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5to DOMINGO DE PASCUA (C)


Mirémonos este domingo ante esta palabra de Dios con mucha humildad y renovemos esta caridad evangélica, sello y marca de las vidas de San Pedro Nolasco, de santa María Micaela del Santísimo Sacramento, de Teresita de los Andes, de San Ramón Nonato y la inmensa muchedumbre de bienaventurados.

¡SEÑOR JESÚS! Transfórmanos en tu Amor Redentor

                Me quedó dando vueltas en mi espíritu la palabra de Jesús del día de hoy viernes: “No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí” (Jn 14,1). Mirando nuestra vida real descubrimos que la inquietud es un estado de permanente preocupación y de vigilia. Lo realmente importante es descubrir las causas de este estado espiritual del que Jesús nos advierte. Hay muchas inquietudes en el corazón humano, pero no todas son saludables; muchas de ellas nos enferman y ejercen sobre nuestra vida una presión constante que nos pone nerviosos, irascibles, quejumbrosos. Hay inquietudes verdaderas y otras que no lo son tanto. Las verdaderas inquietudes permanecen como ideas, ideales, propósitos, sueños, esperanzas. Siempre será para bueno para todo ser humano tenerlas pero siempre bajo una mirada también muy realista sobre nuestros límites y nuestras posibilidades. En este caso la inquietud del ser humano a ser feliz, a ser mejor, a ser fraterno, solidario, alegre, positivo, inteligente, etc. es un verdadero impulso saludable y positivo. Sin inquietud en este sentido, la persona cae en el conformismo, la rutina, la falta de proyecto, de ideales, de aspiraciones de alto vuelo humano y espiritual. En este sentido, el materialismo  envolvente y dominante reduce la inquietud y la búsqueda sólo y exclusivamente a satisfacer prontamente las necesidades inmediatas y a hipotecar las búsquedas más profundas del ser humano como el amor al otro, la verdad, la justicia, la paz, el bien, etc. Jesús denunció esto con claridad cuando le dijo a la muchedumbre que iba tras él: ustedes me buscan porque les di de comer. En efecto había multiplicado los panes y había saciado el hambre de la muchedumbre. Y les invita a buscar el “verdadero alimento que el Padre les da” y ese Pan es el mismo Jesús, el Hijo del Padre. Estamos inquietos por muchas cosas pero es hora de detenernos a revisar con altura de miras si no se nos están escapando las verdaderas cosas que nos son necesarias para enfrentar esta hora de la Iglesia y de nuestra humanidad. Jesús nos  ofrece una respuesta que no podemos olvidar: “Crean en Dios y crean también en mí”. Y precisamente lo que está sucediendo en el mundo de hoy es “el olvido de Dios”, “la negación de Dios”, “la muerte de Dios”, “el prescindir de Dios”. Y hay muchas actitudes concretas que van haciendo este proceso de indiferencia religiosa, de pérdida de sentido, de apagón de la inquietud más honda del ser humano como es la búsqueda de la felicidad, la búsqueda del misterio más hondo de la vida, el misterio de Dios.  Y en este ambiente podemos comprender las acciones concretas que revelan la pérdida de Dios incluso en los espacios religiosos. Estamos inquietos pero revisemos qué nos inquieta, qué buscamos.   

PALABRA DE VIDA

                                                                                                                                     

Hch 14, 21-27     “Es necesario pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios”.

                                                                                                                                            Sal 144, 8-13      Bendeciré tu Nombre eternamente, Dios mío, el único Rey.

Ap 21, 1-5           “Yo hago nuevas todas las cosas”.

Jn 13, 31-35        “Así como yo los he amado, ámense  también ustedes los unos a los  otros”.


                Dejémonos hoy interpelar por la Palabra del Señor que, como un inagotable manantial, sigue fluyendo sin pausa para que bebamos el agua limpia del Espíritu Santo. Sed y hambre de escuchar y vivir la Palabra como lo hizo María, Nuestra Madre, no nos pueden faltar. “Mi alma tiene sed de Dios”, dice el salmista. Pasemos a los textos bíblicos de este quinto domingo de Pascua.

                Del Libro de los Hechos de los Apóstoles 14, 21 - 27

                La primera lectura, siguiendo con los Hechos de los Apóstoles, libro muy adecuado  para descubrir la fuerza del Resucitado en la  comunidad y la misión, nos sitúa en el ciclo dedicado a Pablo y Bernabé que comenzó con el capítulo 9, narración de la conversión de Pablo y continúa en el capítulo 13 y siguientes. Nuestra primera lectura está tomada del capítulo 14, 21 – 27. En primer lugar, estamos ante una misión itinerante, en movimiento, en la que Pablo en compañía de Bernabé se ha tomado muy en serio la decisión de  dedicarse a los paganos, ya que los de su raza han rechazado a Jesús y a los misioneros. La primera campaña misionera que lleva el Evangelio a los paganos llega a su fin. Los misioneros itinerantes van de vuelta y lo hacen visitando las pequeñas comunidades cristianas que se han ido formando en cada lugar donde se ha anunciado el Evangelio. Hay un itinerario geográfico  que se enriquece con estas pequeñas comunidades de discípulos y discípulas que han abrazado la fe cristiana. Es muy importante el v. 22 de nuestro texto cuando dice: “…donde animaron a los discípulos y los exhortaron a perseverar en la fe, recordándoles que tenían que atravesar muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios”. Es siempre muy importante el servicio de la animación que los responsables deben  asumir como tarea prioritaria. Fácilmente se introduce en la comunidad y en los discípulos  el desaliento, el cansancio, la rutina, la desmotivación, la dejadez. No está exenta la comunidad y los miembros de vivir  o caer en estas tentaciones, razón por la cual es importante el ejercicio de la animación. Luego es importante la exhortación espiritual, es decir, el llamado a permanecer fieles al Señor que es lo mismo que permanecer fieles a la fe. Un animador de la comunidad siempre está llamando a permanecer fieles y fuertes porque el Evangelio y Jesús no dejan a nadie indiferente. Un cristiano debe aceptar siempre, que permanecer fiel al Señor y al Evangelio no es barato, hay que estar dispuestos a enfrentar tribulaciones variadas. El Reino de Dios se conquista con valentía y no con cobardía y miedos. Cuando leemos esto, nos vienen a la memoria tantas formas de rechazo  y sufrimientos que estamos viviendo por el hecho de ser cristianos y católicos y no sólo en el Estado Islámico sino también en nuestras sociedades occidentales. ¿Quiénes deben realizar este servicio de animación? El versículo 24 deja constancia que: “En cada comunidad nombraban ancianos y con oraciones y ayunos los encomendaban al Señor en quien habían creído”. La comunidad cristiana se va organizando. De otro modo, el desorden pone en jaque la permanencia. Estos “líderes locales” son elegidos con discernimiento, es decir, con oración y ayuno. ¿Cumplo alguna función de animación en la comunidad cristiana? ¿Qué características tiene mi tarea de animación?

                Salmo 144, 8-13, un himno de alabanza a Dios, quien manifiesta su grandeza a través de sus acciones. Por eso “cada generación celebra sus acciones y le anuncia a las otras tus portentos; ellas hablan del esplendor de tu gloria, y yo también cantaré tus maravillas “(v.4-5). Nuestro Dios es un Dios fiel en todo lo que promete y bondadoso en todas sus acciones. Alabamos cuánto de maravilloso ha realizado Dios en Cristo por y para nosotros.

                Del Libro del Apocalipsis 21, 1-5

                La segunda lectura, del libro del Apocalipsis, nos presenta una sugerente imagen de la Nueva Jerusalén como una novia engalana, una virgen fiel. La imagen de las nupcias es muy frecuente en la Biblia.  Es el cumplimiento de la promesa que Dios hace: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva” (v. 1). Todo lo antiguo ha pasado y Dios hace una nueva creación, una nueva humanidad, congregada en la Iglesia. Ha desaparecido la ciudad pecadora y malvada representada por Babilonia. La Nueva Jerusalén es virgen, en cambio la Babilonia es prostituta que es sometida a juicio como narra el capítulo 17. La nueva creación y la nueva humanidad anunciada, obra de Dios, está representada por la Iglesia definida como “morada de Dios entre los hombres” (v. 3). Con esta nueva tierra y nuevo cielo se inaugura un tiempo de alegría que supera la experiencia del sufrimiento de antes: “Les secará las lágrimas de los ojos. Ya no habrá muerte ni pena ni llanto ni dolor” (v. 4). Se describe la nueva situación con una enumeración de expresiones negativas.  Es esta nuestra esperanza y nuestra certeza porque Dios realiza lo prometido: “Mira, yo hago nuevas todas las cosas” (v. 5). Sírvanos este precioso texto para renovar nuestra esperanza acerca del mundo nuevo que Dios quiere hacer desde su Hijo, muerto y resucitado, a través de su Iglesia. Es una invitación a creer que lo que Dios promete se cumple inexorablemente para bien de sus elegidos.

                Del evangelio de san Juan 13, 31-35

                El evangelio nos permite entrar en la segunda parte del cuarto evangelio que se centra en la hora de Jesús y la glorificación del Hijo por parte del Padre. Esta glorificación es la manifestación  de la identidad y misión de Jesús, lo que comienza por la Última Cena con el discurso de despedida y pasa por el proceso de la pasión y la resurrección de Jesús. El “Libro de la Hora de Jesús” como lo llaman a esta sección los especialistas, se abre con una clara conciencia de que ha llegado “su hora”. Así dice: “Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que llegaba la hora de pasar de este mundo al Padre, después de haber amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (v. 1). En este marco se inscribe el evangelio de este domingo. ¿Qué  es la “hora de Jesús”? Se trata de algo deseado y positivo, una ida de este mundo al Padre. Es una “hora” de humildad y servicio a los suyos, una manifestación conmovedora en el lavado de los pies de sus discípulos y de máxima expresión del amor a los suyos y al Padre. Precede a nuestro evangelio de hoy, la penosa escena de la traición aunque no exenta de gestos de acogida y amor de Jesús como es el pan remojado en el propio plato de Jesús compartido por el traidor Judas. “Y enseguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Era de noche”, dice en el v. 30. Esta expresión “era de noche” indica que Judas se va al mundo de las tinieblas, el de la traición, y Jesús vencerá esa pavorosa realidad con el despliegue de su amor “hasta el extremo”. Así la “hora de Jesús” está teñida de la “hora de las tinieblas” (traición y rechazo con resultado de muerte y abandono) pero, al mismo tiempo es “la hora que el Padre ha previsto para manifestar su gloria en el Hijo Amado”. La obra de Dios triunfa a través del aparente fracaso de la cruz.

                Cuando Judas sale al mundo de las tinieblas para poner en marcha el proceso de la pasión, la gloria de Jesús se hace real. Jesús dice: “Ahora ha sido glorificado el Hijo del Hombre y Dios ha sido glorificado por él…también Dios lo glorificará por sí, y lo hará pronto” (vv. 31-32). La hora de las tinieblas de este mundo no hacen más que manifestar el resplandor del Hijo y del Padre, que vencerá definitivamente a las tinieblas. Estamos ante un clima de despedida marcado por esas frases de Jesús que calan hondo en los acongojados discípulos: “Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes… a donde yo voy ustedes no pueden venir” (v. 33). No comprenden  lo que Jesús está viviendo y tampoco lo que les pide. No se trata de seguirle ahora y de dar la vida por Él. Jesús va a la pasión y muerte y resurrección; esto los discípulos no lo pueden vivir ahora con Él. La “hora de Jesús” incluye esta incomprensión de quienes le rodean. No lo pueden ayudar ahora en “su hora”.  

                Pero ¿qué pueden hacer para seguirle? Los discípulos mostrarán que son de Jesús si viven el mandamiento nuevo ya que no pueden ir con Jesús a la pasión y a la cruz. Seguirán a Jesús por la práctica del amor. Dice Jesús: “Les doy un mandamiento nuevo, que se amen unos a otros como yo los he amado: ámense así unos a otros” (v. 34). Este amor que implica darse por los demás, estar dispuestos a  entregarse por los demás, se convierte en el poderoso argumento en favor de Jesús, será la marca o sello del verdadero discípulo: “En eso conocerán todos que son mis discípulos, en el amor que se tengan unos a otros” (v. 35). Sobre este aspecto absolutamente central del evangelio y de la vida cristiana se ha escrito muchísimo. Se han escrito páginas sublimes de cristianos y cristianas que han vivido hasta las últimas consecuencias este amor fraterno que Jesús nos pide. Imitemos a esa multitud de testigos del amor verdadero y dejémonos guiar por esta piedra angular de la vida cristiana. Mirémonos este domingo ante esta palabra de Dios con mucha humildad y renovemos esta caridad evangélica, sello y marca de las vidas de San Pedro Nolasco, de santa María Micaela del Santísimo Sacramento, de Teresita de los Andes, de San Ramón Nonato y la inmensa muchedumbre de bienaventurados.

                “Este es el amor que nos renueva, que nos hace hombres nuevos, herederos del Testamento nuevo, capaces de cantar el cántico nuevo… el que hace que el género humano se reúna en un nuevo pueblo.”(San Agustín).

                Que el Señor nos bendiga con la abundancia de su amor.                                                                            Fr. Carlos A. Espinoza I.  O. de M.


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