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27° Domingo durante el año. Comentario del Evangelio


La mostaza era una planta común en Palestina que podía alcanzar hasta tres metros de altura. Su semilla era tan pequeña que designaba proverbialmente lo que era muy pequeño. En las palabras de Jesús la fe de sus discípulos puede ser tan insignificante e incluso más pequeña que un grano de mostaza. ¿Es eso lo que quiere decir? Parece que lo que quiere hacer ver es la calidad de la fe y no tanto el tamaño o cantidad de fe.

27° DOMINGO DURANTE EL AÑO (C)

Jesús, María y José, Sagrada Familia de Nazaret, haz también de nuestras familias lugar de comunión y cenáculo de oración, auténticas escuelas del Evangelio y pequeñas iglesias domésticas. Amén.

Textos

Hab 1, 2-3; 2, 2-4             “El ánimo soberbio fracasará; pero el justo, por su fidelidad, vivirá”.

Sal 94, 1-2.6-9                   ¡Ojalá hoy escuchen la voz del Señor!

2Tim 1, 6-8.13-14             “Consérvate fiel a las enseñanzas que me escuchaste, con la fe y el amor de Cristo Jesús”.

Lc 17, 3-10                          “Si tuvieran fe como una semilla de mostaza”.

                Estamos iniciando la Semana de la Familia, razón por la cual hemos recordado una plegaria dirigida a la Sagrada Familia de Nazaret constituida por esas tres personas tan admiradas por la Iglesia: Jesús, María y José. Bellamente lo expresa el Papa Francisco cuando dice: “La encarnación del Verbo en una familia humana, en Nazaret, conmueve con su novedad la historia del mundo. Necesitamos sumergirnos en el misterio del nacimiento de Jesús, en el sí de María al anuncio del ángel, cuando germinó la Palabra en su seno; también en el sí de José, que dio el nombre a Jesús y se hizo cargo de María” (Sobre el amor en la familia 65). A la luz de la experiencia humana de la familia de Nazaret se comprende la Iglesia y la familia, ésta como “iglesia doméstica”. Es el ideal que el evangelio nos ofrece para edificar la familia cristiana en su fundamental misión de preparar los hijos para su inserción positiva en la sociedad y en la Iglesia.

                Junto al ideal de la familia funciona la realidad en que hoy viven las familias. Dice el Papa Francisco que “el debilitamiento de la fe y de la práctica religiosa en algunas sociedades afecta a las familias y las deja más solas con sus dificultades”. “Una de las mayores pobrezas de la cultura actual es la soledad, fruto de la ausencia de Dios en la vida de las personas y de la fragilidad de las relaciones”(N° 43). Esta situación de las familias en el mundo actual no deja de ser preocupante ya que “la familia es la primera escuela de los valores humanos, en la que se aprende el buen uso de la libertad(N° 274). Si se debilita la fe y la vida cristiana, si se debilita la oración, los sacramentos, la Palabra de Dios, la moral evangélica, el compromiso diario, etc. se puede lamentar otra grave contradicción. Dice el Papa: “No puedo dejar de decir que, si la familia es el santuario de la vida, el lugar donde la vida es engendrada y cuidada, constituye una contradicción lacerante que se convierta en el lugar donde la vida es negada y destrozada. Es tan grande el valor de una vida humana, y es tan inalienable el derecho a la vida del niño inocente que crece en el seno de su madre, que de ningún modo se puede plantear como un derecho sobre el propio cuerpo la posibilidad de tomar decisiones con respecto a esa vida, que es un fin en sí misma y que nunca puede ser objeto de dominio de otro ser humano” (N°83). Que la familia sea un santuario de la vida siempre, un hogar para acoger y cuidar el don de Dios que son los hijos. El derecho a la vida del inocente que crece en el seno de su madre es irrenunciable, absoluto.

                Pasemos a la contemplación de la Palabra de Dios de este domingo. Dejemos que el Espíritu Santo nos guíe con su luz santísima de tal modo que podamos comprender mejor lo que Dios nos pide en esta hora que vivimos.

                Primera lectura: del profeta Habacuc 1, 2-3; 2, 3-4

                Estamos ante una queja o lamento del profeta ante Dios. El profeta es testigo de tantas maldades, injusticias, violencia y opresión y no entiende para qué Dios le ha hecho ver todo esto. Esto expresa un dolor profundo de donde brota la queja. Motivo de este dolor, traducido en queja, es la pasividad de Dios ante tanta injusticia, que pareciera que a Dios no le importara la situación. En el fondo, el profeta reclama una intervención divina para que acabe tanta maldad. Frente a este panorama de inquietante pregunta, Dios responde. Es lo esencial del capítulo 2, 3-4. Dios no está callado ni indiferente ante la situación de pecado. Tienen los malvados un plazo fijado y hay una meta de la intervención de Dios que no fallará, se cumplirá con toda certeza aunque tarde. Sólo cabe esperar la intervención de Dios. En ese futuro indeterminado pero cierto los soberbios de la tierra fracasarán en su intento de establecer la injusticia; en cambio, “el justo, por su fidelidad, vivirá” (v. 4). En efecto, lo que el profeta debe explicar a sus contemporáneos no es nada fácil, del mismo modo que nosotros debemos tratar de explicar para nuestro tiempo. Notemos que en tiempos de Habacuc no había perspectiva de vida eterna. Por lo tanto, lo único que puede constatar que algún día, aunque lejano, el justo vivirá si se mantiene fiel a Dios. No vivimos desde la visión de lo que creemos sino de la esperanza que se cumplirá algún día lo que la fe anuncia.

                Segunda lectura: De la segunda carta de San Pablo a Timoteo 1, 6-8. 13-14

                En esta segunda lectura la invitación de San Pablo a su discípulo Timoteo está en la misma línea de la primera lectura. Todo el texto de 2Tim 1, 6-18 es una exhortación a mantenerse fiel a la Buena Noticia, palabras llenas de urgencia y emoción de las últimas recomendaciones “del prisionero de Cristo” como se define el Apóstol. Comienza recordándole ese momento particularmente solemne de la imposición de manos con que Timoteo fue revestido de la autoridad apostólica, mediante el cual signo recibió el Espíritu Santo para dirigir a la comunidad con valentía, fortaleza, amor y templanza. Así dará testimonio de Dios y compartirá con el Apóstol los sufrimientos que implica la Buena Noticia. Importante la llamada también para nosotros muy vigente: “Consérvate fiel a las enseñanzas que me escuchaste, con la fe y el amor de Cristo Jesús” (v. 13). Esta fidelidad al Evangelio, a Cristo, al Apóstol se expresa en otra exhortación: “Y guarda el precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros” (v.14). ¿De qué depósito se trata? No sólo de las verdades de la fe cristiana sino también el Evangelio, la enseñanza de los apóstoles, la doctrina y vida de la Iglesia, el tesoro de la Palabra de Dios.

                Del evangelio de San Lucas 17, 3-10

                ¿Cuál es el hilo conductor del evangelio de este domingo? Los versículos 1-10 de este capítulo 17 de San Lucas contienen cuatro instrucciones a los discípulos. El hilo conductor de las lecturas de este domingo puede ser perfectamente la fe. Las dos primeras recomendaciones de Jesús a sus discípulos se refieren a las relaciones entre los discípulos y advierte sobre el escándalo (v. 1-2) y el perdón de las ofensas (v.3-4). Las dos restantes enseñanzas se refieren a la relación con Dios: la fe en Dios (v. 5-6) y el cumplimiento del servicio encomendado (v. 7-10). Las tres instrucciones que nos comunica el evangelio de hoy, a saber, el perdón, la fe y el cumplimiento del servicio, tienen como base común el servicio al reino que sólo es posible desde la fe. Por otra parte, estas instrucciones de Jesús señalan que nadie está libre de equivocar el camino y asumir actitudes  contrarias al reino de Jesús. De aquí que es indispensable echar mano al recurso de la corrección fraterna, al arrepentimiento y al perdón ya sea pidiéndolo o dándolo. “Es inevitable que haya escándalos” (v. 1). La palabra escándalo no se refiere a un mal ejemplo ni a una acción indigna, sino a una trampa, puesta en el camino, que hace caer. Puede ser una persona, una palabra, una acción, un suceso, una cosa, etc. Por ejemplo, la cruz de Cristo es una prueba, una piedra de tropiezo  para muchos cristianos.

                En el Año de la Misericordia el Papa nos ha recordado sobre la necesidad de recuperar la costumbre saludable de pedir perdón y de dar perdón. Sólo así las personas pueden reconciliarse y dar por superado el problema que les ha separado. Esto implica poner en práctica el método evangélico de la corrección fraterna: “Si tu hermano peca, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo” dice Jesús. La expresión “siete veces al día” significa que el perdón hay que concederlo siempre, eso sí bajo la condición que quien ofendió vuelva arrepentido y quiera ser perdonado. De este modo se nos invita a ser humildes, lo que implica abandonar el orgullo de creernos mejores. Así el perdón expresa el amor desinteresado y total que ayuda y perdona. Si un hermano nos ha ofendido sólo restan dos actitudes evangélicas: corregirlo y perdonarlo. La corrección es fraterna y no llena de rabia y rechazo. En íntima conexión con esta corrección fraterna está el rechazar la actitud de juzgar y condenar al otro. Se trata de aire evangélico dentro de la comunidad cristiana lo que debe realizarse con amor y respeto, con comprensión y solicitud, sin prejuicios ni miedos. Es una hermosa forma de vida que restituye la paz y la convivencia fraterna del reino.

                La segunda instrucción de Jesús, ahora dirigida a los apóstoles, se refiere a la fe y muy especialmente a una petición: “Los apóstoles dijeron al Señor: Auméntanos la fe” (v.5).La respuesta de Jesús es desconcertante: “Si tuvieran fe como una semilla de mostaza, dirían a esta morera: Arráncate de raíz y plántate en el mar, y les obedecería” (v. 6). ¿Qué quiere decir Jesús con esta imagen? La mostaza era una planta común en Palestina que podía alcanzar hasta tres metros de altura. Su semilla era tan pequeña que designaba proverbialmente lo que era muy pequeño. En las palabras de Jesús la fe de sus discípulos puede ser tan insignificante e incluso más pequeña que un grano de mostaza. ¿Es eso lo que quiere decir? Parece que lo que quiere hacer ver es la calidad de la fe y no tanto el tamaño o cantidad de fe. Lo que importa es la calidad de la fe y esa es la que logra los milagros. Una fe genuina se mide por la plena confianza en Dios y a esto apunta la segunda imagen de la morera que requiere mucho esfuerzo para arrancarla pero que eche raíces en el mar, eso sí que es imposible. Pues bien, así acontece con la fe que Jesús espera de los suyos. Sólo una confianza plena en el Padre puede hacer posible un cambio radical en la vida de los discípulos en la línea de una fe auténtica.

                Terminemos con una palabra acerca del servicio cristiano según los versículos 7-10. El discípulo, después de haber cumplido con su obligación, no debe considerarse más que un servidor. Tampoco debe mirar la salvación como una recompensa porque siempre es un don gratuito. Puede ser chocante aceptar el evangelio de hoy cuando vivimos una mentalidad de los derechos adquiridos y por adquirir. Vivimos una mentalidad de la premiación por todo lo que tenemos que hacer. Se nos ha perdido la gratuidad, el don de sí mismo, la generosa disposición a no esperar recompensa ni reconocimientos. Hay que hacer el bien porque es bello hacerlo, porque vale la pena hacerlo y no por conseguir méritos y almacenar diplomas.

                Un saludo fraterno y celebremos el mes de la familia en el Año de la Misericordia.

Fr. Carlos A. Espinoza I., O. de M.

                               

   


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