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4° DOMINGO DURANTE EL AÑO (C)


El mensaje de este evangelio de hoy sirve para que el cristiano esté dispuesto a aceptar, con la fuerza de Jeremías y de Jesús, las consecuencias del rechazo que pertenece a la historia de la vocación y de la misión. Ni una ni la otra son caminos exitosos según el mundo; por el contrario, es inherente abrazar la cruz cada día para ser fieles a la llamada.

¡Cristo!, sé para mí una roca protectora

                La Palabra de Vida sale a nuestro encuentro y nos interpela con una enseñanza que nos conmueve, sobre todo, porque se trata de una de las notas distintivas del cristiano: ser profeta junto a sacerdote y rey. Formamos parte de un pueblo de sacerdotes, profetas y reyes y esta es nuestra identidad más genuina que nos regala el bautismo. Y vivir este aspecto central de nuestra identidad cristiana es todo un desafío para este hombre posmoderno que goza y goza, pásalo bien y no te preocupes del pasado ni menos del futuro. Vivir es un eterno hoy, aquí y ahora, al momento absolutamente puntual. En cambio, el profeta lleva en su interior un fuego que quema, algo que no puede dejar en el olvido. Y qué común es la respuesta de nuestros interlocutores: “No te hagas problema, olvídalo”. El profeta auténtico no puede nunca dejar de vivir su condición de testigo y voz de la Palabra de Dios. Ser profeta es vivir y proclamar lo que Dios quiere comunicarnos. Y eso no es fácil. El profeta es llamado para hablar: “Anda y diles lo que yo te mando”. No es transmisor de su propia opinión, siempre debe comunicar lo que el Otro le manda. Y como no es dueño ni autor del mensaje, el profeta sabe que no todo serán bendiciones y buenos deseos. Por el contrario, debe comunicar lo que al público no le agrada, deberá denunciar males, conductas torcidas, incoherencias, injusticias, atropellos, traiciones, etc. y llamar y llamar a un cambio de conducta y de dirección. El profeta es incómodo para cualquier sociedad o grupo. Su anuncio no es de aprobación sino de clara denuncia. Y parece que a nadie le cae la denuncia, sobre todo, si es tan directamente “al hueso” de la persona o de la comunidad. Es la razón por la que nadie es profeta en su casa, con sus propios familiares y cercanos. Ejemplos de profetas tenemos de los verdaderos y muchos de los otros, los genuflexos del poder de turno o “ de palacio”. El profeta nunca es institucional, no pertenece a un staf de expertos; siempre es auténticamente llamado por Dios, es muy libre y amante de la verdad y la verdad verdadera siempre duele. Y el profeta está dispuesto a arriesgar la vida hasta el sacrificio o martirio. No le faltan persecuciones, atropellos, vejaciones, torturas y muerte. Nuestro sufrido continente tiene en Mons. Oscar Romero un profeta mártir de nuestro tiempo, asesinado en el momento más sublime que tiene el sacerdote como la celebración de la santa misa. Tuvo la gracia de unirse tan vitalmente al sacrificio de Cristo como había sido su vida. ¿Cómo vivo mi condición de profeta en el aquí y ahora? ¿Qué implicancias tiene el vivir y ser profeta en estos delicados tiempos?

 

PALABRA DE VIDA                                                                                                       

Jer 1, 4-5.17-19                 “Y tú ármate de valor, levántate, diles lo que yo te mando”.

Sal 70, 1-6.15.17 Mi boca, Señor, anunciará tu salvación.

1Cor 12, 31-13,13            “Pero la más grande de todas es el amor”.

Lc 4, 21-30                          “Ningún profeta es aceptado en su patria”.

                Del Libro del Profeta Jeremías 1, 4-5.17-19

                El profeta Jeremías se ubica en una época de cambios a nivel de los pueblos y de Israel que los vive de manera dramática y trágica. Se sitúa en la mitad del siglo VII antes de Cristo y concluye como parte de los desterrados a Babilonia en el año 586 a.C. Es el profeta del Antiguo Testamento más conocido. Inició su misión profética en el año 627 a.C. en que es llamado por Dios. Su vida queda marcada por lo trágico y conmovedor. Su inicio está teñido por la ilusión y el gozo con que vive la misión, pero ve surgir la resistencia pasiva al comienzo y luego activa y creciente de sus rivales entre los que cuentan autoridades, profetas y familiares. Jeremías va experimentando su vocación como un desgarro interior y necesita del consuelo esperanzador de Dios. Todo esto es necesario tenerlo en cuenta cuando leemos el texto de hoy de la primera lectura. Los dos primeros versículos del capítulo uno se refieren a la vocación de Jeremías (Jer 1, 4-10) y señalan que Dios irrumpe en la conciencia de una persona y le hace ver que es un llamado que se hunde en las profundidades antes de nacer. En el pensamiento divino ya fuimos pensados por Dios, antes de ser formados en el vientre materno. Así Jeremías toma conciencia de su vocación profética: consagrado a Dios y nombrado profeta de los pueblos. Por eso se dice que toda vocación es un misterio, del cual la persona a medida que crece va comprendiendo. Los tres últimos versículos (Jer 1, 17-19) enmarcan la vocación y misión de Jeremías: se tratará de una misión difícil porque deberá enfrentarse con todo el pueblo. Así resulta muy elocuente la advertencia: “No les tengas miedo” y la conclusión del texto: “Lucharán contra ti, pero no te vencerán, porque yo estoy contigo para librarte-oráculo del Señor-“(v. 19). Te sugiero que  leas Jer 1, 1-19 y así puedas comprender mejor tu propia experiencia vocacional.

                El salmo 70, 1-4.5-6.15.17 expresa los sentimientos de un anciano enfermo que suplica a Dios que no se olvide de él. Sin embargo, en lugar de quejarse por los males de la vejez que le aquejan, hace una profesión de fe, esperanza y fidelidad en el Señor. Sería bueno imitar este ejemplo de vida para no caer en la letanía de los males que padecemos.

                De la Primera Carta del apóstol San Pablo a los Corintios 12, 31 – 13, 13

                Es considerado por muchos como uno de los más impresionantes textos de la Sagrada Escritura. Se conoce como “Himno de la Caridad” o simplemente como “Himno del amor cristiano”. Ha venido hablándonos el Señor a través de esta carta de San Pablo por tres domingos, en una lectura continua: primero fue el tema de los carismas o dones espirituales que la Iglesia posee por obra del Espíritu Santo; luego nos ofreció la imagen del cuerpo humano en su diversidad de miembros y su unidad de un solo cuerpo, para referirlo a la Iglesia, cuerpo místico de Cristo; y ahora nos fascina con esta cumbre de la vida cristiana que es el amor divino. Es el super-carisma. “Aspiren a los dones más valiosos”, dice el Apóstol, “y ahora les indicaré un camino mucho mejor” (v.31). Y se abre el capítulo 13 como un torrente lírico para cantar al amor. Aquí Pablo  usa el término griego “ágape” y no a los más comunes de “eros” o “philía”, para resaltar que se trata del amor que el Espíritu de Dios, el Espíritu de Cristo, infunde en el cristiano y la cristiana. Puede haber aspectos en que se toca el amor cristiano con los otros amores humanos, pero el origen y finalidad del “ágape” trasciende y supera a todos. Podemos comparar este Himno del Amor Cristiano con Jn 15, 12-17, el discurso de despedida de Jesús en la última cena y también la Primera Carta de San Juan.

                La palabra griega “ágape” se ha traducido, en el lenguaje cristiano, como “caridad”. Pero esta palabra se ha desgastado en nuestra cultura y ya no significa mucho. “Hacer la caridad” no es más que poner una moneda o dar alguna cosa a un pobre ocasionalmente. Hay que reconocer que  sí ha tenido fuerza extraordinaria en la vida de los santos que se distinguieron por una “vida de caridad evangélica” como San Pedro Nolasco, Santa Micaela, San Alberto Hurtado, por ejemplo. En el Himno de la Caridad se nos habla del amor como una actitud, compromiso y vida entera marcada por este don del Espíritu Santo. Si nos fijamos en el desarrollo interior de este Himno es claro que San Pablo descalifica y relativiza todo don humano, renuncia, esfuerzo y sacrificio que no esté inspirado en el amor-caridad (vv. 1-3). Luego propone el detalle práctico del amor y nos dice cómo es una persona animada por el amor (vv. 4-7). Y finalmente nos propone la plenitud del amor que nunca terminará (vv. 8-13), porque al final de cuentas, sólo quedará el amor que pusimos en la vida. Todo lo demás será chatarra inservible que, queramos o no, tenemos que dejar aquí. Sólo el amor permanece por la eternidad. Le recomiendo la lectura del capítulo IV de la exhortación apostólica sobre el amor en la familia del Papa Francisco.

                Del evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 4, 21-30

                Sin lugar a dudas estamos ante una situación de violento contraste . El domingo pasado concluía el evangelio: “Todos lo aprobaban, y estaban admirados por aquellas palabras de gracia que salían de su boca” (v.22). Era la espontánea reacción ante el impresionante anuncio de Jesús: “Hoy, en presencia de ustedes, se ha cumplido este pasaje de la Escritura” (v.21). Sin embargo, el “pero” no demoró en surgir. Decimos cuando algo bonito se echa de pronto a perder, “pelo en la leche”. Surgió la dificultad y fue creciendo hasta convertirse en actos de violencia contra el mismo que había sido aprobado con tanta euforia.

                ¿Qué cosa les provoca el rechazo hacia Jesús? Es la duda y se expresa en esta pregunta: “Pero, ¿no es éste el hijo de José?” Es evidente que no les cuadra la imagen de ese hombre de Nazaret que ha anunciado el cumplimiento de lo que ellos largamente han esperado. No puede ser. No pega con nuestra imagen de Dios y tampoco está vinculado a nuestras estructuras religiosas como el Templo, el Sacerdocio. La duda es si este hombre puede estar usurpando el lugar que sólo Dios y su Mesías puede ocupar. Es demasiado común este Jesús como para creerle. De la duda razonable se pasa a la indignación: “Al oírlo, todos en la sinagoga se indignaron” (v. 28).

                Jesús no se quedó callado. Su respuesta fue “al grano” como se dice. Les enrostra el rechazo que muchos otros han experimentado mediante el refrán “médico, sánate a ti mismo”, es decir, de eso que Ud. está hablándonos, mírese usted mismo y déjenos tranquilos. Haga lo que dicen que ha realizado en otras partes. Es una forma desafiante para descalificar la verdad.

                Pero lo que más les dolió fue el recuerdo de la historia de Israel al que alude Jesús: los profetas Elías y Eliseo que atendieron a personas paganas y no a israelitas, como fue el caso de la viuda de Sarepta en Sidón y al leproso Naamán el sirio. Jesús no hace más que recordar la constante de la historia: Jesús es rechazado porque no responde a los modelos que la mayoría se forja de un Mesías, enviado de Dios. Es demasiado humano, es como nosotros, pueden decir.

                El mensaje de este evangelio de hoy sirve para que el cristiano esté dispuesto a aceptar, con la fuerza de Jeremías y de Jesús, las consecuencias del rechazo que pertenece a la historia de la vocación y de la misión. Ni una ni la otra son caminos exitosos según el mundo; por el contrario, es inherente abrazar la cruz cada día para ser fieles a la llamada. Jesús acoge las consecuencias éticas de su propuesta, es honesto y veraz. No le quita el hombro a las exigencias de autenticidad y trasparencia que implica el cambio radical que está suscitando ya. Hermosísimo ejemplo de vida para tanto “cristiano a medias” o “católicos a su manera”.

                 Un saludo fraterno. Que el Señor los bendiga.                    Fr. Carlos A. Espinoza I., O. de M.   


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