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Apreciados hermanos:

En primer lugar quisiera saludarlos en el Señor y manifestarles la cercanía de la oración por cada uno de ustedes.

Como mercedarios tenemos muchos desafíos en nuestro tiempo que nos exigen ayudarnos los unos con los otros. En este sentido, es evidente que como Iglesia y también como hijos de María de la Merced, hemos sufrido con dolor y vergüenza las situaciones de sacerdotes y religiosos que han olvidado que su ministerio no es sino el servicio a los más débiles, y no el abuso. Hemos comprendido que no es desde el poder que humilla como se ha de entender  el ministerio de Jesucristo, sino desde el servicio constante y abnegado a los más humildes; que las “dobles vidas” terminan por hacer menos creíble el anuncio del Evangelio y restando fuerza a todo anhelo evangelizador.

Me impresionó gratamente participar y compartir con ustedes en la última Jornada de las Fraternidades laicales, donde en un espacio de mucha confianza me plantearon sus dudas e inquietudes sobre el caminar de la Provincia, con mucha verdad les manifesté lo que vivimos, expresándome ustedes, y esto es lo que agradezco todos los días a Dios, su profundo aprecio y cariño a los religiosos. Recuerdo que una señora manifestó: “no se imagina padre cómo tenemos que defender a este sacerdote de los comentarios, pero llega un punto en que ya su comportamiento es indefendible”.

Por esto, necesitamos que todos no sólo nos sintamos, sino que seamos familia, religiosos y laicos estamos llamados a construir  una Iglesia más conforme al querer de Jesucristo, donde la verdad y la transparencia nos animen a caminar por sendas de santidad. Todos podemos hacer algo para que esto lo llevemos, con la ayuda de Dios, a buen término.

Como Provincia hemos caminado en estos derroteros conscientes que lentamente vamos construyendo una “cultura de la prevención” para los más vulnerables, que en el fondo ha de ser la preocupación constante de todos. El Protocolo que tienen en sus manos, responde a esta intención. Estamos ciertos que es un tema donde como Iglesia se nos juega la credibilidad del mensaje del Evangelio y nuestro real compromiso por la defensa de los más débiles.

La tarea de prevención y de creación de una “cultura de la protección”, no pasa sólo por el Provincial, el Consejo Provincial o cada religioso, es tarea de todos, por eso he querido que este texto sea conocido por ustedes, en el entendido que es un asunto que nos  implica sin exclusiones. Entre más conozcamos estos temas y más nos sensibilicemos, mejor prevención realizaremos.

Les pido humildemente que nos ayuden a cada uno de los religiosos de esta Provincia a ser cada día mas fieles testimonios del Redentor, que nos ayuden a cuidarnos, que sean capaces de decirnos aquello que los escandaliza, pues Dios habla siempre por la boca del que busca el bien del hermano.

Pongo en las manos de nuestra Madre de la Merced, todo el bien que podamos conseguir con esto, queremos seguir caminando por las sendas de Cristo Redentor, animándonos a hacer presente el Reino de Dios desde la dinámica del servicio y entrega generosa a los demás.


Fraternalmente.

Fr. Ricardo Basilio Morales Galindo. O. de M.
Provincial.


Acá pueden descargar en PDF el Protocolo.