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19 beatos mercedarios: modelos de vida Redentor


A un mes de la beatificación de los 19 mártires mercedarios iniciamos en Mercedarios.cl un ciclo para compartir semana a semana la historia de vida de cada uno de los nuevos beatos mercedarios, para profundizar en su testimonio Redentor. Iniciamos este ciclo con la historia de Vida del Padre Mariano Alcalá Pérez.

“El martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe; designa un testimonio que lleva hasta la muerte. El mártir da testimonio de Cristo, muerto y resucitado, al cual está unido por la caridad”, dice el Catecismo de la Iglesia Católica. Los mártires alcanzan así la más excelente identificación con Cristo en su misterio redentor, ya que mueren al mundo y, por amor, entregan su vida derramando su sangre por Cristo y su Iglesia.

 

El mártir da testimonio de la verdad de la fe y de la doctrina cristiana. Soporta los suplicios a que es sometido por quienes odian la fe hasta ofrecer su propia vida experimentando la muerte, generalmente violenta, mostrando así una extraordinaria fortaleza que sin duda procede del auxilio de la gracia divina que recibe.

El martirio es un testimonio hasta el extremo que es la muerte por amor a Jesucristo. En el mercedario esta actitud espiritual está fundada en el Cuarto Voto de Redención por el cual se compromete “a dar la vida como Cristo la dio por nosotros” para defender la persona cautiva que corre peligro de perder su fe cristiana.

Resplandece en los 19 religiosos mercedarios de la Provincia de Aragón, España, el amor a Cristo, la práctica del Cuarto Voto de Redención, su fortaleza para afrontar los peligros, su capacidad de perdón hacia sus enemigos y verdugos y su valentía y generosidad.

 

P. Mariano Alcalá Pérez

El «maestro de la justicia»

Fue natural de Andorra (Teruel) e hijo  de Tomás y Vicenta.

Tomó el hábito de la Orden de la Merced, en el convento de El Olivar, el día 24  de septiembre de 1881, a los 14 años de su  edad. Emitió la profesión de votos simples,  el 23 de mayo de 1883, y la de votos solemnes, el 3 de junio de 1886, ambas en el Olivar. Y fue ordenado de presbítero, el 25 de  diciembre de 1889, en Roma; en cuya Universidad Gregoriana terminó y perfeccionó  los estudios eclesiásticos. El 19 de septiembre de 1892, el Rvdmo. padre Pedro Armengol Valenzuela extendió a favor del joven sacerdote mercedario, padre Mariano Alcalá,  patente de Lector de Filosofía y de Teología.

A su regreso de Roma, el padre Alcalá  impartió clases a los estudiantes profesos  mercedarios en el convento de Poyo (Pontevedra) y desempeñó los siguientes cargos: Maestro de Novicios en el Olivar (1897- 1899), Comendador de El Olivar (1899- 1903) y Provincial de Aragón (1903-1911).

Terminado su segundo período de  Provincial, la Sagrada Congregación de Religiosos, después de recabar los votos de los electores de toda la Orden, nombró al  padre Mariano Alcalá MAESTRO GENERAL  de la Orden de la Merced, el 3 de agosto de  1911; permaneciendo al frente de la institución mercedaria hasta el 14 de marzo  de 1914, fecha en que la Congregación de  Religiosos constituyó Vicario General de  la Orden al padre Inocencio López Santa   María, tras la renuncia del Rvdmo. Alcalá.  Los dos años y siete meses de generalato  del único religioso de la Provincia de Aragón que accedió al supremo gobierno de  la Orden de la Merced, en los últimos 107  años, dejaron, como huellas imborrables, el BOLETÍN OFICIAL DE LA ORDEN DE LA  MERCED (creado en 1912) y un CAMINO de  buena voluntad, de paciencia bien ejercitada, de nobles esfuerzos incomprendidos  y de ocultamiento con Cristo en Dios que  se llamó ex general padre Mariano Alcalá.

Interrumpido su generalato a los  treinta y un meses de haberlo comenzado,  regresó el padre Alcalá Pérez a la Provincia  de Aragón y, hasta su muerte, tuvo por  residencia habitual en España el convento- colegio de Lérida; del que salió, en viaje sin  retorno, el día 8 de marzo de 1936. Dicho  día, a instancias de unos sobrinos suyos y con el beneplácito de los superiores,  el padre Alcalá pasó a su pueblo  natal, Andorra, buscando alivio para  una dolencia que le torturaba desde  hacía varios meses. Y, en Andorra,  recibió la palma del martirio, el 15 de  septiembre de 1936, junto a las tapias  del cementerio, al ser abatido por unos  disparos de fusil que rubricaron sus  últimas palabras: « ¡Viva Cristo Rey!  »

El padre Alcalá quedó en el  recuerdo de cuantos le conocieron  y trataron como un confesor santo,  experto en el difícil arte de guiar almas  por el camino de la perfección. Era un  teólogo entendido –así lo acreditan  sus estudios en la Universidad  Gregoriana y la patente de Lector de Filosofía y Teología–; era un hombre  prudente que sopesaba las palabras  al tratar las cosas del espíritu y  que supo guardar –¡sin el más leve  comentario!–, en el silencio de su  corazón y del sagrario, las amargas  hieles de su experiencia generalicia; y  era un fraile santo, de él dijo el obispo  D. José Miralles:  «Es el fraile más santo que he conocido» . Ciencia, prudencia,  experiencia y santidad que hicieron  del padre Alcalá un  «Maestro de la justicia»; y, como enseñó a muchos,  brilla ahora y por toda la eternidad  en el firmamento de Dios más que  una estrella de primera magnitud.

 

Fuente: “19 Palmas Mercedarias. Mártires de la Merced de Aragón en 1936”, Edición abril 2013.

   


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