nazarenos, paisanos de Jesús y el mensaje cristiano: la Buena Nueva anunciada es para todos especialmente para los pobres y cautivos.

La actitud que vemos reflejada en los judíos que quieren apedrear a Jesús es la de aquellos que no logran comprender la inmensa gratuidad de Dios, su amor universal. San Pablo logrará expresar espléndidamente la verdad que existe detrás del mensaje cristiano con su llamado himno del amor que hoy escuchamos en la segunda lectura de la misa. Nada más perfecto que el amor, ese es el motor de la evangelización, del profetismo y del anuncio mesiánico de Jesús. La tensión de la cual hablábamos se produce precisamente por que el criterio fundamental que trae la buena nueva es el del amor y no el criterio que pueden haber tenido los paisanos de Jesús como pretender tener derechos sobre el mesianismo por  pertenecer a un pueblo, o por practicar un determinado rito, o por hacer tal o cual cosa incluso muy buena y santa… todo aquello, incluso aquellas actos más heroicos si nos falta el amor, nos dice la carta a los Corintios, “no sirve para nada”.

Fray José Antonio Leiva, o. de m.