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Saludo del Maestro General por la Solemnidad de la Inmaculada Concepción


El Maestro General de la Orden de la Merced, Fray Pablo Ordoñe hizo llegar un saludo para toda la comunidad mercedaria de Chile.

“Mi vida por tu libertad”

 

Al Rvdo. P. Provincial

y a todos los religiosos de la Provincia Mercedaria de Chile

                         Muy estimados hermanos, quiero saludarlos cordialmente en el día de la titular de nuestra querida provincia de Chile. Hacemos nuestras las palabras del Papa Benedicto XVI para recordar que en este día, lleno de piedad mariana, es bueno detenernos para rendir un homenaje filial y agradecido a la Virgen Inmaculada. A ella, la Toda Santa, pedimos que nos enseñe a creer, a amar y a esperar, que nos indique el camino que conduce a la paz, el camino hacia el Reino de Dios, que nos ayude en los momentos alegres y tristes de nuestro peregrinar terreno; que nos sostenga en nuestro camino de santidad [1]. En este día de profundo gozo para toda la Iglesia, renuevo junto a ustedes el amor a la Madre del cielo, nuestra Madre, como los mercedarios/as cariñosamente la llamamos.

                         Ha transcurrido ya, prácticamente la mitad de vuestro período provincial, considero  oportuno invitarlos con paternal afecto y fraterna solicitud, a vigorizar la vida consagrada asumida de manera integral con los consejos evangélicos que hemos profesado. En Cristo redentor, el Hijo de Dios e hijo de María, debemos ser capaces de caminar "a la lumbre de nuestro propio fuego"[2], encendido en el rescoldo de la Merced ocho veces centenaria y sostenida por más de cuatro siglos en nuestra presencia chilena. Este "fuego que enciende otros fuegos", ojalá sea visible para quienes peregrinan junto a nosotros y marque la diferencia por nuestra coherencia personal - comunitaria de vida. Ojalá que sea incluso, invitación a nuevos hermanos.  

 

                        El año de la Fe, recientemente iniciado por el Santo Padre Benedicto XVI, nos haga de contexto e invitación para reavivar la experiencia fundante de nuestra vocación de consagrados en la Iglesia, desde una clara identidad mercedaria. Un "sí" que se expresa en diálogo con Dios, con los hermanos y con los cautivos. Un "fíat" que se vuelve servicio liberador en la nueva geografía de la cautividad.

                        Así como el Hijo de Dios se hizo hombre entre nosotros, así también Ella, la Madre ha sido preservada del pecado por nosotros, por todos, como anticipo de la salvación de Dios para cada hombre. Si con María queremos configurarnos con el Hijo de Dios e invitar a nuevos hermanos a vivir el proyecto de vida mercedario, debemos ser capaces de comenzar a vivir el cambio que queremos: desde encuentros interpersonales que transformen, desde una formación para la auténtica fidelidad, desde un fuego personal que contagia Merced y desde una misión compartida con los laicos que se vuelve samaritana y cordial.  

                         La Madre nos mira como Dios la ha mirado a ella, humilde jovencita de Nazaret, insignificante a los ojos del mundo, pero elegida y preciosa para Dios.  Dejémonos mirar por la Madre del cielo y en su mirada serena, experimentemos cómo el Amor de los amores nos sostiene, nos cura, nos levanta, nos alienta, nos corrige, nos pone de pie, cuenta con nosotros más allá de nuestros propios límites. 

                        Los bendigo en el Señor que viene y ya está entre nosotros. A 8 días del mes de diciembre del año del Señor de 2012 y a 794 años de la fundación de nuestra Orden.

 

Fr. Pablo Bernardo Ordoñe, O. de M.

Maestro General

 



[1] Discurso del Papa en el acto de veneración a la Inmaculada en Plaza España, Roma 2011.

[2]  Cfr. Is. 50,11