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Comentario Religioso dominical


23° DOMINGO TIEMPO ORDINARIO
9 de septiembre de 2012

Isaías 35, 4-7a.
Salmo 145, 7-10.
Santiago 2, 1-7.
Marcos 7, 31-37.

“Jesús ABRE nuestro corazón…”


El pasaje del Evangelio de este domingo, nos ofrece la rica posibilidad de apreciar la acción milagrosa de Jesús, quien es capaz de pronunciar ese “EFATÁ”, es decir, es capaz de abrir la vista, el oído, en definitiva, es capaz de abrir el corazón.

Esta actitud de Jesús, está reflejada en el libro de Isaías (primera lectura) donde de definen ya en el Antiguo Testamento los rasgos del mesías, quien es capaz de abrir los ojos del ciego, destapar lo oídos del sordo, es decir, la acción de Dios que trasforma la vida del hombre.

Otra actitud importante presente en la liturgia de la Palabra, es que Dios no hace acepción de personas, vale decir, la fe es una experiencia para todos, no un beneficio para algunos, Jesús en su actividad misionera fue dando pruebas de ello, al ofrecer sus signos y milagros a los sencillos.
La carta de Santiago, recoge con el ejemplo del trato a un dignatario y a un pobre, el hecho de no permitir la acepción personas.

Alabamos por tanto a Dios que se hace parte de la vida del hombre, quien manteniendo su fidelidad, es capaz de “jugársela” por los más excluidos, es lo que nos relata el salmo 145, que leemos en la misa de este domingo.

Por tanto: ¿cómo Jesús es capaz de abrir nuestro corazón? Ciertamente la palabra de Dios en este domingo, nos hace comprender una vez más, la invitación de Jesús. A veces, nuestro corazón está ciego y sordo hacia los demás, no somos capaces de ver el dolor y el sufrimiento de los que van como compañeros de ruta, como hermanos de camino, y vivimos una fe con “CORAZÓN VENDADO” para no ver la realidad; asimismo, en muchas ocasiones nos cerramos a escuchar la Palabra de Dios en nuestra vida, nos volvemos sordos a la acción de Dios. Esto se refleja en nuestras actitudes tan cargadas de recelo por el sufriente o por el marginado, como también se ven reflejadas en desconocer la tarea que hay por hacer en cuanto al amor que debemos profesar por los demás.

Le debemos pedir a Dios, que con su Gracia, que siempre es sobreabundante y generosa, pronuncie sobre nosotros esa orden: EFATÁ; que se abra nuestra mente y nuestro corazón, para sentir que Dios se ha quedado en medio nuestro y nos libra de nuestras cegueras y sorderas, para que veamos SU OBRA y escuchemos SU VOZ.

Fr. Rodrigo Aguilar Gómez, Mercedario
Superior Convento San Ramón Nonato
Rector del Instituto Victoria