Comentario Religioso dominical


COMENTARIO RELIGIOSO
32° DOMINGO TIEMPO ORDINARIO
11 de noviembre de 2012

Textos:  1Re 17, 8-16;
               Salmo 145, 6 – 10;
               Heb 9, 24-28;
               Mc 12, 38-44        

Dio todo lo que tenía para vivir”


                  Amables lectores: el jueves pasado hemos iniciado la hermosa práctica del Mes de María en nuestra patria. Hemos rezado las tradicionales oraciones y junto con la Madre de Dios hemos escuchado el Mensaje de vida eterna, el evangelio con el ánimo de querer llevarlo a la práctica. Esa es la clave de nuestra atenta escucha y reflexión de la Palabra: queremos que ella transforme nuestra vida desde dentro, que plasme el corazón, el pensamiento, los afectos, la vida misma de cada uno. El Mes de María es una excelente ocasión para precisamente aprender a escuchar al Señor y para orar con los hermanos y hermanas que cada tarde quieren hacer un alto en su vida y encontrarse junto con María y con ella ir tras las huellas de Jesucristo, Redentor del hombre.

 Testamento, el profeta Elías considerado el más fiel servidor de Dios. Elías vive una experiencia de fe de hondura humana y espiritual muy sobresaliente. Su diálogo con Dios revela una cercanía y amistad que es modelo de toda experiencia religiosa auténtica. Y cuando Dios ocupa la vida de su elegido puede intervenir:  “Anda, vete a Sarepta de Fenicia a vivir allí”. Y “Elías se puso en camino” en la dirección señalada por Dios. Allí se encuentra con una viuda y su hijo, una mujer extranjera y no judía, que rebosa de generosidad y confianza en Dios. Es la trama interna de toda auténtica experiencia de fe: Dios llama, toma la iniciativa y manda con autoridad; el hombre, obedece, es decir, lleva a cabo lo que Dios le manda.

Pero también en dos lecturas de este domingo aparece la figura de la viuda, palabra griega que significa “vacía, privada de”, y se trata de una persona sin amparo, expuesta a la injusticia y a la miseria, pues nadie la defiende. La Ley de Moisés manda socorrer a las viudas pues es un acto esencial de piedad. En las dos que se mencionan hoy en la Palabra es evidente el estado de indigencia material en que viven pero su generosidad es extraordinaria; ambas comparten desde su pobreza, aspecto central que resalta Jesús en el evangelio: “Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir”.

La enseñanza de Jesús en el templo en el evangelio de hoy es una invitación a tener cuidado con los comportamientos solapados de los maestros de la ley, en claro contraste con la pureza de acción de la viuda. El retrato de los representantes de la ley está marcado por la actitud orgullosa y prepotente con que actúan en público. Se afanan por ser reconocidos por la gente, ocupan los primeros puestos, viven la codicia de los bienes de las viudas, lo que implica un aprovechamiento injusto ya que son personas desvalidas. Jesús señala la actitud de fingimiento con que oran para que los demás los vean. Y no habría que olvidar la ostentación de los ricos que echan una buena cantidad de monedas.

Jesús resalta la gran diferencia entre la cantidad de monedas de algunos ricos y la ínfima cantidad de la viuda. Es una humillante inferioridad que no pasa inadvertida para Jesús. Y desde aquí Jesús va a enseñar a sus discípulos haciendo público y notorio un gesto que de otro modo pasaría inadvertido y envuelto en el silencio. Nuestra atención tiende a fijarse en lo esplendoroso y abundante, lo que brilla y deja con la boca abierta por su espectacularidad. Jesús por el contrario observa lo insignificante, lo pequeño, lo pobre y desprovisto de brillo, y lo saca a luz para enseñar a descubrir la belleza auténtica que esconden las personas. Gracias a Jesús podemos descubrir la belleza de lo sencillo, de lo más genuino que está escondido bajo los pliegues de nuestros oropeles y brillos pasajeros y tan aparentes.

La viuda del evangelio “ha dado todo lo que tenía para vivir” dice Jesús y así podemos hablar de una generosidad heroica. En general, nuestra generosidad con el Señor y con el pobre o necesitado es medida, y en muchos casos hemos hecho de la mezquindad una actitud frecuente, so pretexto de “quedar sin nada” o que nos faltará mañana para vivir. De esta actitud tacaña y avara de muchos discípulos de Cristo se puede comprender la falta de una caridad heroica, de un amor desinteresado y generoso. Está de moda “amar con reloj”, es decir, te doy tiempo y espacio pero primero están mis cosas, mis gustos, mi comodidad.

La Palabra de este domingo nos ayude a hacernos una revisión sincera sobre nuestras actitudes pedantes, presuntuosas, prepotentes y autosuficientes, pues esta Palabra de Dios es primero para los que estamos dentro, en nuestras comunidades cristianas, parroquias, colegios católicos, grupos, catequesis, etc. Son conductas muy acordes con el hombre exitoso, charlatán y embustero de nuestra cultura postmoderna. Pero hay que evangelizarse. La generosidad heroica tan ligada al carisma y espiritualidad de la Orden de la Merced, expresada en “estar libre y gozosamente dispuestos a dar la vida por el cautivo en peligro de perder su fe”, es un reto bellísimo que la Palabra de Dios nos presenta en el modelo de un profeta Elías, de las dos viudas y también en el comportamiento insensato de los maestros de la ley acerca del cual Jesús nos previene.

Con María en su mes escuchemos atentamente al Señor y que su gracia nos ayude a convertirnos sinceramente. Un saludo fraternal y que el Señor le bendiga en esta nueva semana.


Fr. Carlos A. Espinoza Ibacache, mercedario.
Superior del Convento Santa María de Cervellón y
Maestro de Postulantes.
Rector Colegio San Pedro Nolasco de Valparaíso.