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23° Domingo durante el Año


El evangelio, Mc 7, 31-37, nos narra un segundo milagro de Jesús realizado en tierra pagana, en la Decápolis. Este hecho indica claramente que la Buena Noticia también llega a los paganos, mostrando así su carácter universal.

Hace oír a los sordos y hablar a los mudos

                Nos volvemos a encontrar con la Palabra de Dios, verdadero alimento de una vida cristiana comprometida. El protagonista de hoy es el sordo y mudo. Sordera y mudez van de la mano y son dos grandes obstáculos en nuestra vida humana y cristiana. La sordera que realmente nos preocupa es la interior o espiritual. Físicamente puede haber imposibilidad de oír y escuchar pero esto no tiene la gravedad de la sordera espiritual. ¿Cuándo estamos ante esta incapacidad espiritual para escuchar? Cuando hemos perdido el “sentido de Dios” o cuando hemos dejado fenecer la dimensión espiritual o trascendente en nosotros, encerrándonos en los estrechos límites de la materia, de la contingencia, de lo finito y temporal. Cuando  nuestra vida no tiene otra aspiración que  lo inmediato y contingente. Esta sordera llaga hasta el extremo que el hombre se hace insensible  al valor espiritual, no le dice nada ni deja que le diga algo. Es un vivir inmerso completamente en el mundo material, sin sentido trascendente de la vida. ¡Cuán difícil es evangelizar a un sordo así entendido! Y pareciera que esta situación nos está invadiendo. Una sociedad de sordos espiritualmente hablando termina por no escuchar tampoco al otro ser humano, no encuentra valor y sentido al diálogo, a la comunicación interpersonal, a la búsqueda de los valores espirituales y morales trascendentes. Y, al no escuchar al otro, creamos una sociedad de sordos y mudos, incapaces de tender puentes de encuentro y diálogo con el otro. Generamos una sociedad de lucha de poder, de dominación y esclavitudes diversas. La mudez es también un fenómeno humano y espiritual. Hay muchísima gente que  sólo funciona con el aparataje de la era digital y no pierde el tiempo saludando o interesándose por el otro y por los otros. Los sordos y mudos son como seres de otro planeta, no saben qué decir y no necesitan escuchar a nadie porque han organizado su vida en torno a una verdadera lepra de la informática permanente. Siempre están informados pero cada vez más incomunicados, afectivamente solos, emocionalmente encerrados. Es el aturdimiento que trae consigo la falta de sentido, de proyecto, de ilusión por un mundo más humano y solidario. ¿Qué aprendemos de la Palabra de Dios? Jesús viene a quebrar esquemas y recrea, sanando, el sentido más original del ser humano: lo libera de esa incapacidad para comunicarse con Dios y con los demás, es decir, nos abre la existencia al encuentro, al diálogo, a participar de la vida, sin ninguna exclusión. “Señor, me reconozco en el sordo y mudo. Tengo dificultades para escuchar y para comunicar tu buena nueva. Haz que surjan en nuestra sociedad personas liberadoras, personas que sanen, personas que puedan hacer que otros escuchen y hablen”.

                PALABRA DE VIDA

Is 35, 4-7              “Los oídos del sordo se abrirán, la lengua del mudo cantará”.

Sal 145, 7-10                 El Señor abre los ojos al ciego.

Sant 2, 1-7          “¿Acaso no escogió Dios a los pobres de este mundo?”  

Mc 7, 31 -37       “Todo lo ha hecho bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos”.

                En las lecturas de hoy desfilan dos categorías de personas: sordo y mudo. En ambos casos, se trata de dos enfermedades que ordinariamente van unidas, como acontece en el evangelio de hoy, en el v. 32. De hecho, el término griego kôfòs = “embotado” puede significar “sordo” y “mudo”. Sin embargo, la sordera, a diferencia de la mudez, no es el resultado de una posesión diabólica, fuera del caso del muchacho epiléptico de Mc 9, 25. Jesús, al curarla, realiza gestos mesiánicos como está anunciado en el oráculo del profeta Isaías, en la primera lectura de hoy. La sordera puede simbolizar el rechazo a obedecer la Palabra de Dios. La mudez de Zacarías, el padre de Juan Bautista, es un castigo infligido por Dios por no creer el anuncio del nacimiento de Juan. Notemos que, en consonancia con las lecturas del domingo pasado, la palabra de Isaías y la de Jesús convergen en anunciar la liberación frente a todas las servidumbres que afectan al ser humano. La Buena Noticia de Jesús es universal y elimina las trabas y los miedos que limitan a la humanidad. El Evangelio de Jesús es profunda y definitivamente liberador  o redentor como decimos en el lenguaje mercedario.

                Dejemos espacio y tiempo a la Palabra de Dios que se nos anuncia. El hermoso mes de Septiembre nos invita a vivir el mes de la Biblia, el mes de la Virgen de la Merced y el mes de la Patria, tres oportunidades para dar gracias, bendecir y celebrar.

                Del Libro del Profeta Isaías 35, 4-7

                La primera lectura, Is 35, 4-7, nos anuncia unos buenos augurios y bendiciones para Jerusalén, la ciudad santa o Sión como se la designa con frecuencia en la Biblia. De los diez versículos de este capítulo 35, nuestra liturgia de hoy sólo toma los versículos 4 – 7. Se llama a los cobardes a ser fuertes porque Dios viene en persona a salvarlos; se anuncia que los ciegos recobrarán la visión y se abrirán los oídos de los sordos; saltarán los tullidos y la lengua del mudo se soltará para cantar. El profeta anuncia un cambio de tal envergadura, sólo comparable al que brote agua en el árido desierto y arroyos en la estepa o que el arenal se convierta en un estanque de agua y lo reseco en manantial, ambiente propicio para que brote la hierba, cañas y juncos. Este idílico paisaje es como símbolo de la acción de Dios a favor del pueblo escogido. Es un magnífico cuadro de un cambio, del restablecimiento material descrito como prosperidad, felicidad  e integridad física al superarse las enfermedades que limitan el accionar de los hombres. La liturgia quiere mostrar el nexo íntimo entre esta visión esperanzadora de Isaías y el accionar de Jesús en el evangelio de san Marcos. Resulta una buena invitación a acrecentar la esperanza en un mundo nuevo, a pesar de los porfiados hechos que apuntan en sentido opuesto. Se habla de cambio y se anuncian muchos cambios pero el único soporte son las frágiles intenciones humanas. El texto bíblico sitúa el sueño de futuro en las manos de Dios quien sí es garantía. “Lo nuevo ya ha comenzado, el mundo nuevo ya está germinando”. Ese el anuncio del evangelio. ¿Qué espero, qué me ilusiona como comunidad eclesial o nación? ¿Cuáles son mis sueños como creyente?

                Salmo 145, 7-10 es una alabanza a Dios, proclamado como defensor de los oprimidos, que se apoya en el poder  creador de Dios y en la amorosa cercanía con los oprimidos y pobres. Y desfilan los preferidos de Dios: oprimidos, hambrientos, cautivos, ciegos, encorvados, extranjeros, huérfanos y viudas. Y una certeza magistral: “El Señor reina eternamente, a lo largo de las generaciones”. A los pobres siempre los tendremos con nosotros.

                De la Carta de Santiago 2, 1-7

                La segunda lectura, Carta de Santiago 2, 1-7, toca un auténtico problema de las comunidades de antes y también de las actuales. La enseñanza parte por una denuncia: hay un trato discriminatorio hacia personas de distinto rango social, ya sea que se trata de una persona ricamente vestida o de un pobre. Esto dentro de una comunidad de creyentes en Jesús. Semejante acto discriminatorio es simplemente incomprensible para Santiago. El hecho es posible comprenderlo históricamente si consideramos que, poco a poco, fueron llegando a las comunidades cristianas personas de mejor condición económica y social en comparación con los mayoritariamente pobres que ya las integraban. ¿Quién es el que entra a la reunión con anillo de oro y traje elegante, en abierto contraste con un pobre andrajoso? Podría tratarse de persona que tiene poder económico y ejerce la administración de justicia, lo que le granjeaba un estatus que todos respetaban. Es posible que estas personas fueran benefactores de grupos religiosos o sociales para ganarse  el afecto de los pobres y a las comunidades cristianas les hacía bien entrar en este juego. Pero Santiago rechaza absolutamente tal proceder precisamente porque discrimina a los pobres. La fe en Jesús no tolera semejante conducta porque “¿acaso no escogió Dios a los pobres de este mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino que prometió a los que lo aman?” (v. 5). Esta enseñanza hace incompatible un criterio discriminatorio en la comunidad cristiana. Es una consecuencia del mandamiento fundamental que nos dejó Jesús. Los versículos 6 y 7 contienen un reproche contra la opresión de los pobres que ejecutan los ricos y recuerda las denuncias proféticas del A.T. contra las clases adineradas que explotan y oprimen a los indigentes. Buena lección para todos los que discriminan a los niños engendrados en los vientres de sus madres y quieren ahora el aborto total. Los opresores siguen  haciendo de las suyas contra los pobres por lo visto.

                Del evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 7, 31-37

                El evangelio, Mc 7, 31-37, nos narra un segundo milagro de Jesús realizado en tierra pagana, en la Decápolis. Este hecho indica claramente que la Buena Noticia también llega a los paganos, mostrando así su carácter universal. A primera vista, nos llama la atención la descripción de las acciones que realiza Jesús para sanar a este sordo y mudo, porque normalmente tanto los gestos como las palabras de Jesús en las curaciones carecen de cualquier apariencia de magia. En este caso de la curación del sordomudo hay una serie de elementos que se vinculan con las clásicas curaciones mágicas. Fijémonos en los detalles siguientes: toma Jesús al enfermo aparte, le mete los dedos en las orejas y le toca la lengua con su saliva. Así hacían los antiguos taumaturgos. Pero hay que mirar el relato con otra clave, completamente distinta a la que hemos mencionado.

                Notemos que estamos ante una enfermedad de nacimiento que afecta muy profundamente a la persona del sordomudo. Jesús toca los oídos y la lengua del enfermo para decirle con ello que se trataba de la curación de su mal. Los gestos de Jesús quieren hacer entender al enfermo que está dispuesto a sanarlo. ¿Qué otra manera podía emplear para hacer entender el sentido de su acción? Con toda probabilidad este hombre no tenía otra forma de entenderlo y Jesús se hace entender de la manera como describe Marcos, lo que constituye una expresión de cercanía y bondad hacia el enfermo de parte de Jesús.                                                                       El milagro acontece y Jesús pronuncia una súplica dirigida al Padre: “Levantó la vista al cielo, suspiró y le dijo: -Efatá – que significa ábrete” (v. 34). Es una referencia interesante que señala que poco a poco los paganos abren sus oídos a la Palabra de Dios, pero por obra de Jesús.

                La palabra de Jesús es poderosa y, pronunciada, produce el cambio en el enfermo: “Al momento se le abrieron los oídos, se le soltó el impedimento de la lengua y hablaba normalmente” (v. 35). Ha quedado libre de su mal y puede experimentar en carne propia la bondad de Dios manifestada en la persona y palabra de Jesús. Nos hace bien el evangelio, nos hace bien la fe en Cristo.

                Como es la tónica del evangelio de Marcos, Jesús les impone silencio a todos pero igualmente pregonan lo sucedido. Jesús continúa operando calladamente, para indicar que Dios no quiere este tipo de exhibiciones. El Reino de Dios anunciado por Jesús crece en la pequeñez y silencio. Es el obrar de Dios. Sin embargo, no deja la gente de manifestar su admiración ante lo obrado por Jesús: “Todo lo ha hecho bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos” (v. 37). De este modo se señala la presencia del Reino y se muestra la eficacia del mismo cuando va rompiendo todo tipo de alienación y se convierte en liberación y gracia redentora. ¿Es para mí el evangelio una palabra poderosa para transformar mi vida? ¿Qué milagros ha producido en mí el encuentro vivo con la persona de Jesús? ¿Realmente ha cambiado mi vida, mis criterios, mis relaciones?

                La Palabra de Dios debe ser nuestro mejor alimento para la vida de fe. Aprovechemos este mes en que celebramos el mes de la Biblia. Sin contacto vivo con la Palabra de Dios es prácticamente imposible renovar nuestra vida cristiana. Dejémonos interpelar por la Palabra, por el Evangelio para que no seamos los modernos sordomudos. Es también el Mes de la Virgen de la Merced cuya fiesta celebraremos el próximo 24 de septiembre. Y estamos celebrando el mes de la Patria con que Dios nos ha bendecido, nuestro Chile querido.

                Un saludo cordial.  

                                                                        Fr. Carlos A. Espinoza I., O. de M.


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