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13° Domingo durante el Año


El mensaje de esta hermosa página del evangelio de San Marcos nos es otro que el llamado a renovar nuestra adhesión personal de fe y amor a Jesús, quien tiene poder de devolvernos la vida que el pecado y la muerte pretenden arrebatarnos. Nosotros como las personas de este evangelio de hoy, necesitamos tener esa valentía y firmeza para seguir creyendo en Jesús como el sanador auténtico de nuestros males.

 “Niña, yo te lo ordeno, levántate”

                Seguimos tratando de hacer espacio a la Palabra de Dios en nuestra vida personal y en la comunidad eclesial de la que formamos parte. No es fácil hacerlo sobre todo cuando situaciones complejas como las que estamos viviendo tienden a copar todos los espacios no sólo noticiosos sino también humanos y cotidianos. Es tiempo de ensanchar  las miradas estrechas y eso sólo puede ser posible si la Palabra comienza a resonar dentro de nuestro interior. Es indispensable aprender a escucharla en actitud de fe y de confianza teniendo ante nuestros ojos el siempre bello ejemplo de María, la virgen oyente. Es el camino que nos puede conducir a la necesaria conversión del corazón. Con mucha razón nos advierte el Papa Francisco: “Sin esta mirada de fe todo lo que podamos decir y hacer caería en saco roto”. Desde la Palabra escuchada y orada podemos mirar el presente que nos aflige y apena. Nuestra fortaleza no está en las instituciones sino en las personas que creyendo en Cristo nos ayudan a encontrar camino de salida, de redención. No será fácil salir de este atolladero tan lamentable pero la fe inquebrantable en el poder del Señor muerto y resucitado nos volverá al camino de santidad y justicia, de amor y de verdad. Es Jesús que nos repite a nosotros: “La niña no está muerta, sino que duerme”. Y sólo Él es capaz de volvernos a la vida verdadera. Confiémonos y abramos las puertas de nuestra vida a su saludable presencia redentora. Así lo pedimos en la oración después de la comunión: “Que la víctima divina que hemos ofrecido y recibido nos llene de vida, Señor, para que, unidos a ti por el amor, demos frutos que permanezcan eternamente”.

PALABRA DE VIDA                                                                                        

Sab 1, 13 -15; 2, 23-24   “Dios no hizo la muerte ni goza destruyendo a los vivientes”.

 Sal 29, 2.4-6.11-13 Yo te glorifico, Señor, porque Tú me libraste.

2Cor 8, 7.9.13-15              “Ya conocen la generosidad de nuestro Señor Jesucristo que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros”. 

Mc 5, 21-43                        “Talitha qum – que significa: Chiquilla, te lo digo a ti, ¡levántate!”.

                Está servida la mesa del banquete de la Palabra. Venid a comer hasta saciar el hambre de vida verdadera, de vida inmortal y eterna. Jesús, Verbo del Padre, tiene la vida en abundancia y la regala a quienes se la piden. Creer en Él es abrir el camino para acceder a esa vida nueva que es él mismo. Y de vida eterna tenemos hambre y sed, nada de este mundo puede saciarnos. Abramos los oídos para que la Palabra entre en nosotros y, por el Espíritu Santo, vaya produciendo frutos de vida nueva. 

 

 

                Primera lectura                Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-24

                Estamos antes el último libro del Antiguo Testamento, escrito probablemente hacia los años 50  y 30 antes de Cristo. Fue redactado en griego, en la ciudad de Alejandría, convertida por ese entonces en gran centro cultural del mundo mediterráneo. Se trata de la gran ciudad de Egipto. No se conoce el nombre del autor de este magnífico libro pero se deja traslucir como un judío muy creyente y buen conocedor de las tradiciones de Israel, de su historia y de su patrimonio escrito. Igualmente se puede afirmar que conoce muy bien el ambiente cultural de Alejandría, especialmente ciertos aspectos de escritores griegos y específicamente de los estoicos. Este libro  pertenece al grupo de los llamados “Libros Sapienciales” del AT. Nos ofrece una visión altamente positiva de la vida y su clave es el tema de la sabiduría, pero el tema que cruza todo el libro es el de la justicia, ya que se dirige a los gobernantes del mundo. Desde el inicio del libro se perfila una dupla que permite desarrollar los temas: el sabio y el necio. Tres versículos pertenecen al capítulo 1 con los que comienza esta primera lectura de hoy. Son parte de la conclusión del capítulo y nos recuerdan algo sumamente actual y tan olvidado por nuestra “cultura laica” que se nos trata de imponer. En medio de “la cultura de la muerte”, como la llamó San Juan Pablo II, es fundamental “la cultura de la vida”. “Dios no hizo la muerte ni goza destruyendo a los vivientes” (v. 13) nos dice. En efecto, la muerte emerge como consecuencia de haber roto el vínculo con el Creador y Padre. La muerte es la paga que el hombre merece por su pecado o ruptura desobediente con su Creador. Dios nos ha regalado el don de la vida y nos ha permitido recuperarlo por su Hijo Jesucristo quien ofreció su vida por nosotros. Desgraciadamente predomina en el común de los mortales la idea que Dios es el malo, que castiga, que enferma, que aniquila al pobre hombre. “Las criaturas del mundo son saludables” (14) y por lo tanto están al servicio del hombre. Otra preciosa indicación para revisar nuestras concepciones pesimistas y trágicas que nos hacemos del mundo, de los demás y de nosotros mismos. “Porque la justicia es inmortal” (15). Es el clamor de los siglos que nadie puede acallar. Y sólo Dios gobierna con justicia y de ello son testigos los que trabajan y sufren por causa de ella. Los versículos 23-24 del capítulo 2 reafirman que Dios creó todas las cosas para la vida. “Pero por la envidia del diablo  entró la muerte en el mundo y los que pertenecen a él tienen que padecerla” concluye la primera lectura de hoy. La inmortalidad es la vida bienaventurada de los justos junto a Dios y no una simple supervivencia en la memoria de las generaciones humanas. ¿Hasta dónde comparto  estas convicciones centrales de un creyente cristiano? ¿Creo verdaderamente en Dios como el Señor de la vida, el dueño de la vida?

                Salmo 29, 2.4-6.11-13 es nuestra respuesta a la Palabra de Dios desde y con la misma Palabra que Dios nos ha regalado. La hacemos nuestra porque creemos que Dios ha hablado. Es un salmo de acción de gracias después de una grave enfermedad. Podemos descubrir los sentimientos del enfermo recuperado de una gravísima enfermedad. Es recomendable leerlo y meditarlo entero porque de lo que en él se dice, nos pasa también a nosotros.

 

                Segunda lectura               2Cor 8, 7.9.13-15

                Sigue San Pablo incentivando la colecta a favor de los pobres de la comunidad de Jerusalén. En nuestro texto de hoy, además de reconocer unas cuantas actitudes positivas de los corintios, les recuerda el ejemplo de Jesús “que siendo rico, se hizo pobre por nosotros para enriquecernos con su pobreza” (v. 9). El ejemplo de Jesús da sentido y actualidad a la caridad y solidaridad que sus discípulos estamos llamados a vivir como una “opción por los pobres”. Y porque Jesús es pobre, en el profundo sentido de esta actitud evangélica, es ejemplo para el discipulado cristiano; su pobreza es también notoria en el estilo de vida sencillo que lleva y en el servicio abierto y constante a los demás. Y, cuando la solidaridad es a fondo con los demás, entonces puede surgir la igualdad, no por decreto o ley sino por convicción que los que tienen más ayuden a superar la pobreza de los que tienen menos. Se ha distinguido una solidaridad de corte asistencialista y una solidaridad que promueve la superación de la pobreza o promociona al otro a superarse. El mensaje es muy actual y cuestionador invitándonos a renovar nuestra respuesta caritativa y solidaria.

                Evangelio            Mc 5, 21 – 43

                Se trata de dos sanaciones o curaciones de mujeres: una mujer que padecía hemorragias y una resurrección de la hija de Jairo. Nos llama la atención que tanto la mujer hacía doce años que padecía el mal y que la pequeña también tenía doce años de edad. El relato sigue el esquema típico de curaciones. Se enmarca en el relato de la resurrección de la hija de Jairo: así comienza el relato y al centro se intercala la curación de la mujer que padecía una enfermedad de largo tiempo, luego retoma la narración sobre la hija de Jairo, uno de los jefes de la sinagoga. Se describe el mal que aflige al enfermo como hemos dicho. Luego viene el encuentro con el taumaturgo Jesús de Nazaret, se señala lo instantáneo de la curación y la palabra de Jesús. ¿En qué hay que poner la atención? La novedad evangélica está, sobre todo, en las palabras de Jesús, porque ellas ponen al descubierto que Él es el Mesías que hace presente, con sus gestos y palabras, la salvación prometida  a los pobres. Se trata de dos milagros de Jesús. Jesús está abandonando Gerasa donde había hecho una curación de un endemoniado. Le suplican a Jesús los gerasenos que abandone su territorio. Así acontece y Jesús se traslada en la barca a la otra orilla. Se reúne mucha gente a la orilla del lago con él. En este ambiente comienzan a desarrollarse las acciones, tema de nuestra atención.

                “Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: “Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva” (vv. 22-23). Sin más, Jesús se pone en camino con el acongojado padre.  Este hombre representa a las autoridades religiosas de los judíos y se acerca a Jesús para suplicarle insistentemente que sane a su hijita que está agonizando. La sinagoga es la casa de oración de los judíos donde cada sábado se reunían a escuchar las Escrituras y comentarlas. Implícitamente este  y entonces recurre a Jesús con la convicción que él si puede sanar y conservar la vida de la pequeña. Es la misma certeza que tiene la mujer enferma por tantos años. En ambos necesitados hay que destacar la valentía con que recurren a Jesús. Y ambos transgreden la Ley al acercarse a Jesús, que las autoridades judías han rechazado de plano. A la mujer con su hemorragia de sangre le estaba prohibido por la Ley acercarse y tocar a otra persona. Y ella no sólo se acerca y toca el manto de Jesús sino que lo hace ocultamente. ¿Por qué lo hace? Dice el texto:

                “Porque pensaba: “Con sólo tocar su manto, quedaré sanada” (v.28). La mujer “Había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud y tocó su manto” (v.27). Hay una secreta convicción que al hacer esto obtendría su anhelada sanación: Jesús puede hacerlo y basta con tocar su manto. Así acontece. Jesús se da cuenta que una fuerza había salido de él y quiere saber quién le ha tocado. Parece ilógica la pregunta y los discípulos lo hacen notar: “Ves que la gente te está apretujando, y preguntas ¿quién te ha tocado?” (v. 31). Dice el evangelista: “La mujer, asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había  pasado, se acercó, se postró , ante él y le confesó toda la verdad” (v. 33). Retengamos la palabra de Jesús: “Hija, tu fe te ha sanado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad” ( v. 34). Sólo en la verdad se encuentra la auténtica sanación. Es una lección permanente para nosotros, una estupenda lección práctica de honestidad y rectitud. Jesús viene a sanar más allá de las estructuras religiosas, su mensaje y acción liberadora no se circunscriben a un grupo o raza. 

                 Jesús hace visible la fe de esta mujer y la felicita porque ha comprendido la fe como una fuerza de vida que le ha permitido superar esos doce años de muerte y marginación. La mujer con hemorragia no podía compartir la vida con los demás, quedaba marginada según la ley. Jesús la reintegra a la vida y a la comunidad, tal como hace con nosotros. Nuestro bautismo nos sanó del pecado y nos integró en el Pueblo de Dios, en su Iglesia.

                No temas, basta que tengas fe. Son las palabras de Jesús a Jairo que ya se entera que su hijita ha muerto. Se encamina a la casa donde hay ya un velatorio como se acostumbraba. “La muchacha no está muerta, sino dormida” (v.39) es la certeza de Jesús, motivo de burla. “Talitha qum – Chiquilla, te lo digo a ti, ¡levántate! (v.41). Mandato imperativo de Jesús que realiza el milagro de devolver la vida de la pequeña. La fe de Jairo y el amor de Jesús por la vida permiten a la chiquilla recuperar la vida, levantarse y caminar, signos de la libertad que Jesús nos recupera con su palabra y su acción sanadora.

                El mensaje de esta hermosa página del evangelio de San Marcos nos es otro que el llamado a renovar nuestra adhesión personal de fe y amor a Jesús, quien tiene poder de devolvernos la vida que el pecado y la muerte pretenden arrebatarnos. Nosotros como las personas de este evangelio de hoy, necesitamos tener esa valentía y firmeza para seguir creyendo en Jesús como el sanador auténtico de nuestros males.  

                Un saludo cordial y fraterno. Hablemos bien de Jesús con nuestras palabras y con nuestras obras para muchos más, escuchando y viendo, quieran también reemprender el camino de su evangelio liberador.                                                                                                                                                                                                                             Fr. Carlos A. Espinoza I. O. de M.


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