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Sin la Paz no es posible nada


La PAZ es el rostro de la salvación de los hombres y de la reconciliación definitiva con Dios. Lo más hermoso que un ser humano puede alcanzar es la PAZ.

                Desde hace varios años, el primer día del año civil se celebra en todo el mundo “la Jornada de la Paz” en nombre de María, madre de Dios y madre de la Iglesia. La paz = Shalom es el don mesiánico por excelencia que Jesús resucitado ha traído a sus discípulos como nos lo recuerda el evangelio. Fue el saludo de “Paz con ustedes” lo que marcó la nueva presencia del Resucitado entre los suyos. “La paz les dejo, la paz les doy” es otra promesa y realidad de Jesús a los suyos. Es el modo de saludar del misionero “La paz en esta casa”. Es el canto de los ángeles en el nacimiento de Jesús “Paz en la tierra a los hombres que ama el Señor”. Y como no recordar la bienaventuranza del Maestro: “Dichosos los constructores de la paz”.

                La PAZ es el rostro de la salvación de los hombres y de la reconciliación definitiva con Dios. Lo más hermoso que un ser humano puede alcanzar es la PAZ.

                Pero la PAZ exige condiciones sin las cuales se puede convertir en un “pacifismo vacío”. Recordémoslas brevemente:                                                                                                                                                                 La paz se construye donde se ama la verdad y se busca la verdad.

La paz se edifica donde reina la justicia entre los hombres.

La paz se vive si hay amor a Dios y al prójimo.

La paz es posible y perdura si hay libertad interior y exterior.

Estos son los cuatro pilares sobre los que se edifica la PAZ VERDADERA: la verdad, la justicia, el amor y la libertad.

                La PAZ no es instantánea ni natural. Requiere una constante  EDUCACIÓN PARA LA PAZ.

                La PAZ no es ausencia de guerra, de conflicto, de esfuerzo. La PAZ nace del corazón de cada persona. La PAZ INTERIOR es condición para construir la paz social, comunitaria. Y esto significa conversión de la persona desde dentro, es decir, abandono de toda idolatría de la ira, de la violencia, de la guerra, del odio, del rencor, de la tiranía.

                La PAZ supone la capacidad para aceptar las tensiones, los conflictos, los impases. Por eso requiere EDUCACIÓN. Se trata de aprender las HABILIDADES SOCIALES básicas para resolver en paz las dificultades de nuestro amor fraterno. Supone esto tener como valor de vida la reconciliación en tres niveles: con Dios, con sí mismo y con los demás. La PAZ es por esto el más hermoso de los dones que Dios nos regala y nos ofrece en su Hijo Jesucristo, el gran reconciliador, el Príncipe de la Paz.

                Que el Nuevo Año 2015 sigamos comprometidos en el trabajo constante por la PAZ, ese don que permite el auténtico desarrollo humano integral de calidad.

                Oremos con mucha confianza

                Al iniciar este Nuevo Año 2015, Señor, te pedimos, volviendo nuestra mirada hacia María, Nuestra Madre de la Merced, para que ella nos ayude a seguir construyendo un mundo más fraterno, solidario, respetuoso, justo y pacífico. Nos aflige el constante aumento de la violencia, de la guerra, de la falta de respeto por la vida. Ayúdanos, Señor, a trabajar por la paz y la reconciliación con cuantos comparten nuestra vida, aunque piensen distinto a nosotros. Ábrenos al perdón verdadero para que no permanezcamos en el resentimiento interior, en el afán de venganza, en el cultivo de los odios y rencores. Arranca, Señor, esta mala yerba de nuestro corazón y ayúdanos a cultivar la paz interior, la serenidad de espíritu, la mansedumbre evangélica, la apertura sincera. Que este Nuevo Año que nos regalas seamos mejores discípulos tuyos y vivamos la misión con alegría y mucha esperanza. Señor, haz que comprendamos que la verdadera paz procede de ti, que eres el Dios de la paz. A ti el honor, el poder y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

                Un padrenuestro y una avemaría por las necesidades de la familia y del mundo. 

                ¡Feliz Año Nuevo!   Fr. Carlos A. Espinoza Ibacache, O. de M.