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21° Domingo durante el año. Comentario del Evangelio


“Pues yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra construiré mi Iglesia”. Mt 16, 18.

21° DOMINGO DURANTE EL AÑO (A)

SIGUIENDO LAS HUELLAS DE CRISTO REDENTOR

“Desde una antropología que pone al centro de la convivencia social, el derecho a la vida y el respeto de la dignidad de cada individuo de la especie humana, resulta incomprensible a la razón que se haya tomado tal decisión”, es decir, “la del Tribunal Constitucional que ha estimado que la despenalización del aborto en tres causales no contraviene la Carta Fundamental que consagra el derecho a la vida del que está por nacer”. “Al mismo tiempo, desde la fe que profesa una parte importante de la sociedad chilena, la resolución que acaba de ser adoptada y que declara conforme con la Constitución el proyecto de ley de aborto, ofende a la conciencia y al bien común de los ciudadanos. La sociedad entera es la que pierde al legalizarse el aborto en Chile, aunque sea bajo ciertas condiciones. Estamos frente a una nueva situación en la que algunos seres humanos que están por nacer quedan desprotegidos por el Estado en este básico y fundamental derecho”. Así se expresan los obispos del Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile en la Declaración Siempre al servicio de las personas y la vida, del lunes 21 de agosto de 2017. Ciertamente no estamos alegres como ese grupo de mujeres que, ¡oh contradicción! celebraron como si se tratara de una conquista, cuando en verdad es una penosa derrota de tantos seres que, gracias a los legisladores, aunque no todos, no verán la luz del día. Es tiempo de reafirmar el valor de la vida y de la persona humana, aunque una ley humana lo desconozca y apruebe el crimen horrendo de matar a un indefenso ser humano en el vientre de su madre. San Ramón Nonato sigue intercediendo ante el Dios de la Vida por tantas madres que acogen el regalo de un hijo como un don de Dios y lo rodean de cariño para que crezca.

Textos

Is 22, 19-23         “Lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá”.

Sal 137, 1-3.6.8                 Tu amor es eterno, Señor. 

Rom 11,33-36    “¡Qué insondables sus decisiones, qué incomprensibles sus caminos!”

Mt 16, 13-20      “Pues yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra construiré mi Iglesia”.

                Para muchas personas Jesús aparece como uno de los hombres decisivos que existieron en la humanidad. Muchos se acercan a Jesús, por decirlo así, desde fuera. Grandes estudiosos reconocen su talla espiritual y moral y su influjo en la historia de la humanidad pero no llegan a reconocerlo en su unicidad. Lo que atrae de Jesús es lo humano pero reconocerlo como Hijo unigénito de Dios parece alejarlo de nosotros. La separación entre Jesús y Cristo es, a la vez, separación entre Jesús e Iglesia. “Es necesario que los cristianos experimenten que no siguen a un personaje de la historia pasada, sino a Cristo vivo, presente en el hoy y el ahora de sus vidas. Él es el Viviente que camina a nuestro lado, descubriéndonos el sentido de los acontecimientos, del dolor y de la muerte, de la alegría y de la fiesta, entrando en nuestras casas y permaneciendo en ellas, alimentándonos con el Pan que da la vida”, decía Benedicto XVI en el discurso de apertura de Aparecida en mayo de 2007. Abramos nuestra vida a tan hermosa Buena Nueva y Cristo la irá transformando con el poder de su Espíritu.

                Primera lectura: Is 22, 19-23

                Estamos ante un oráculo que podemos ubicarlo después de la liberación de Jerusalén en el año 701 a. de C. que pone fin a la campaña victoriosa de Senaquerib. El texto trata de la sustitución del mayordomo del rey Ezequías que gobernó entre los años 716 a 687 a. de C. El nombre del mayordomo es Sobná que, animado de su aire de grandeza, se dedica a construirse un mausoleo en lo alto. Tal proyecto no es del agrado de Dios y entonces, a través del profeta, que no ve con buenos ojos que un extranjero ocupe tan importante cargo, le comunica que lo echará del cargo. En su lugar, se anuncia que Dios pondrá a un israelita dotado de poderes para gobernar a los habitantes de Jerusalén y del pueblo de Judá. Se trata de un mayordomo mayor que está a cargo, cuidado y gobierno de la casa del rey. El traspaso de poderes se simboliza en la entrega de las llaves con las cuales se permite abrir y cerrar la puerta. Quien recibe o tiene las llaves tiene la autoridad y el dominio sobre lo que se le encomienda a su cuidado. Tengamos presente este simbolismo para comprender el evangelio de hoy cuando Jesús entrega a Pedro “las llaves del reino de los cielos”. Las palabras de los versículos 22 y 23 se aplican al Mesías según Apocalipsis 3,7 y Jesús las dirige a Pedro en Mt 16, 19. Así en la Escritura descubrimos una admirable unidad en el plan divino de la salvación.

                Segunda lectura: Rom 11, 33-36

                Son los versículos finales del capítulo 11 de la Carta a los Romanos. San Pablo pone fin a su reflexión acerca de la conversión de su pueblo Israel que inició en el versículo 25. Si recordamos el domingo pasado, la segunda lectura concluía con esta sentencia: “Porque Dios ha encerrado a todos en la desobediencia para apiadarse de todos” (v.32). Tantos judíos como paganos han vivido en la desobediencia a Dios, nadie tiene méritos para ganarse la salvación. De este modo todo, judíos y paganos, han experimentado la misericordia infinita de Dios que nos ha perdonado en Cristo. Y esto constituye el secreto más grande de la salvación. En la continuación de este texto, nos encontramos con la respuesta humana, la única posible, ante el misterio de salvación: la admiración, el reconocimiento y la alabanza. Sin la capacidad de admiración o asombro, el creyente se debate en especulaciones y pensamientos o reflexiones que secan el espíritu. La capacidad de asombro tiñe la fe de belleza, y Dios es un misterio bellísimo. Hemos perdido esta capacidad de admiración y nos hemos empobrecido, porque también la vida humana requiere de este aspecto. Sin admiración, la vida se convierte en cumplimiento y monotonía. Con San Pablo podemos también nosotros decir: “¡Qué profunda es la riqueza, la sabiduría y prudencia de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones, qué incomprensibles sus caminos!”(v.33). La oración, la Palabra, la vida misma son espacios estupendos para asombrarse de la obra de Dios con nosotros. Otro aspecto infaltable en la vida creyente es el reconocimiento humilde y sincero que Dios es maravilloso y sus planes sapientísimos. También es muy saludable el reconocimiento del otro y de los demás. El reconocimiento se formula en preguntas: “¿Quién conoce la mente de Dios? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le dio primero para recibir en cambio? (vv.34-35). Son tan necesarias las preguntas porque ellas nos abren al misterio. Sin preguntas es difícil aprender. Y a Dios lo conocemos mediante nuestras preguntas formuladas con amor. Y finalmente, la alabanza como una profesión de fe: “De él, por él, para él existe todo. A él la gloria por los siglos, Amén” (v.36). Todo nos lleva a Dios y en Dios todo tiene sentido.

                Evangelio según San Mateo 16,13 - 20  

                No cabe duda que la confesión de fe de Pedro y la transfiguración son dos hitos muy significativos en el camino de Jesús. Todo se abre con la doble pregunta que Jesús dirige a los discípulos acerca de lo que la gente dice y de lo que ellos mismos piensan de Él. El relato aparece en los tres evangelios sinópticos: Mc 8, 27-30; Mt 16, 13-20; Lc 9, 18-21. En los tres evangelios, Pedro contesta en nombre de los Doce con una afirmación que se aleja de lo que piensa la gente acerca de Jesús. El tema de fondo de las preguntas es la identidad de Jesús. También en los tres evangelios sigue a la confesión de fe de Pedro el primer anuncio de su pasión, muerte y resurrección, más una invitación a seguirle a Él por la senda del Crucificado.

                Tres elementos que no se pueden separar están presentes en el relato de Mateo: la confesión de fe de Pedro no se puede entender sino en relación con el anuncio de la pasión y las palabras acerca del seguimiento que Jesús les propone. Porque Jesús no logró convencer a los jefes de Israel y tuvo que aceptar el rechazo no sólo de los jefes sino también la incomprensión del pueblo y el aparente fracaso de su misión, lo que contrasta con unos auspiciosos inicios de un triunfo inicial de su ministerio. Este es el clima espiritual que rodea las dos preguntas acerca de su identidad que Jesús dirige a los suyos. Estamos, por tanto, ante una cuestión vital. Jesús necesita saber qué piensa la gente y qué es lo que piensan sus discípulos, que es lo mismo qué piensan los de fuera y los de dentro. Sólo así queda al descubierto si su misión trae el Reino de Dios y si responde a lo que Dios quiere de Él, es decir, Jesús duda si el camino seguido hasta ahora es el adecuado. Este pasaje evangélico tiene así una doble función: reafirmar a Jesús en su misión y confirmar a los discípulos en su seguimiento.

                El relato de San Mateo amplía el relato de Marcos 8, 27-30, señalando que Jesús es el “Hijo de Dios” y el encargo confiado a Pedro. Así el relato de Mateo permite a sus lectores como nosotros no centrar tanto la atención en Jesús, como en el relato de Marcos, sino en la Iglesia, el nuevo Israel, que Jesús convoca en torno a Pedro. Esto último se comprende ante el fracaso de la misión dirigida a Israel, que no se convierte ni lo acoge como Mesías verdadero, y Jesús convoca y forma el nuevo pueblo de Dios, la Iglesia.

                La doble pregunta de Jesús permite distinguir claramente la diferencia de opiniones de la gente y la de los discípulos a quienes representa Pedro y con ellos reconoce que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios. Estos dos títulos resumen la fe de la Iglesia de Mateo. De este modo no es suficiente decir que Jesús es el Mesías esperado por Israel; hay que agregar que es “el Hijo de Dios”, lo que es completamente coherente con la primera parte del evangelio de Mt 1 – 4,6. Si Jesús es sólo el Mesías, su comprensión puede quedar envuelta en el mundo de las expectativas de un mesianismo político social. La fuerza de su mesianismo está en su condición de Hijo de Dios, su divinidad. Y hoy estamos envueltos en una acentuación casi única de Jesús histórico con quien se avienen las tendencias actuales que buscan sacudirse de cualquier modo de todo lo que implique exigencias. Y un Jesús humano queda al nivel de toda otra autoridad puramente humana. Hoy se prefiere a Jesús y no a Cristo, a Jesús pero sin Iglesia. Molesta el que sea Hijo de Dios y estorba la Iglesia.

                A la confesión de fe de Pedro, Jesús responde con una palabra de felicitación y un encargo muy especial de cara a la Iglesia. Según esto, Pedro es dichoso porque el Padre le ha revelado el misterio de reconocerle como Mesías e Hijo de Dios; y le confía la misión de ser la roca, sobre la que se asentará su Iglesia, reunida en torno a los discípulos. El cambio de nombre donde Cefas es roca describe la tarea que Jesús le encomienda: ser roca firme para que la Iglesia no sucumba ante las dificultades. Para ello le entrega “las llaves del reino de los cielos” y le confiere el poder de “atar y desatar”. Pedro aparece como el mayordomo supremo, en la línea de la primera lectura de hoy de Is 22, 19-23. El “atar y desatar” designaba, entre los judíos, la potestad de interpretar la ley de Moisés con autoridad. Así Jesús nombra a Pedro mayordomo y supervisor de su Iglesia con autoridad para interpretar la ley según las palabras de Jesús y adaptarla a nuevas necesidades y situaciones.

                El evangelio de hoy contiene numerosas expresiones arameas tales como “el poder del abismo”, “las llaves del reino de los cielos”, “atar y desatar” lo que habla a favor de la antigüedad del texto. Mateo interpreta fielmente el deseo de Jesús de reunir una comunidad de discípulos, y la primacía de Pedro dentro de dicho grupo. El texto ha animado una amplia discusión entre católicos y evangélicos sobre la cuestión del papado. La tradición católica sostiene que las palabras de Jesús se aplican tanto a Pedro como a sus sucesores, los Papas, todos ellos llamados a presidir a los hermanos en la fe y en el amor.

                Renovemos nuestra sincera adhesión al sucesor de Pedro, el Papa Francisco, y oremos por su visita pastoral a Chile en enero del 2018.

                No olvide que el jueves 31 de agosto celebramos la fiesta de San Ramón Nonato, Patrono de las madres gestantes. La bendición de las madres que esperan a su hijo y se encomiendan al Santo Mercedario para tener un parto normal y la salud tanto para la madre como para el hijo.          

     El Señor nos bendiga con su gracia y su paz.        Fr. Carlos A. Espinoza I., O. de M.    


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