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Solemne celebración de los 800 años de la Orden de la Merced en la Basílica de la Merced


En sus palabras fray Ricardo Morales invitó a que "En la alegría jubilar por estos 800 años seguir renovando nuestro sí al Señor, nuestro sí a Nuestra Madre que nunca dejo sola a Nolasco, por que queremos seguir siendo buena noticia de redención, de liberación".

“Dios nunca abandona a su pueblo. Esa certeza movilizó  a Pedro Nolasco,  esa certeza nos mueve a celebrar estos 800 años, la certeza que Dios que nunca abandona, por más que la injusticia y la opresión estén presente, la verdad, la misericordia de Dios se manifiesta siempre”, con estas palabras el superior provincial de los mercedarios, fray Ricardo Morales, animó el caminar mercedario en Chile en la celebración de los 800 años de la Orden de la Merced.

La eucaristía se celebró en la Basílica de la Merced y fue concelebrada por el Vicario de la zona centro, padre Francisco Llanca; el párroco de la Basílica, padre Mario Salas; por el padre Alberto Nahuelanca, párroco de la comunidad de San Francisco de la Alameda y fray Edgardo Arriagada, consejero provincial.

La solemne celebración contó con la participación de fieles de la comunidad de la Basílica, religiosas mercedarias y de distintas congregaciones que quisieron acompañar esta instancia de alegría y regocijo para nuestra Iglesia.

En su homilía el padre Ricardo nos recordó que “Dios ve, Dios escucha. Esto que podemos tenerlo muy claro todos, muchas veces frente a situaciones de esclavitud, de muerte, de pecado nos hace preguntarnos por qué Dios no actúa, por qué Dios no ve esta situación, por qué Dios no escucha el clamor de los vulnerables, de los más pequeños, de los oprimidos, de los cautivos. Como mercedarios tenemos la certeza y la convicción que Dios no permanece impávido, el Señor actúa y provoca esa acción liberadora, moviliza los corazones para llevar esa redención”.

Prosiguió en sus palabras “A veces contemplando estas situaciones de muerte y pecado y nos podemos desesperanzar, no obstante, tenemos que descubrir esta mirada, este oído de Dios que está siempre atento, Dios nunca deja solo, Dios nunca abandona a su pueblo. Esa certeza movilizó  a Pedro Nolasco,  esa certeza nos mueve a celebrar estos 800 años, la certeza que Dios que nunca abandona, por más que la injusticia y la opresión estén presente, la verdad, la misericordia de Dios se manifiesta siempre”.

Recordó el padre Ricardo el inicio de la Orden de la Merced, “Nuestra Orden surgió pobremente, tanto así que Nolasco debía mendigar.  La grandeza de Dios se manifiesta en la pequeñez humana en la sencillez y eso obra el milagro y permite dar testimonio de la verdad de Jesucristo, del evangelio liberador. Nolasco fue suscitando a muchos laicos quienes ayudaron en esta obra redentora y eso provocó una fuerza tan grande que cruzó continentes y mares para llevar la buena noticia de Jesús, noticia de redención noticia de liberación”.

La celebración de los 800 años no debe quedarse en un mirar hacia atrás, prosiguió el superior provincial, “Nuestra sencilla y humilde obra de anuncio del evangelio de redención permite llevar esperanza, alegría y fe. Eso nos pide el Señor, no quedarnos en una celebración que mira hacia atrás, sino que ser capaces de mirar el futuro. Nolasco  no es un hombre que se quedó contemplando el pasado de cautividad, sino que miro desde la certeza de la fe, desde la certeza que Dios actúa”.

Al finalizar fray Ricardo Morles se preguntó. “Qué llevó a Nolasco a fundar una comunidad como esta. No me cabe la menor duda que la certeza en su corazón de la acción de Dios. Solo cuando Pedro Nolasco se sintió mirado misericordiosamente, amado profundamente, liberado desde lo más profundo de su ser pudo anunciar la buena noticia que tenía en el corazón”.

Invitó a  los presentes, y a todos quienes participaban de la misa gracias a la transmisión de Radio María, a renovar el anuncio redentor, el anuncio liberador y “llevar alegría donde haya tristeza, llevar esperanza donde haya desesperanza, llevar bondad donde haya amargura. Porque nosotros hemos experimentado la redención que Cristo obró en mí la comunico desde mi sencillez”.

Al finalizar le eucaristía se vivió en los jardines de la Basílica  un compartir fraterno con todos los fieles que participaron de la celebración.

       


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