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32° Domingo durante el año. Comentario del Evangelio


El evangelio de San Mateo nos pone en contacto con uno de los hermosos capítulos, el 25, que este domingo comentaremos en sus primeros versículos 1-13 sobre la exclusiva parábola de Mateo de las diez jóvenes.

32° DOMINGO DURANTE EL AÑO (A)

¡Cristo Redentor! Enséñanos a esperar tu Venida

                Para una Iglesia en camino, en medio de las gentes de este siglo XXI, es imperativo que la Palabra de Dios ocupe el centro de su vida y de su misión. Esto es válido para todos los reunidos en comunidades más pequeñas, cristianos y cristianas “a pie descalzo” con la ilusión latente de seguir las huellas de Jesús, nuestro Redentor. Y cuando la Palabra va ocupando el centro del corazón y no sólo de la mente, el creyente aprende a gustar la belleza del camino que el Señor nos ofrece y para el cual nos ha llamado. Dejarnos interpelar por la Palabra de Dios hace un bien enorme a nuestro espíritu y nos va abriendo la posibilidad de acrecentar, en el día a día, esa amistad  y cercanía con el Señor que viene a nuestro encuentro siempre. No tengamos miedo a entrar en este coloquio con la Palabra de Dios; nos ayudará a ponerla en práctica y a gustar cuán bueno es el Señor. Este hallazgo de la Palabra constituye el verdadero camino de renovación de nuestra Iglesia y de nuestras comunidades. No basta con una vida ascética o devota, porque esto nos puede dejar en el encierro de nuestro yo; la Palabra tiene fuerza para desplegar en nosotros las potencialidades de una vida fraterna y solidaria que sea evangelizadora, es decir, capaz de mostrar el evangelio del Reino con certeza y convicción. Este comentario dominical no tiene otra intención que ayudar a la profundización de la Palabra de Dios para que así produzca muchos frutos de vida nueva.

PALABRA DE DIOS PARA HOY

Sab 6, 12-16       “La Sabiduría es luminosa y eterna…Y los que la buscan, la encuentran”  

 Sal 62, 2-8        Mi alma tiene sed de ti, Señor.

 1Tes 4, 13-18     “Y así permaneceremos con el Señor para siempre”.

Mt 25, 1-13         “Ya viene el esposo, salgan a su encuentro”.

                Los últimos domingos de este año litúrgico nos invitan a reflexionar sobre los acontecimientos finales de la vida humana y de la historia como son la muerte, la segunda venida de Cristo, el juicio. Tras el lenguaje de las parábolas se esconde una invitación esperanzada a vivir el día a día de nuestro presente con la mirada puesta en ese encuentro definitivo con el Señor, encuentro que nos ha de hallar siempre preparados. Dejemos que el Espíritu Santo nos guíe en esta “lectura orante de la Palabra de Dios” y renovemos nuestra esperanza cristiana. Nos hace mucha falta ser “testigos de la esperanza” en medio de un mundo desesperanzado.

                La primera lectura de hoy está tomada del Libro de la Sabiduría y nos propone de manera más explícita la idea de cómo se encuentra la sabiduría en esta sección de Sab 6, 12-25. El texto de esta primera lectura se refiere a los versículos 12-16 y pertenece a la primera parte de dicha sección; en estos  versículos  se nos presenta a la Sabiduría como una persona, resaltando que ella sale al encuentro de quienes la buscan. En efecto, la Sabiduría aparece como una figura femenina que sale al paso de quienes la buscan y anhelan su cercanía. Nada sacaríamos con anhelar la sabiduría si no hubiera manera de encontrarla, pero es ella misma la que hace posible este encuentro: “La Sabiduría es luminosa y eterna, la ven sin dificultad los que la aman, y los que van buscándola, la encuentran” (v. 12). La Sabiduría es una creación de Dios y como tal participa de la condición esencial de Dios como es la luz y la eternidad. Está al alcance de quienes la buscan porque “ella misma se da a conocer a los que la desean” (v.13). Es indispensable que quienes gobiernan o enseñan a los demás la busquen ya que ella otorga prudencia, virtud clave de un hombre justo. El autor la representa aquí como una persona “sentada a la puerta”, libra de preocupaciones a quien se desvela por encontrarla y “ella misma va de un lado a otro buscando a los que la merecen, los aborda benigna por los caminos y les sale al paso en todo proyecto”(v. 16). Es interesante este aspecto dinámico de la sabiduría misma que activamente va al encuentro del hombre. “Dame, Señor, la sabiduría que de ti procede”, dijo Salomón en su oración de súplica y Dios lo premió dándosela junto a otros bienes que no había pedido. Nosotros tenemos que también pedir la sabiduría, don del Espíritu Santo, que nos permite conocer los caminos por donde Dios quiere llevarnos. Nuestra sabiduría humana no alcanza a percibir la voluntad de Dios y por eso necesitamos pedir la sabiduría divina, la del Espíritu del Resucitado.

                La segunda lectura está tomada de la primera carta de San Pablo a los Tesalonicenses. El texto se refiere a la venida del Señor, este tema que no dejaba de inquietar a los cristianos de la primera generación. El tema está presente a lo largo de esta carta pero en el presente texto, Pablo quiere abordarlo aquí y responder a las dudas de los tesalonicenses. Pero  más que tratarse de días o fechas de la próxima venida del Señor, San Pablo plantea la dimensión escatológica del evangelio como un aspecto fundamental. Se trata del dinamismo transformador de la esperanza cristiana: la Venida del Señor es siempre inminente y esto lleva a cultivar las actitudes de expectación, firmeza y vigilancia. Si se enfría esta dimensión de la esperanza cristiana, la vida cristiana pierde su empuje transformador y se acomoda a este mundo, quitándole la urgencia a la conversión al evangelio. Pablo contagió a sus comunidades acerca de esta inminente venida de Cristo; cuando han pasado vente años desde la muerte – resurrección de Cristo, los tesalonicenses se inquietan por la situación de los cristianos que han muerto ya, sin ver la segunda venida. La respuesta de Pablo es: “Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, de la misma manera Dios, llevará con Jesús, a los que murieron con él” (v. 14). Ciertamente la tristeza “como los demás que no tienen esperanza” es incompatible con nuestra esperanza en Cristo porque también los que han muerto irán al encuentro con el Señor antes que los que estén todavía vivos para la venida de Cristo. El gran objetivo de la esperanza cristiana es vivir para siempre con Dios, quien llevará con Jesús a los que murieron con él “y así estaremos siempre con el Señor” (v. 17). La esperanza cristiana no es identificable con la ilusión o sueños humanos. Es abrirse a ese encuentro definitivo con Dios en Cristo, el que esperamos que nuestros hermanos y hermanas que nos han precedido en la fe ya estén gozando de esa comunión eterna.

                El evangelio de San Mateo nos pone en contacto con uno de los hermosos capítulos, el 25, que este domingo comentaremos en sus primeros versículos 1-13 sobre la exclusiva parábola de Mateo de las diez jóvenes. El capítulo se completa con la también famosa parábola de los talentos (Mt 25, 14 – 30) que leeremos el próximo domingo 19 de noviembre,  y el magnífico discurso conocido como el juicio de las naciones (Mt 25, 31 – 46) que escucharemos en la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. Estos tres domingos del final de nuestro año litúrgico nos ocuparemos de Mateo 25.

                La parábola de las diez jóvenes o de las diez muchachas se refiere a la segunda venida de Jesús o parusía. Es una descripción de quienes viven entre la resurrección del Señor y la segunda venida, que es el tiempo en que estamos nosotros, esta etapa intermedia. Vivimos en la esperanza, entre el “ahora sí” de la resurrección y el “todavía no” de la segunda venida. El reino de los cielos es el centro de la parábola, no las diez jóvenes, sino la celebración del banquete de bodas. Y como éste es tan importante, el centro del mensaje es el tema de la preparación.

                Hay dos hechos que destacar: el atraso del novio, sin el cual no puede iniciarse el banquete y el sueño de las que lo esperan, las muchachas. Todas se durmieron, las cinco necias y las cinco preparadas; la insensatez de las primeras no es el que se hayan quedado dormidas sino el que no iban preparadas para su misión como era la espera del novio. No contaron con el posible retraso de éste y por lo tanto no tuvieron el aceite suficiente. La negativa de las jóvenes prudentes de no compartirles de su aceite es un rasgo que quiere llamarnos la atención sobre la preparación requerida para entrar al banquete del reino, que es personal e insustituible. No sirve apoyarse en la fidelidad de otro, es un asunto intransferible y cada uno debe asumir esta responsabilidad de estar preparado siempre, a la hora que sea.

                En cuanto a la respuesta que da el novio a la insistente llamada de las necias: “Les aseguro que no las conozco” (v. 12) hay que decir que se refiere a los fieles que están en la comunidad pero carecen de una auténtica entrega y por lo mismo no están preparados para compartir el banquete de bodas. Así no basta con estar dentro de la comunidad para ser admitidos en el reino; es necesario vivir lo que se cree que es lo mismo que “vestir el traje para el banquete”.

                La parábola concluye con una advertencia: “Por tanto, estén atentos, porque no conocen ni el día ni la hora” (v. 13). Esta advertencia es también para nosotros, para que permanezcamos constantemente fieles y entregados para poner en práctica las enseñanzas de Jesús. Esta invitación se justifica cuando la comunidad de Mateo y todas las siguientes comunidades que aguardan la segunda venida de Cristo, pero como no acontece con la prontitud deseada, se empiezan a dar síntomas de cansancio, apatía y rutina. No está nunca del todo exenta la comunidad cristiana de caer en ese estado espiritual decadente y sombrío. La parábola lo expresa a través de las cinco jóvenes necias que se quedan fuera por falta de preparación para el banquete del reino de los cielos.

                El lector de esta parábola es invitado a reflexionar con cuál de los dos grupos de estas jóvenes se identifica, si con las necias o las prudentes. Ciertamente la actitud cristiana correcta está representada por las segundas, las llamadas prudentes o precavidas. Respecto a las necias hay que entender su dificultad desde aquella enseñanza del sermón de la montaña: no basta con decir “Señor, Señor” para entrar en el reino sino es fundamental “llevar a la práctica la Palabra de Dios”. Aquí en la parábola las necias dicen: “señor, señor, ábrenos” (v. 11). Y no se  les abre porque no están preparadas. Esto sucederá también si la venida del Señor nos sorprende sin preparación, sin compromiso en serio.

                En conclusión, la única actitud  acertada ante la Segunda Venida de Cristo es disponerse a ella mediante la vigilancia activa. Al discípulo no le basta esperar al Señor que viene; tiene que estar preparado, lo que no se puede improvisar ni pedir prestado a otro. No se puede cumplir la voluntad de Dios en lugar de otro como nadie puede amar por ti. Es el compromiso absolutamente personal  y de responsabilidad intransferible. Así de serio y grave es el llamado de este hermoso evangelio de este domingo.

                Acojamos esta invitación urgente del Señor frente al peligro de dejarnos domesticar y dominar por un mundo materialista que ha perdido rumbo trascendente y nada espera que valga la pena. “Despierta, tú que duermes” nos dice un salmo. Vivamos como resucitados que esperan a su Señor día y noche hasta que vuelva.

                Un saludo fraterno y que el Señor nos bendiga. No olvide que estamos rezando el Mes de María, tiempo de gracia especial que se nos concede cada año en noviembre.                                                     Fr. Carlos A. Espinoza I., O. de M.     


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