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Saludo del Superior Provincial en el día de Nuestra Madre de la Merced


"La figura de María de la Merced, no se entiende sin la realidad de la esclavitud y la falta de dignidad humana. Es la Virgen María, a la que llamamos fundadora, la que suscita en el corazón de los redentores el anhelo de hacerse cercano y agente de libertad, en el espíritu de su Hijo Jesús, que ha compartido nuestra naturaleza humana, liberándonos de la esclavitud del pecado".

                                                                Santiago, 24 de septiembre de 2017

 Estimados hermanos:

 En la solemnidad de Nuestra Madre de la Merced, quisiera hacerles llegar un fraterno saludo, en la alegría que significa para cada mercedario celebrar a la celestial Patrona.

La figura de María de la Merced, no se entiende sin la realidad de la esclavitud y la falta de dignidad humana. Es la Virgen María, a la que llamamos fundadora, la que suscita en el corazón de los redentores el anhelo de hacerse cercano y agente de libertad, en el espíritu de su Hijo Jesús, que ha compartido nuestra naturaleza humana, liberándonos de la esclavitud del pecado.

María de la Merced mueve el corazón de los redentores, por que no deja de preocuparse por la suerte de sus hijos, sobre todo, por aquellos que más sufren. Su corazón esta siempre unido al de Cristo, y desde esa unión comparte también el movimiento de amor y misericordia que moviliza a su Hijo Jesús.

Hermosamente un texto del Vaticano II nos ayuda a comprender la dimensión trascendente de la acción de la Virgen María en la vida de la Iglesia, en la especial preocupación de los que sufren, los cautivos.

“…la Santísima Virgen María, Reina de los Apóstoles, la cual, mientras llevaba en este mundo una vida igual que la de los demás, llena de preocupaciones familiares y de trabajos, estaba constantemente unida con su Hijo, cooperó de un modo singularísimo a la obra del Salvador; más ahora, asunta el cielo, cuida con amor maternal de los hermanos de su Hijo, que peregrinan todavía y se debaten entre peligros y angustias, hasta que sean conducidos a la patria feliz” (Apostolicam actuositatem, Nº4)

Es hermoso pensar que María Santísima vela y cuida por cada uno de sus hijos, que no descansará mientras alguno de ellos sufra a causa de alguna esclavitud. Y este “trabajo” de María ya lo preludia el libro del Génesis: “ Haré que haya enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya. Ella te pisará la cabeza mientras tú herirás su talón" (Gen 3, 15). María, generosamente asociada a la obra del Redentor , es la privilegiada triunfadora sobre la obra del mal, ella derriba y aplasta, y no deja de actuar en toda realidad de pecado y opresión.

La Virgen María, como redentora de cautivos, no sólo la podemos asociar, y con razón, a la obra que inspira a nuestro Padre Nolasco, de liberar cristianos de manos de musulmanes. Podemos y debemos ampliarla en la perspectiva que desarrollaba en los párrafos anteriores.  Es en toda la acción maternal de María, desde el pie de la cruz, donde nos recibe como hijos, que permite entender su labor de “redentora de cautivos”. Y María no solo contribuye a la obra de redención de su Hijo, sino que continúa impulsándonos a realizar obras de redención en favor de los oprimidos y marginados que están a nuestro lado.

¿Cómo experimento en mi vida el amor maternal de María de la Merced?, ¿A qué me impulsa ese amor redentor desde mi ser mercedario?. Preguntas que desde la vivencia personal, nos permiten dar una respuesta vinculante, a favor de los cautivos.

En este sentido, resultan iluminadoras las palabras de Xavier Pikasa, quien refiriéndose a la vinculación entre los mercedarios y la espiritualidad mariana señalaba lo siguiente: “…en el centro de su piedad mariana han descubierto, con Pedro Nolasco, que María sigue sufriendo con Jesús a favor de los oprimidos y cautivos, porque ha dado su sangre por ellos, desde el nacimiento de su hijo Jesús….Ella es con Jesús la memoria viva de las injusticias que destruyen a los hombres y mujeres de la tierra…está unida con los pobres y cautivos, impulsando la obra de redención.”

Tomo las palabras que el Papa Francisco dirigiera al último Capítulo General, en que de cara a los 800 años de la Orden nos invitaba a cada mercedario: “…no dejen de proclamar el año de gracia del Señor a todos aquellos a los que son enviados: a los perseguidos por causa de su fe y a los privados de libertad, a las víctimas de la trata y a los jóvenes de sus escuelas, a los que atienden en sus obras de misericordia y a los fieles de las parroquias y las misiones que les fueron encomendadas por la Iglesia”. Me atrevo a decir, que desde nuestra espiritualidad mariano-redentora, las palabras del Papa Francisco nos dan la necesaria concreción a todo el esfuerzo de la Orden por ser aquello que María quiere que seamos. Viene a mi memoria el sublime relato que nos hace el Padre Gaver en el año 1445, que más allá de lo histórico, nos permite reconstruir el contexto espiritual de la obra de la Merced.

Nolasco: ¿Quién eres tú, que a mí, un indigno siervo, pides que realice obra tan difícil, de tan gran caridad, que es grata Dios y meritoria para mi?

María: Yo soy María, aquella en cuyo vientre asumió la carne el Hijo de Dios, tomándola de mi sangre purísima, para reconciliación del género humano. Soy aquella a la que dijo Simeón cuando ofrecí mi Hijo en el templo: “Mira que éste ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel; ha sido puesto como signo de contradicción: y a ti misma una espada vendrá a atravesarte por el alma”.

Nolasco: ¡Oh Virgen María, madre de gracia, madre de misericordia! ¿Quién podrá creer (que tú me mandas)?

María: No dudes en nada, porque es voluntad de Dios que se funde una orden de ese tipo en honor mío.

Será una orden cuyos hermanos y profesos, a imitación de mi hijo Jesucristo, estarán puestos para ruina y redención de muchos en Israel (es decir, entre los cristianos) y serán signo de contradicción para muchos.” (Speculum fratrum, Nadal Gaver, 1445).

 

Apreciados hermanos, en este día en que celebramos a nuestra Madre, que ella la redentora de cautivos, la “memoria viva de las injusticias que destruyen a los hombres”, sea camino y estímulo de libertad, de gozo y esperanza para nuestra comunidad; que podamos, en el regazo materno de la Virgen, descubrir a los que siguen sufriendo toda injusticia e indignidad; que desde nuestras limitaciones y pobrezas, logremos, con la gracia de Dios, seguir siendo merced de Dios para tantos que siguen esperando la visita que anima y redime.

Un feliz y celebrado día junto a sus comunidades, encomendándome a sus oraciones.

En Cristo,

 

R. P.  Fr. Ricardo Basilio Morales Galindo O. de M.

Provincial


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