Recomendar       Imprimir





2° DOMINGO DE PASCUA O DE LA DIVINA MISERICORDIA (C)


El evangelio de este segundo domingo de pascua nos narra una aparición de Jesús Resucitado a los discípulos. Se trata de una escena central de las apariciones. Los discípulos estaban encerrados por miedo a los judíos en aquel atardecer del primer día de la semana (domingo). Sin más, Jesús se hace presente y les saluda con el habitual “La paz esté con ustedes”.

¡Señor Jesús! Ayúdanos a ser testigos tuyos en medio del mundo de hoy

                Un escalofriante atentado terrorista pone una nota de realismo cuando nuestro mundo cristiano celebraba la alegría de la Pascua del Resucitado. Decimos realismo porque, aunque nos duela y nos cueste comprender, nuestra historia presente sigue un camino deshumanizante teñido con la violencia irracional y cruel contra las personas y las instituciones. Muchos cristianos católicos y turistas fueron víctimas de la violencia extremista en Sri Lanka. Muchos se han preguntado por la razón de esta ferocidad desatada justo cuando los hermanos creyentes estaban celebrando al Señor Jesucristo en su gloriosa resurrección. Buscar razones ante actos irracionales es pérdida de tiempo. Es el patético  odio de cualquier especie contra los demás que piensan distinto y actúan distinto a la ilógica violencia. Todos los que han caído bajo el certero golpe del terror están gozando de Dios para siempre. Son mártires que han sido sacrificados mientras celebraban con gozo a su Señor Resucitado. Él ha podido repetirles la esperanzadora invitación que pronunció ante el buen ladrón en la hora de la cruz, en medio de su agonía: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”. Son muchos los cristianos sacrificados violentamente en los tiempos presentes y esto no parece terminar, más bien está comenzando. Las palabras de San Juan Pablo II van cobrando un realismo estremecedor: la Iglesia será una iglesia de mártires. No menos ha sido la convicción y advertencia del recordado Benedicto XVI en el mismo sentido cuando piensa que la Iglesia será reducida a pequeñas células de vida cristiana como fruto de un ambiente adverso y violento. ¿Es delito creer en Cristo? ¿Por qué tanta acción terrorista contra los cristianos? Posiblemente se nos pretende acallar e infundir el miedo que nos encapsule en el anonimato o en el intimismo religioso, pretendiendo una fe cristiana sin injerencia social ni cultural. Pero no, no podemos callar porque Jesucristo muerto y resucitado sigue siendo el único que nos ofrece una vida nueva. Y entonces hay que estar dispuestos a dar la vida por Él y su Reino. Con cuánta razón suplicamos  en la Oración Colecta de este domingo: “Dios de eterna misericordia, que en la celebración anual de las fiestas pascuales reavivas la f del Pueblo santo, acrecienta en nosotros los dones de tu gracia para comprender, verdaderamente, la inestimable grandeza del bautismo que nos purificó, del Espíritu que nos regeneró y de la sangre que nos redimió”. De este modo seremos testigos valerosos del Resucitado hasta estar libremente dispuestos a ofrecer la propia vida por Él hasta derramar la sangre por su causa. ¡Señor! Danos la valentía de los mártires, la fidelidad de María y la docilidad de tus discípulos de verdad.

PALABRA DE VIDA

Hch 5, 12-16       “Aumentaba cada vez más el número de los que creían en el Señor”.

 Sal 117, 2-4. 22-27     ¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!

Apoc 1, 9-13.17-19 “Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre”.                                                

Jn 20, 19-31       “Como el Padre me envió a mí, Yo también los envío a ustedes”.

                ¡Feliz Pascua de Resurrección! ha sido el saludo de estos días santos. Hemos celebrado y vivido la Pascua de Jesús con mucha alegría y esperanza. Hemos prolongado este ambiente espiritual  de gozo intensamente eclesial a través de la Octava de Pascua, esos ocho días vividos como un domingo de resurrección prolongado. No podemos silenciar esta Vida Nueva que nos participa el Señor Jesucristo a partir de nuestro bautismo. La alegría pascual debe ser el sello de nuestra vida cristiana, porque una Buena Noticia no podría vivirse ni comunicarse sino en ese clima gozoso. Imaginar unos cristianos tristes y apesadumbrados es como muy contradictorio. Por principio, la Buena Noticia reclama actitudes contagiosas, ejemplos creíbles, convencidos y convincentes. La Pascua de Jesús nos renueva en el compromiso, seguimiento y estilo de ser cristianos. Fijémonos en los signos tan poderosos que la bella liturgia de la Vigilia Pascual nos sugiere como la luz, el pregón pascual, la abundante Palabra de Dios, el agua y la renovación de las promesas bautismales y el ambiente de sencilla belleza para expresar el misterio pascual, fundamento de nuestra fe.

                En este segundo domingo de Pascua se hace coincidir el Domingo de la Divina Misericordia.  Una manifestación de la misericordia divina es el Misterio Pascual de Jesús que hemos celebrado, porque todo lo hizo por amor a los hombres oprimidos por el pecado y la muerte. Un efecto de este amor misericordioso de Jesús es la apertura nuevamente del cielo que el pecado de Adán había cerrado. Hemos sido liberados por la fuerza del amor hasta el extremo que nos tiene Jesús, nuestro Mediador ante el Padre.

                Pasemos a contemplar la Palabra de Dios que nuestra madre la Iglesia nos presenta en la mesa de este segundo domingo de pascua. Dejemos que el Espíritu del Resucitado abra nuestra mente y haga arder nuestro corazón ante la maravilla de la Vida Nueva que Cristo nos comunica.

                Del libro de los Hechos de los Apóstoles 5, 12-16

                La primera lectura de este tiempo pascual está tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles. No olvidemos que este libro, cuyo autor es San Lucas, nos muestra el nacimiento, desarrollo y consolidación de la Iglesia, continuadora de la misión de Cristo en el mundo. El verdadero protagonista de este desarrollo es el Espíritu Santo, prometido y enviado por Cristo a sus seguidores, alma de la misión evangelizadora e impulsor del anuncio de la Palabra a través de los enviados.

                El texto de Hch 5, 12-16 pertenece al género literario llamado sumario o resumen y es el tercer resumen de la actividad de sanación que realizan los apóstoles, especialmente Pedro, y de la expansión del Evangelio que se abre camino entre el pueblo. Un signo muy potente de este proceso es la comunidad apostólica que goza de admiración por parte del pueblo y van agregándose  hombres y mujeres en número creciente al aceptar al Señor Jesucristo para el perdón de los pecados. La actividad pastoral de Pedro tiene un gran atractivo por las sanaciones, recordando el poder sanador de Jesús. Todos los enfermos y poseídos de espíritus inmundos, e incluso los de los vecinos de los alrededores de Jerusalén, eran sanados por el poder de Jesucristo, muerto y resucitado. El acento de este resumen está en el poder de realizar milagros que se manifiesta en los apóstoles, que manifiesta el poder del Resucitado. ¿Cuáles son las señales milagrosas que hoy ponen de manifiesto el poder del Resucitado? ¿Quiénes son los “poseídos por espíritus impuros” en nuestro tiempo? ¿Cómo se manifiesta el poder del Resucitado hoy en tu comunidad?

                El Salmo 117, 2-4.22-27 sigue siendo la respuesta al anuncio pascual. No podría ser más adecuado ya que se trata de una liturgia de acción de gracias que comienza con una invitación a la alabanza cuyo centro es el amor que Dios ha manifestado a favor de Israel. Resalta el sentido cristológico en los versículos 22-27 cuando dice: “La piedra que rechazaron los albañiles es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho y nos parece un milagro. Éste es el día en que actuó el Señor”.

                Del Libro del Apocalipsis 1, 9-13.17-19

                La segunda lectura está tomada del libro del Apocalipsis 1, 9-13.17-19. Es el último escrito del Nuevo Testamento con el rango de libro revelado por Dios. Aunque los destinatarios son las siete iglesias de la provincia romana de Asia, su mensaje traspasa la época y se convierte en mensaje permanente para todos los cristianos. Tiende a desconcertar su lenguaje apocalíptico, la abundancia de sus simbolismos  y las fantásticas visiones, sin embargo, para los destinatarios de este libro les era normal descubrir tras este enigmático lenguaje la realidad que el autor quería fortalecer en estos cristianos sometidos a la prueba de la persecución. El texto de esta segunda lectura nos transmite una grandiosa auto-presentación de Cristo Resucitado, Señor y dueño de la historia. Esta visión de Jesucristo sirve de introducción a todo el libro: Jesús es el Señor de la gloria y de la historia. Esta visión de Cristo acontece un domingo y comienza por la escucha de una voz potente como de trompeta (v. 10). Al intentar identificar de quien era la voz que le ordena escribir el libro y enviarlo a las siete iglesias, ve  siete lámparas de oro, referencia al gran candelabro de siete brazos usado en la liturgia judía. Todo esto indica que estamos ante un marco solemne donde se presenta la figura de Cristo como Mesías sacerdote de larga túnica, cinturón de oro.  Juez, de mirada penetrante, es decir, los ojos como llama de fuego (v. 14). Tiene poder para comunicar la vida (v. 17) porque declara: “Yo soy el primero y el último, el que vive; estuve muerto y ahora ves que estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo” (v. 19). Hagamos nuestra esta contemplación de la gloria del Resucitado y su señorío sobre la historia humana en cuanto principio y fin de todo lo creado. La primacía de Cristo es la clave de la vida del cristiano y de la Iglesia. Él debe reinar en los corazones y en la comunidad.

 

                Del evangelio según san Juan 20, 19 - 31

                El evangelio de hoy está tomado de San Juan 20, 19-31. El autor nos señala: “Otras muchas señales hizo Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro. Éstas quedan escritas para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida por medio de él” (vv. 30-31). Es interesante comprender que la finalidad de los evangelios no es un relato histórico o una crónica sobre Jesús. Los evangelios son testimonios de unos creyentes que vivieron la experiencia del encuentro con Jesús hasta su misma resurrección. Su testimonio apunta a suscitar un acto de adhesión o fe en Jesús, Mesías e Hijo de Dios. Así, tanto el testimonio de los discípulos como el evangelio escrito, que es Palabra de Dios, será la manera como se prolongará la presencia del Resucitado en la historia.

                El evangelio de este segundo domingo de pascua nos narra una aparición de Jesús Resucitado a los discípulos. Se trata de una escena central de las apariciones. Los discípulos estaban encerrados por miedo a los judíos en aquel atardecer del primer día de la semana (domingo). Sin más, Jesús se hace presente y les saluda con el habitual “La paz esté con ustedes”.

                Luego les muestra las manos y el costado, pruebas de su pasión e indica que se trata del mismo Jesús que sufrió y murió en la cruz. Este gesto es muy importante porque los discípulos podían confundirlo con un fantasma. Queda claro que es el mismo Jesús  crucificado que ahora se muestra resucitado. La reacción de los discípulos es de alegría al ver al Señor.

                Luego Jesús revela su identidad divina: “Como el Padre me envió, así los envío a ustedes” (v. 21). Jesús les confía su misión y como Él también ellos deben asumirla como mandato divino. La misión no es fruto de una opción humana sino un encargo que el Padre les hace también a ellos.

                Hay un gesto muy significativo a continuación: “Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: Reciban el Espíritu Santo” (v. 22). En el libro del Génesis se dice  que Dios sopló sobre el hombre de barro y éste comenzó a vivir. Aquí también se da el mismo gesto para señalar que Jesús es el autor de una nueva creación al regalarles el Espíritu Santo, gran promesa que les había hecho a los suyos antes de padecer en la cruz.

                Junto a este nuevo aliento de vida del Resucitado, los discípulos experimentan al Resucitado como fuente de perdón y ellos mismos son puestos como instrumentos del perdón, con la salvedad que tanto el conceder el perdón o denegarlo tiene consecuencias para el futuro destino del hombre.

                Termina el evangelio de hoy con la equivocada búsqueda de Jesús de parte de Tomás. En efecto, él quiere tocar las llagas para creer. Jesús le reprocha su incredulidad pero Tomás responde con un acto de fe de un discípulo reconociendo a Jesús como Dios y Señor.

                Un saludo fraterno. Que Dios nos bendiga. Fr. Carlos A. Espinoza I. O. de M.


Documentos:
· Comentario del Evangelio (DESCARGAR) |