Comentario Religioso dominical

Domingo 20 de enero de 2013

2º Domingo del Tiempo Ordinario

Lecturas:
Primera lectura: Is 62, 1-5
Sal 95, 1-3. 7-10
Segunda lectura: 1Cor 12, 4-11
Evangelio: Jn 2, 1-11                                                                               

La lectura del Evangelio de este domingo esta llena de un profundo sentido que nos permite hacer explícita la realidad de la encarnación, de un Dios que se hace parte de la historia humana.

La escena acontece en una boda, lo que no nos debe pasar desapercibido, pues Juan siempre es dado a revelar verdades a través de signos. En este caso no es la excepción, pues el milagro del agua convertida en vino se da en este contexto nupcial. La boda, es una representación querida por el pueblo del Israel y por toda la tradición profética del Antiguo Testamento, simboliza esa unión que Dios quiere establecer con su pueblo, unión esponsal en que se hace patente la estrecha relación de fidelidad y amor que el Señor lleva a cabo. Jesús el esposo de la nueva Alianza  inaugura las nuevas bodas, él es el Cordero  desposado con la Iglesia.

Tampoco podemos pasar por alto el vino, que en esta ocasión falta. La antigua Alianza se renueva con el advenimiento del Hijo de Dios, ya el líquido se ha vuelto insípido, es necesario un vino nuevo, con el sabor de la Gracia que renueva el corazón y llena a los hombres de esperanza. El agua, representa para el evangelista las antiguas tradiciones judías; tengamos presente que el agua era necesaria para los ritos de purificación, por lo tanto, el cambio del agua (viejos ritos), al vino nuevo y mejor, no deja de ser profundo en su sentido, pues con Cristo se inauguran los nuevos tiempos  en que su Encarnación deja atrás la ley y se vuelve a la vida de la Gracia.

En nuestra vida también el Señor hoy se hace presente, quiere compartir nuestra historia en toda radicalidad, en la perspectiva de las bodas de Caná. Quiere llevar a término la unión con la humanidad. Hemos de invitarlo a nuestra historia y a nuestra vida, conscientes que la relación de fidelidad y amor no será rota por su parte.

Tenemos nuestras tinajas llenas de agua, que no logran dar alegría al corazón. Es en ese momento cuando contamos con la presencia de María, que en el evangelio es llamada “mujer”, como al pie de la cruz en el encargo filial, para expresar la necesidad de los hombres que “no tiene vino”. Aunque haya que adelantar la hora, el amor antecede a la acción y el Señor actúa, el Cordero transforma la opacidad del agua, en el vino nuevo de la alianza eterna.

Nuestra Madre hoy nos vuelve a repetir con fuerza: ¡Hagan lo que él les diga!, pues muchos de nuestros hermanos siguen sin conocer el vino nuevo, capaz de llenar de plenitud la vida del hombre.

Fr. Ricardo Morales, o. de m.
Padre Provincial